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domingo, 25 de noviembre de 2018

El nieto de Paty: la memoria, la esperanza y la vida

Hoy escribo en DEIA y Noticias de Gipuzkoa sobre una experiencia muy intensa visitando la ESMA esta semana, el jueves, acompañado por dos grandes personas. Lo cuento aquí:






El nieto de Paty: la memoria, la esperanza y la vida


Me preparó la visita una alumna mía del Postgrado en Derechos Humanos de la American University, en Washington. Ella, Mercedes Soiza Reilly, fue la fiscal que representó al Ministerio Público en la macrocausa ESMA III, por crímenes contra la humanidad cometidos en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), en Buenos Aires: ese horror por el que pasaron unos 5.000 secuestrados y que se dice que fue uno de los mayores campos de concentración y exterminio desde la época nazi. La causa tuvo 67 procesados, 789 víctimas, 830 testigos. Finalmente 54 imputados. Ella, Mercedes, consiguió 48 condenas por crímenes contra la humanidad. Uno no sabe aquí plantado, a las puertas de la ESMA, en su compañía, respetada por víctimas y familiares, quién es el profesor y quién el alumno (y decido pensar que lo mejor es ser siempre lo uno y lo otro, al mismo tiempo, y que hoy me toca callar y escuchar y sentir y aprender).

La ESMA es hoy Centro de Memoria y Derechos Humanos, y sede de la Casa de la Identidad de las Abuelas de la Plaza de Mayo. Nos acompaña en la visita Sebastián Rosenfeld Marcuzzo, hijo de desaparecidos. La visita dura ocho horas. Juntos los tres. Intensas. Duras. A veces la palabra y los proyectos compartidos;a veces el silencio, el recuerdo y la lágrima que se queda en la garganta o en el estómago.

Llegamos a una sala pequeña, que podría ser trastero, o viejo archivo, o despacho abandonado de algún oficial de segunda clase. Pero era la sala de partos, donde las secuestradas que estaban embarazadas daban a luz.

Sebastián me mira: “Aquí nací yo”.

Sus padres terminaron -probablemente, ¿lo sabrá con certeza algún día?- en un vuelo de la muerte, lanzados contra el mar. Quién sabe cómo o porqué Sebastián no fue uno de los 400 niños robados en aquellas circunstancias (148 han sido recuperados hasta la fecha por la abuelas). Él es uno de esos pocos que fueron entregados a sus abuelos. “Soy afortunado. Fui un niño afortunado. Yo siempre supe quién era y viví con mi familia” y me mira con unos ojos que no sé interpretar o entender.

Solo a las embarazadas les era concedido el privilegio de visitar el baño (el resto debía hacerlo todo tumbado, sobre el suelo, con la capucha puesta, con la sola ayuda de un balde, y así por semanas o meses). Solo a las embarazadas les era concedido el privilegio de una actividad para distraerse: la costura (quizá por si, con el parto, recuperaban la devoción por las labores familiares y domésticas, propias de su sexo, de las que la política las había fatalmente alejado).

Patricia Marcuzzo, o Paty, la madre de Sebastián, empleó su tiempo en bordar en secreto, en una servilleta, unos versos de una canción de Serrat titulada “El parto”. Clandestinamente, en los baños, seguramente adivinando ya cuál sería su fin inevitable, entregó la servilleta a otra reclusa que realizaba trabajos forzados y por ese motivo tenía, como en los campos nazis, mayores probabilidades de salir del infierno con vida. La mujer efectivamente sobrevivió y mucho años después pudo contar la historia ante los tribunales, a preguntas de Mercedes. Pero años antes de poder hablar, buscó a Sebastián y le entregó el pañuelo bordado por su madre.

El pañuelo bordado, los versos de Serrat, la voz calmada de Sebastián, sus ojos profundos y salados como el mar donde quedaron sus padres, su presencia enorme que llena este cuartucho húmedo y caluroso en que su madre y la vida pusieron la dignidad que aquellos militares desalmados, con poder pero sin razón ni humanidad, les negaron… todo forma un cuadro más triste, más duro, más bello, más poético que el mejor de los cuentos argentinos, desde Borges o Cortázar a Silvina Ocampo o Abelardo Castillo, más delicado que la más sentida de las canciones de Serrat. Es real, se llama testimonio y pone esperanza donde la muerte, poderosa, oscura, cruel y terrible, no pudo sin embargo con la vida pequeña y discreta de un bebe que hoy tiene el suyo propio, cuya fotografía -se le ve bello y alegre- me enseña con muy merecido orgullo: es el nieto de Paty.

