sábado, 28 de marzo de 2020

CARTA DECIMOTERCERA o DE CUÁNTO, CÓMO Y HASTA CUÁNDO PARAR


CARTA DECIMOTERCERA o

DE CUÁNTO, CÓMO Y HASTA CUÁNDO PARAR






Sábado, 28 de Marzo.
Estos días teníamos un debate sobre la pertinencia del confinamiento total y de suprimir todas las actividades no esenciales. El debate venía lo mismo de la derecha en Murcia, que de la izquierda en Euskadi o del gobierno catalán. A mi juicio plantear este asunto como un dilema plano entre dos bienes en conflicto, salud pública versus actividad económica, era falso e inútil. Así planteado todos nos inclinamos por el valor de salud y la vida. Fin de la discusión. Primum vivere et deinde lo que sea.

Alguno parecía ver a los empresarios o a los ministros a los que les toca gestionar el caos, en los colores que Dickens empleó para describir a su famoso personaje anti navideño:

¡Ay, pero qué agarrado era aquel Scrooge! ¡Viejo pecador avariento que extorsionaba, tergiversaba, usurpaba, rebañaba, apresaba! Duro y agudo como un pedernal al que ningún eslabón logró jamás sacar una chispa de generosidad; era secreto, reprimido y solitario como una ostra. La frialdad que tenía dentro había congelado sus viejas facciones y afilaba su nariz puntiaguda, acartonaba sus mejillas, daba rigidez a su porte; había enrojecido sus ojos, azulado sus finos labios; esa frialdad se percibía claramente en su voz raspante. Había escarcha canosa en su cabeza, cejas y tenso mentón. Siempre llevaba consigo su gélida temperatura; él hacía que su despacho estuviese helado en los días más calurosos del verano, y en Navidad no se deshelaba ni un grado”.



Pero esto no es una película de buenos y malos. No es un dilema de salud frente a economía o política. No se trata de protagonismos entre gobierno y oposición. No se trata de rivalidades territoriales. El dilema real ante el que nos encontramos es más complejo. Se trata de cómo garantizar el máximo de salud pública, presente y futura, al tiempo que mantenemos en lo posible una actividad económica compatible con esa prioridad, salvaguardando la seguridad en cada sector y puesto de trabajo. Este dilema no se puede resolver con un eslogan simple.

Es un debate ciudadano importante sobre el que caben legítimas opiniones en uno y otro sentido. Pero precisamente por ser un debate importante deberíamos evitar su politización y el abuso de algunas formas altisonantes, demasiado seguras de su verdad y de su pretendida superioridad moral que parecen decirte que los que no opinan como yo anteponen las sucias ganancias empresariales o los sucios intereses políticos por encima del valor de la vida y la salud. Así planteado el debate no sólo pierde su interés, sino incluso en algunos extremos pierden hasta su decencia moral e intelectual, como en el caso de quienes afirman estos días en redes que los muertos futuros serían responsabilidad de quienes no toman las medidas de cierre total o la de quienes acusan a los periodistas que no les dan la razón de vendidos al capital o al poder. Pero precisamente porque se trata de un debate importante sería necesario reconsiderarlo prescindiendo de los excesos de algunos de sus proponentes.

Según escribo esto el presidente Sánchez ha resulto parte de este debate, en términos macro y a nivel estatal acorde con la situación y necesidades del conjunto de España, con la orden de que “los trabajadores de actividades no esenciales deberán quedarse en casa”. Pero aún así el debate sigue teniendo sentido.

Se han presentado estos días decenas de miles de expedientes de regulación de empleo que afectan a cientos de miles de personas. La actividad de las empresas podría haber caído en ciertos territorios un 50% o más (pensamos en el turismo, por poner un ejemplo). Si aumentamos estas cifras, si perdemos más empresas y empleos, si nos empobrecemos más, ¿quién va a pagar la sanidad pública y las prestaciones a desempleados, dependientes y mayores en un futuro con necesidades sociales que van a crecer? Mantener la máxima actividad posible es un requisito necesario para proteger el gasto público social, incluida la sanidad pública del presente y del futuro. Ningún boletín, por muy inteligente que sea su redacción, puede saltarse esa realidad.

Por supuesto que la salud pública es la prioridad, eso lo sabemos todos. Pero estamos ante un dilema de complejidad endiablada que hay que resolver día a día, según la información nueva nos obliga a adaptar o rectificar nuestras decisiones previas, a reforzar esta media concreta y aflojar aquella otra tras específico estudio. A algunos les gustaría que la realidad fuera lineal como una ecuación de secundaria, pero la realidad compleja se nos resiste a la simplificación.

¿Tenemos que paralizar totalmente la economía? Sánchez ha dado una respuesta para las dos próximas semana que debemos con lealtad y responsabilidad cumplir con absoluto rigor y disciplina. Pero sospecho que, dentro del marco de las medidas que se aprueban hoy domingo, habrá margen para, según cada caso, cada sector, cada puesto concreto, según la evolución de la pandemia, el comportamiento social general, las condiciones más diversas y las variables más impredecibles, internas y externas, seguir tomando las decisiones que permitan mantener todo el pulso vital posible de nuestra economía productiva.

No sabemos cómo evolucionará la pandemia. No parece que estemos aún aplanando la curva, pero tal vez haya algunos datos que permiten lecturas esperanzadoras al menos en algunos territorios. Tal vez, no lo sé, sea el momento de parafrasear a Churchill y decir que esto no es el fin, ni siquiera el principio del fin, pero quizá sí el fin del principio de la lucha contra el coronavirus en algunos lugares.

Yo camino por el pasillo y doy vueltas a la mesa como buey en película de egipcios, pero este verano confío en poder correr dos o tres medias maratones. A la economía le tocará muy pronto correr muchas maratones enteras, o incluso dobles o triples, si queremos mantener el empleo y no recortar demasiado la sanidad pública y las prestaciones sociales. Sólo lo podremos hacer si acertamos cada día, en cada decisión, a encarar este dilema con visión de futuro y con conciencia de complejidad, responsabilidad, disciplina y lealtad.

Hoy toca una lectura breve: ¡El Cuento de Navidad de Dickens!

2 comentarios:

  1. ¡Qué complejo todo! Como dice el gran Emilio Lledó:

    "Yo de niño viví la Guerra Civil española, vi la violencia en toda su brutal realidad, pero precisamente era eso, real. He oído las bombas estallar, he visto caer a un piloto en paracaídas, he visto el fuego de un combate aéreo en los cielos y también he percibido el olor de la muerte; eso lo he vivido yo, era la guerra, y sabíamos lo que había que hacer, ¿pero esto, qué es esto, dónde está aquí la violencia, qué es esta tranquilidad silenciosa que nos amenaza, ese peligro que no se oye, dónde está ese virus inodoro, incoloro e insípido?"

    Si hasta él no tiene respuestas...

    Marcar una línea clara nunca es fácil, entre el que tiene que trabajar y el que no: si nos confinamos todos perjudicamos claramente a la economía, pero si no nos confinamos todos puede alargarse esta situación y perjudicar también a la economía. ¿Cual de las soluciones malas es la mejor?

    Si D. Emilio no lo sabe... Yo tampoco. :)

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  2. Gracias, comentarista desconocido. Me alegro que coincidamos en dos cosas: en el reconocimiento del límite de lo que sabemos y en la admiración por el maestro Lledó (no sé si has leído la carta sexta, donde menciono alguna de sus ideas y escritos).

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