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sábado, 22 de septiembre de 2018

Marceline Loridan-Ivens: una mujer que es memoria

Hoy escribo en DEIA sobre esta mujer


se llamaba Marceline Loridan-Ivens. Murió el martes. Y es una mujer que hay que conocer y recordar.






 




MARCELINE: UNA MUJER QUE ES MEMORIA


Esta semana ha muerto a los 90 años Marceline Loridan-Ivens, escritora, cineasta y superviviente del Holocausto. Este verano murió Claude Lazmann, con quien tiene tantos paralelismos. El verano pasado murió Simone Veil, hermana en la deportación y el martirio de Auschwitz. Van quedando pocos de aquellos que vivieron los campos de concentración. Nuestro deber es escuchar y honrar su memoria.

Marceline no fue un personaje fácil ni complaciente. Es inclasificable. Su legado no sirve a la izquierda, que no le perdona su defensa de la existencia de Israel y su derecho a defenderse. No sirve a la derecha, que la ve como una comunista no suficientemente reformada. No sirve a Israel, por su ateísmo y su judaísmo cosmopolita, laico y contaminado. No sirve a cierto feminismo que dice buscar mujeres fuertes, pero que reniega de las que por serlo tienen criterio disidente y osan expresarlo. No sirve a la memoria oficial de Francia, que quiere recordarse resistente y no colaboracionista. La memoria de Marceline no sirve para confirmar ninguna ortodoxia, para dar la razón a ningún grupo: sólo sirve para buscar trágica, agónicamente.

Se hizo comunista y vivió las rigideces de la ortodoxia y pagó los costes del desviacionismo, pero varias cosas le salvaron de la prisión interior del fanatismo ideológico: el amor a la cultura, la curiosidad intelectual, la compasión por el sufrimiento del inocente y un duro, cínico sentido del honor. La inteligencia no nos libra del fanatismo. La historia y el presente nos dan ejemplos de inteligencias prodigiosas entregadas a la fantasía de cualquier ideología suficientemente redonda y cruel. Solo la lúcida mezcla de cultura, curiosidad, piedad y humor nos da alguna esperanza.

Marceline fue deportada junto a su amado padre. Él se lo advirtió: yo soy mayor, no volveré, pero tú eres joven, sí regresarás. Lo contó en un libro que es homenaje: Y tú no regresaste.

Luego escribió otra obra que imperdonablemente aún no está editada en español: L'amouraprès. Una niña pudorosa que no había visto a nadie desnudo, ni de su familia, ni se había desnudado ante nadie, y de pronto debe hacerlo junto a muchas, como cuerpos que son ganado o cosas o marionetas, frente a un doctor de apellido Mengele. La adolescente que había visto todas las caras de la muerte, todas sus formas, sus olores y sus gritos, pero nada sabía del amor y de una piel suave o un beso: J’ai tout vu de la mort sans rien conaître de l’amour. No quiso hijos e hizo de ello una pregunta sobre su nihilismo paradójicamente lleno de vida y creación.

Una mujer que resume la historia de su siglo. Fue anticolonialista contra su país siendo por ello detenida, pero denunció después las miserias de los nuevos estados sin el paternalismo tonto de la queja eterna y victimista de ese colonialismo que ella sí combatió. Tuvo que cavar tumbas y ser parte del sistema de eliminación de los suyos. Y olvidó y negó y recordó y aceptó.

Marceline veía cómo la vejez la dulcificaba y eso le gustaba. Fue bella y dura, sonriente y sufriente, fuego rojizo en el pelo y en el corazón. No la habrán visto en los periódicos. Por eso quería traerla aquí: para que su memoria no desaparezca y viva en la nuestra.

sábado, 6 de mayo de 2017

Un ‘J’accuse’ con acento venezolano

Hoy publico en los medios del Grupo Noticias, Noticias de Gipuzkoa y DEIA, en mi columna MirarHaciaOtroLado, un artículo sobre Gustavo Dudamel, Venezuela, la democracia, el arte y la responsabilidad del intelectual o del artista.

NOTA: El título lleva una errata, si bien luego en el texto el J'accuse está bien escrito.