Mis respetos, Sebastián. Mis respetos, Mercedes.

sábado, 22 de septiembre de 2018

Marceline Loridan-Ivens: una mujer que es memoria

Hoy escribo en DEIA sobre esta mujer


se llamaba Marceline Loridan-Ivens. Murió el martes. Y es una mujer que hay que conocer y recordar.






 




MARCELINE: UNA MUJER QUE ES MEMORIA


Esta semana ha muerto a los 90 años Marceline Loridan-Ivens, escritora, cineasta y superviviente del Holocausto. Este verano murió Claude Lazmann, con quien tiene tantos paralelismos. El verano pasado murió Simone Veil, hermana en la deportación y el martirio de Auschwitz. Van quedando pocos de aquellos que vivieron los campos de concentración. Nuestro deber es escuchar y honrar su memoria.

Marceline no fue un personaje fácil ni complaciente. Es inclasificable. Su legado no sirve a la izquierda, que no le perdona su defensa de la existencia de Israel y su derecho a defenderse. No sirve a la derecha, que la ve como una comunista no suficientemente reformada. No sirve a Israel, por su ateísmo y su judaísmo cosmopolita, laico y contaminado. No sirve a cierto feminismo que dice buscar mujeres fuertes, pero que reniega de las que por serlo tienen criterio disidente y osan expresarlo. No sirve a la memoria oficial de Francia, que quiere recordarse resistente y no colaboracionista. La memoria de Marceline no sirve para confirmar ninguna ortodoxia, para dar la razón a ningún grupo: sólo sirve para buscar trágica, agónicamente.

Se hizo comunista y vivió las rigideces de la ortodoxia y pagó los costes del desviacionismo, pero varias cosas le salvaron de la prisión interior del fanatismo ideológico: el amor a la cultura, la curiosidad intelectual, la compasión por el sufrimiento del inocente y un duro, cínico sentido del honor. La inteligencia no nos libra del fanatismo. La historia y el presente nos dan ejemplos de inteligencias prodigiosas entregadas a la fantasía de cualquier ideología suficientemente redonda y cruel. Solo la lúcida mezcla de cultura, curiosidad, piedad y humor nos da alguna esperanza.

Marceline fue deportada junto a su amado padre. Él se lo advirtió: yo soy mayor, no volveré, pero tú eres joven, sí regresarás. Lo contó en un libro que es homenaje: Y tú no regresaste.

Luego escribió otra obra que imperdonablemente aún no está editada en español: L'amouraprès. Una niña pudorosa que no había visto a nadie desnudo, ni de su familia, ni se había desnudado ante nadie, y de pronto debe hacerlo junto a muchas, como cuerpos que son ganado o cosas o marionetas, frente a un doctor de apellido Mengele. La adolescente que había visto todas las caras de la muerte, todas sus formas, sus olores y sus gritos, pero nada sabía del amor y de una piel suave o un beso: J’ai tout vu de la mort sans rien conaître de l’amour. No quiso hijos e hizo de ello una pregunta sobre su nihilismo paradójicamente lleno de vida y creación.

Una mujer que resume la historia de su siglo. Fue anticolonialista contra su país siendo por ello detenida, pero denunció después las miserias de los nuevos estados sin el paternalismo tonto de la queja eterna y victimista de ese colonialismo que ella sí combatió. Tuvo que cavar tumbas y ser parte del sistema de eliminación de los suyos. Y olvidó y negó y recordó y aceptó.

Marceline veía cómo la vejez la dulcificaba y eso le gustaba. Fue bella y dura, sonriente y sufriente, fuego rojizo en el pelo y en el corazón. No la habrán visto en los periódicos. Por eso quería traerla aquí: para que su memoria no desaparezca y viva en la nuestra.

martes, 14 de agosto de 2018

Escuchando a Víctor Jara

La semana pasada publiqué en El Correo este artículo sobre el caso de Víctor Jara.

Por ser de justicia debo reconocer que mucha de la información empleada en el artículo la he tomado del artículo Jara con Barrientos: El caso Víctor Jara ante la justicia universal, de los profesores Francisco Jara Bustos, de la Universidad de Chile, y Francisco Ugás Tapia, de la Universidad Carlos III de Madrid, publicado en el Anuario de Derechos Humanos 2017 (Universidad de Chile).








ESCUCHAD A VÍCTOR JARA

La noticia de la condena este verano de ocho militares en retiro chilenos por el asesinato del cantante Víctor Jara en 1973 ha pasado un poco desapercibida. Sin embargo creo que el caso nos permite hacer algunas reflexiones de interés y actualidad, tal vez también aplicables a nuestro país.

No insistiré mucho sobre la figura de Víctor Jara: la conocen bien ustedes. Para quienes nos educamos políticamente en los años 80 fue un referente aún muy vivo. Imagino que en la generación anterior, que hizo sus pinitos sentimentales y políticos entre el tardo-franquismo y la transición, su impacto fue aún mayor.

Jara fue asesinado en los días posteriores al golpe de estado de Pinochet contra Salvador Allende, en el Estadio Chile que hoy con justicia se llama estadio Víctor Jara. Las circunstancias de su muerte estuvieron muchos años cubiertas o ensalzadas en un relato mítico creado en ese choque entre la crueldad y la belleza, la fuerza bruta contra la palabra, la muerte contra la vida, la tortura contra la inteligencia, el crimen contra la poesía. Hoy sabemos que todo aquello no era sólo leyenda sino que respondía fielmente a lo sucedido, tal como ha quedado acreditado por investigaciones independientes y más recientemente declarado probado por varias sentencias judiciales en diferentes jurisdicciones.

Al enterarse del golpe, Víctor Jara acudió a la Universidad Técnica del Estado en la que trabajaba como profesor. Ese mismo día estaba prevista la presencia de Allende para inaugurar un evento titulado “por la vida”, que obviamente no llegó a celebrarse. La Universidad fue cercada por el regimiento Arica ese mismo día y al siguiente se produjo el asalto, asesinando a varias personas y deteniendo a profesores, estudiantes y personal administrativo. Fueron llevados al ya citado Estadio Chile (no confundir con el Estadio Nacional que también sirvió como centro de detención y tortura para miles de personas aquellos días).

Ya en el Estadio, al ser reconocido por un oficial, fue derribado de un culatazo, golpeado, separado del grupo y llevado a los vestuarios. Fue torturado durante tres días. Luego fue ejecutado con saña y odio: la autopsia encontró, además de numerosos huesos fracturados, 23 impactos de bala en su cuerpo. En la última sesión de torturas le habían cortado la lengua y destrozado las manos, animándole entre chanzas a cantar en esas condiciones. Su cuerpo fue abandonado en un solar.

Durante la dictadura pinochetista fue imposible investigar el caso y la aprobación de la Ley de Amnistía parecía condenarlo a la impunidad. Pero con la democracia el caso revivió. La Ley de Amnistía ya no se aplica hoy en Chile, tras las sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (aunque no ha sido anulada, como en el caso paralelo de Argentina). Los crímenes contra la humanidad ni prescriben ni se pueden amnistiar. Y tras casi 15 años de complejo procedimiento, 45 después de los hechos, la condena ha llegado en su país para estos ocho despreciables torturadores y asesinos.

Pero uno de los inicialmente incriminados, Pedro Barrientos, el noveno de la partida criminal, había salido a los Estados Unidos y donde había ya obtenido la nacionalidad. Bien es sabido que los Estados Unidos no son los campeones de la Justicia Universal, pero también es cierto que hay algunas normas (Alien Tort Statute y Torture Victims Protection Act) que permiten, por otras vías, cierto tipo de persecución por algunos de estos delitos.

No estamos ante un caso de Jurisdicción Universal pura o absoluta (sólo basada en el carácter del crimen internacional) posibilidad que los Estados Unidos no permite (y cada vez menos países europeos). Y es que en este caso la nacionalidad del acusado supone un elemento clásico de jurisdicción que permitió a los tribunales norteamericanos activar el caso. Pero también es cierto que el hecho de que las torturas y el asesinado constituyeran una violación del Derecho Internacional fue uno de los elementos tenidos en cuenta. El tribunal norteamericano resolvió, en sede civil, en 2016 que Pedro Barrientos era responsable de este crimen de torturas y asesinato extrajudicial

Dado que la sentencia en los Estados Unidos afecta únicamente a la responsabilidad civil, la Cancillería de Chile acaba de instar el procedimiento de extradición con el fin de que Pedro Barrientos termine compartiendo la misma suerte que sus ocho compañeros de armas, crimen y vergüenza universal.