Un ‘J’accuse’ con acento venezolano


Gustavo Dudamel es uno de los directores de orquesta del momento, popular y al tiempo admirado por los entendidos. Es titular de la Filarmónica de Los Ángeles, considerada una de las 10 mejores orquestas del mundo y al frente de la cual estuvieron precediéndole gigantes como Klemperer, Mehta, Previn o Giulini. Ha dirigido a las mejores orquestas del mundo. Hasta los menos melómanos de entre nuestros lectores le recordarán este año dirigiendo la Filarmómica de Viena en el concierto de Año Nuevo.



Gustavo Dudamel es el más exitoso exponente de un experimento social y cultural de primer orden que el Maestro Andreu creó hace ya 40 años en Venezuela: el sistema nacional de orquestas, una red formada por orquestas y coros infantiles y juveniles en el que han participado cientos de miles de chavales. Esta mágica iniciativa ha sido reconocida por la UNESCO y muy merecidamente premiada, entre otros muchos reconocimientos, con el Príncipe de Asturias.



El chavismo fomentó este proyecto y de alguna forma lo capitalizó políticamente. Hasta aquí no caben más que las felicitaciones porque un sueño tan improbable, que une calidad y cantidad, excelencia musical y participación social, haya tenido tamaño éxito. De esta cantera han salido artistas tan señalados como la pianista Gabriela Montero, pero sin duda Dudamel es el buque insignia de esta gran aventura.



Según la situación en Venezuela empeora, frente al activismo opositor de Gabriela Montero, Dudamel se había mostrado reacio a posicionarse. Su proyección internacional era utilizada, a veces con aparente entusiasmo, otras al menos con beneplácito, por el régimen chavista. Según la degeneración de la situación venezolana avanzaba parece que su posición ha ido enfriándose primero y virando discretamente después.



Finalmente Dudamel ha roto esta semana su silencio y ha publicado en las redes sociales una carta con la potencia indignada del J’accuse de Zola, con ecos tan poéticos como trágicos de las grandes alamedas santiaguinas y con alguna muy pertinente lección de democracia.



“Mi vida entera la he dedicado a la música y al arte como forma de transformar las sociedades -dice Dudamel-. Levanto mi voz en contra de la violencia y la represión. Ya basta de desatender el justo clamor de un pueblo sofocado por una intolerable crisis. La democracia no puede estar construida a la medida de un gobierno particular porque dejaría de ser democracia. El ejercicio democrático implica escuchar la voz de la mayoría, como baluarte último de la verdad social. Ninguna ideología puede ir más allá del bien común. La política se debe hacer desde el más absoluto respeto a la constitucionalidad, adaptándose a una sociedad joven que, como la venezolana, tiene el derecho a reinventarse y rehacerse en el sano e inobjetable contrapeso democrático”.



Dudamel, por si hiciera falta, apunta directamente: “hago un llamado urgente al Presidente de la República y al gobierno nacional a que se rectifique y escuche la voz del pueblo venezolano. Los tiempos no pueden estar marcados por la sangre de nuestra gente. Debemos a nuestros jóvenes un mundo esperanzador, un país en el que se pueda caminar libremente en el disentimiento, en el respeto, en la tolerancia, en el diálogo y en el que los sueños tengan cabida para construir la Venezuela que todos anhelamos”.



No creo en la obligación del artista de posicionarse sobre política, salvo quizá en determinadas situaciones muy concretas. Puede haber mil razones legítimas por las que Dudamel hasta la fecha no lo había hecho y siempre he respetado su posición. Manifestarse era más su derecho que su obligación. Su Brahms es igualmente excelso con o sin carta, pero, ¿qué quieren que les diga?, me parece muy bien que se haya mojado.

miércoles, 2 de marzo de 2016

Palmira, un tesoro irreemplazable


Es un libro precioso éste que AlbinMichel acaba de publicar.


Paul Veyne es un historiador francés experto en el mundo clásico que ha trabajado mucho en su vida en y sobre Palmira. a sus 85 años, tras haber publicado muchos libros y artículos científicos y académicos sobre este lugar a lo largo de su vida, nos regala ahora, destilados, sus recuerdos, sus valoraciones, sus visiones sobre este tesoro irremplazable.

"Ayant eu pour métier l’étude de l’Antiquité gréco-romaine, je n’ai cessé de rencontrer Palmyre sur mon chemin professionnel. Avec la destruction de Palmyre par l’organisation terroriste Daech, tout un pan de notre culture et mon sujet d’étude viennent brutalement de voler en éclats."