La Justicia Universal nació para hacer frente a la impunidad en los casos más aborrecibles, que ofenden a la comunidad internacional en su conjunto y a los que, por tanto, esta comunidad responde resquebrajando las limitaciones clásicas de la jurisdicción nacional. Tras algunos casos pioneros en España, Bélgica o Francia, el peso de la realpolitik internacional (pensemos, por ejemplo, en los casos contra China por crímenes en el Tibet) logró limitar las ambiciones iniciales de la jurisdicción universal, pero aún resiste, a veces limitada, a veces constreñida, aunque sea esperando decenios a cruzarse en el camino de los miserables que han ensuciado a ojos de la comunidad internacional la condición humana. Hoy algunos países latinoamericanos, que traen aprendizajes hechos a muy alto precio, toman el testigo de la Justicia Universal como en su día se hizo a la inversa.

Memoria, justicia y dignidad de las víctimas. Como les decía, los ecos de Víctor Jara siguen sonando también para nosotros. Escuchemos.


martes, 19 de diciembre de 2017

Imperfecta y necesaria paz en Colombia

Hoy publico en El Correo un artículo sobre el momento actual del proceso de Paz en Colombia. Confío en que os parezca de interés.

 




Accidentada, imperfecta y necesaria Paz en Colombia





Los Acuerdos de Paz en Colombia cumplen estos días un año. Este proceso entre el Gobierno y las FARC fue –ustedes lo recordarán- difícil y accidentado. Y es que poner fin a un conflicto de 50 años, que acumula 220.000 muertos y más de 7 millones de desplazados, no puede resultar sencillo.





Los acuerdos alcanzados por las partes en La Habana (junio 2016) debían ser refrendados en un plebiscito que se celebró el 2 de octubre del mismo año. Pero aquel referéndum terminó con una victoria del No que sorprendió a propios y extraños. Ante ese inesperado traspié, algunos contenidos de los acuerdos fueron renegociados por vía de urgencia y refrendados esta vez, para evitar sustos, por el Senado y el Congreso el 30 de noviembre del año pasado.





La semana pasada finalizaba el plazo de un año que las partes se dieron para la aprobación de las leyes que empezarán a hacer efectivos los contenidos de los acuerdos. Pero este proceso legislativo ha sido de nuevo más accidentado de lo previsto. El Gobierno deseaba del legislativo un placet casi notarial a los compromisos duramente arrancados entre las partes, sin embargo la Corte Constitucional decretó que las cámaras podía discutir los contenidos de la propuestas gubernamentales y en su caso modificarlas. El fallo de la Corte introducía nuevas dificultades, pero nadie podrá negar que su lógica era democrática: se llama división de poderes, convenga o no a los negociadores, añada o no riesgos en un camino de paz ya de por sí muy delicado.





A pesar de la instauración de un procedimiento legislativo rápido, conocido como Fast Track, hubo que esperar hasta el último día, a última hora, para ver aprobadas sólo algunas de las normas comprometidas, no todas, y en algunos casos en versión recortada. A pesar de estas limitaciones, su aprobación in extremis permite la continuidad de un proceso que sigue vivo, si bien muy necesitado de un gran aporte de nutrientes.





Un grupo de combatientes de las FARC (quizá entre un 5 y un 10% del total) ha decidido desconocer los acuerdos suscritos por sus jefes y permanecer en armas, como disidentes, haciendo la guerra (y el negocio de la droga) por su cuenta. Pero el proceso de Paz parece no tener marcha atrás. Esta semana pasada 17 líderes de las FARC han firmado públicamente un documento de sometimiento a la Justicia Especial para la Paz, que deberá juzgar sus actuaciones y, en su caso, sus crímenes. Se calcula que entre guerrilleros, paramilitares y agentes del estado unas 5.400 personas deberán personarse ante esta jurisdicción especial. Los autores de graves crímenes deberán contar lo que saben, aportar verdad y memoria, y pagar, aunque sea muy limitadamente, ciertas cuentas en esa cosa insatisfactoria, contradictoria pero seguramente inevitable mal menor llamada justicia transicional. Aspectos especialmente repugnantes, como la violencia sexual contra menores, quedan fuera de cualquier medida de gracia o reducción de la pena ordinaria.





Entre los grandes retos por afrontar está el de la tierra. El número de líderes sociales, sindicales y defensores de derechos humanos asesinados no ha bajado en este año, lo que habla claro de los profundos problemas del país. Y no por casualidad es la norma relativa a la tierra una de las ha quedado fuera de las normas aprobadas en plazo. Otro de los retos será facilitar una salida decente a los desmovilizados sin crear agravios comparativos con quien no practicó la violencia, en un país en que ni la tierra ni el trabajo digno llega para todos.





Seguramente existe una tensión irresoluble entre justicia, verdad, paz, desmovilización y democracia en aquellos procesos de paz en que las partes que negocian aún conservan poder y fuerza. No resulta posible armonizar de forma satisfactoria todos estos principios. Sería por tanto excesivo pedir de este proceso colombiano un equilibrio perfecto en que todos estos bienes citados se respetaran en su grado máximo ideal. No cabe, me temo, sino conformarse con cierto compromiso.





Este proceso en marcha ensaya un equilibrio que, como queda dicho, no es perfecto pero quizá sí razonable, donde ninguno de aquellos principios en tensión (justicia-paz) queda totalmente anulado o fagocitado por el otro. No habrá justicia plena en relación a los grandes crímenes de la guerra, pero tampoco una impunidad total que resulte insultante o insoportable en una sociedad democrática.





Aún queda pendiente el proceso de Paz con la otra gran guerrilla: el ELN. La naturaleza de este grupo augura un proceso más consultado con la sociedad y, por lo tanto, quizá más lento. Además el ELN se ha sentido olvidado en la negociaciones con las FARC, el primo mayor, y se hará ahora valer. El momento político es más difícil que hace un año, con un presidente con menor margen, autoridad y tiempo. Hay razones para el pesimismo, pero gobierno y ELN han acordado un alto al fuego mientras se negocia y eso resulta esperanzador.





En el capítulo de noticias rosas en Colombia se comenta estos días que el líder de las FARC ha cambiado de look y acude con su pareja a un centro comercial para aprovechar los consumistas descuentos del Black Friday. Quien ha pasado décadas apilando cadáveres en el insobornable altar de la historia, se disimula ahora las canas con tintes rejuvenecedores para quedar mejor, según afirma su asesora de imagen, en las fotos de la inminente campaña electoral.


sábado, 28 de mayo de 2016

Obama en Hiroshima: memoria y perdón

Hoy publico en DEIA un artículo en torno a la polémica sobre si Obama debería haber aprovechado la visita a Hiroshima para pedir perdón como Presidente de los EEUU.

Como véis me inclino a pensar que ha hecho bien en visitar Hiroshima y en el contenido que ha dado a la visita... y también en no pedir perdón. Sé que no todos estaréis de acuerdo, pero de eso se trata: de compartir y contrastar opiniones con respeto y con argumentos, ¿no os parece?

Como siempre, os cuelgo la foto del artículo, con enlace a la página del periódico y abajo el texto completo por si prefieres leerlo aquí directamente.

P.D.: Aprovecho para remitiros, a los que os interesen estos temas, a mi entrada del año pasado " Hiroshima y Nagasaki + 70 y Philip Ball... y tres postdatas" allí comparto más ideas sobre aspectos científicos, históricos y bibliográficos en torno a este tema.

http://www.deia.com/2016/05/28/mundo/hiroshima-perdon-o-memoria
Obama en Hiroshima, memoria y perdón
 
Hiroshima: ¿perdón o memoria?

 

En el momento en que escribo estas líneas el presidente Obama está en Hiroshima, ofreciendo sus respetos a las víctimas, a los supervivientes y a todo lo que esta ciudad representa.
 

Obama, ya era sabido, no pide perdón por la responsabilidad de su país en ese gigantesco sufrimiento. ¿Debería hacerlo? Yo tengo mis serias dudas. Si ustedes me aprietan, me inclinaría, aún a riesgo de resultar poco correcto o simpático, a decir que no.
 