Un libro que es un homenaje y una denuncia y una reivindicación del conocimiento sobre el terror, del cuidado sobre la destrucción, de la inteligencia sobre el fanatismo.

"Malgré mon âge avancé, c’était mon devoir d’ancien professeur et d’être humain de dire ma stupéfaction devant ce saccage incompréhensible et d’esquisser un portrait de ce que fut la
splendeur de Palmyre qu’on ne peut plus désormais connaître qu’à travers les livres." 

Veyne se pregunta:   

"Pourquoi un groupe terroriste saccage-t-il les monuments inoffensifs d’un lointain passé (ou les met-il en vente) ? Pourquoi détruire cette Palmyre qui était classée par l’Unesco au patrimoine mondial de l’humanité ? Et pourquoi tant de massacres, parmi lesquels le supplice, la torture, la décapitation, le 18 aout 2015, de l’archéologue palmyrénien Khaled al-Assaad auquel est dédié ce livre ?"

Un gran libro. Necesario. Escrito por la persona adecuada.

Más modestamente, hace unos meses, en el prólogo a una publicación de Maider Maraña sobre Patrimonio y Derechos Humano me animé a hacerme preguntas complementarias a las que se hace Veyne en el párrafo citado.

 "¿Es un lujo de mal gusto hablar del valor del patrimonio destruido en Palmira cuando lo confrontamos con la muerte de miles de personas en la zona? o dicho de una manera más general: ¿es un abuso hablar de derecho humano al patrimonio cuando lo comparamos con un derecho humano “de verdad”, como la vida?, ¿debemos si quiera preocuparnos por el patrimonio cuando seis millones de refugiados huyen de la zona?, ¿es correcto que nos duelan tanto las fotos de la destrucción de Palmira cuando el mundo se conmociona con la foto del niño Aylan Kurdi varado en la playa?."


Y también me animé a ensayas algunas respuestas:

"Si el patrimonio es un objeto de consumo cultural, si el patrimonio es un delicado disfrute estético para el turista cultivado, si el patrimonio es el objeto puesto en el museo para admiración general, si el patrimonio sirve para desconectar en la sala de conciertos vistiendo nuestras mejores galas tras un duro día de trabajo... entonces desde luego que deberíamos dar la razón a los críticos: el patrimonio es un lujo para ricos y ociosos, objeto digno de protección solo tras habernos ocupado de las cosas importantes, del hambre en el mundo, por ejemplo, de la pena de muerte, de la alfabetización de las niñas, del paro juvenil o de los cientos de miles de refugiados agolpados a las puertas de Europa.

Pero la cobarde ejecución de Khaled al-Asaad nos cuenta una historia muy diferente sobre el significado del patrimonio. No es la historia de un loco sabio protegiendo insensatamente su tesoro aún a costa de su propia vida. No es solo la historia de unos miserables fanáticos ejecutando vilmente a un anciano claramente inocente e indefenso.

Es algo más profundo: es la historia de la memoria contra el vacío, de la identidad contra la mentira, del significado contra las tinieblas. Es la lucha por lo que nos hace humanos frente el horror de la esclavitud, la ignorancia, la fuerza bruta y la desesperanza"


El asesinato de Khaled al-Assad no es un ajuste de cuentas particular, es un acto de terrorismo que busca agredir el patrimonio para imponer su modelo de oscurantismo y fanatismo. En el vacío dejado al convertir las piedras en polvo ya solo quedaría la alternativa del silencio, la nada, la desmemoria, la no identidad, el no significado, es decir, la ausencia de alternativa al sometimiento total.

Ante el vacío de la historia, ante la memoria demolida, no quedará alternativa que resista al horror.
En Palmira el patrimonio se revela por tanto como memoria, como cultura, como comunidad, como pueblo, como historia, como lenguaje, como aquello que nos hace humanos... y un derecho humano no es sino la forma de protección –reforzada y con vocación de universalidad- de lo que nos hace humanos. Por eso es correcto entender el patrimonio como derecho humano."

(Tienes la versión completa del prólogo y el informe de Maider Maraña aquí en español y aquí en inglés)

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NOTA TERMINOLÓGICA: En este texto he escrito una vez irreemplazable, con dos es, y otra vez irremplazable, sólo con una. He dudado. he consultado el diccionario online de la RAE... ¿y sabes qué? la respuesta aquí.

martes, 1 de marzo de 2016