Hiroshima representa uno de los momentos más horrorosos de la historia de la humanidad. No sólo por el número de víctimas, sino por que simboliza, como ningún otro hecho, el desbordamiento de la capacidad destructiva del hombre, la superación de sus límites mortíferos. Hiroshima encarna, ya en la historia real, el mito de la fuerza incontrolable e irreversible de la ciencia, la tecnología, la creatividad y la inteligencia puestas al servicio de la destrucción.
 

En Europa hubo más víctimas civiles que en Hiroshima en bombardeos cuya utilidad militar era más cuestionable. Pero Hiroshima marca un hito en la historia de la humanidad quizá por ser un momento y un lugar, por ser la encarnación de nuestras peores pesadillas. Hiroshima marca el inicio de la Guerra Fría y es al tiempo uno de sus primeros productos.
 

Dado lo que uno se encuentra en tertulias y redes sociales, quizá no esté de más recordar que los Estados Unidos no fueron a Japón por iniciativa propia, con ansias expansivas o imperiales. Fue Japón quien impuso un imperio cruel, racista y criminal, en toda la región y fue Japón quien agredió, contra el derecho de la guerra, a los Estados Unidos en su casa, sin previa declaración de guerra.
 
 
Una vez metidos contra su voluntad en la guerra del Pacífico, ¿cuál habría sido en agosto del 45 la mejor alternativa realmente existente a las bombas atómicas?, ¿negociar con el dios del impero, violento y militarista como pocos en la historia, algún tipo de arreglo en la región que apaciguara sus ansias?, ¿haber dejado que la URRSS convirtiera la zona en su patio trasero, Japón en una nueva Polonia o Tokio repartido en sectores y con muro?, ¿sacrificar cientos de miles de vidas civiles y militares adicionales en el fin de una guerra que sólo Japón se negaba a admitir?  Ninguna de las alternativas me parece demasiado atractiva, la verdad, ni creo que hubiera sido claramente mejor para la historia del siglo XX o para el bienestar de las personas de la región, ni del mismo Japón.
 
 
No quiero sopesar horrores, pero me niego a contrastar el horror de Hiroshima a soluciones ideales pero irreales o utópicas que un político responsable no podía considerar en aquel momento. No se puede juzgar una decisión desconociendo las circunstancias y las alternativas reales. Max Weber habló ya de la ética de la responsabilidad frente a la ética de la convicción. Sus reflexiones de hace ahora 100 años siguen siendo válidas.
 
 
Hay varias versiones sobre las razones que llevaron a Truman a tomar la decisión. La más clásica, la oficial, tranquilizadora, defiende que se trataba de aminorar el número de víctimas (japoneses incluidos). Seguramente es parte de la verdad. Otra versión apunta al peligro que suponía la URRSS en la zona, entrando en la guerra contra Japón de forma oportunista y esperando recoger los frutos de la victoria en forma de dominio y sometimiento. Probablemente en la decisión de Truman pesaron ambas razones y otras que no conocemos.
 
 
Aprendimos a desconfiar de las películas de Hollywood hasta el extremo de dar a veces por bueno acríticamente su contrario. Pero la sospecha nos hizo, paradójicamente, igualmente predecibles y controlables, pero más aburridos, por que no teníamos a John Ford de nuestro lado. Y la imagen de las películas en que vemos a las fuerzas norteamericanas liberando islas del Pacífico, a golpe de sangre propia, de las manos del invasor cruel, tiene algo de la realidad histórica, con todos los matices que se quieran añadir.
 
 
No, no estoy seguro de que Obama deba pedir perdón. Pero sí creo que debía hacer este viaje para mostrar sus respetos y su dolor y para insistir en la alianza con el viejo enemigo en el objetivo común de un mundo sin proliferación nuclear. Y eso es lo que ha hecho, según tengo entendido.
 
 
Así que en este caso prefiero la memoria compleja y la apuesta conjunta de futuro que una petición de perdón descontextualizada.

sábado, 27 de febrero de 2016

ÁFRICA: MEMORIA Y PRESENTE

Esta mañana los medios del Grupo Noticias me publican este artículo sobre Pasado y Presente de Namibia. Confío en que os resulte interesante.

Aquí los enlaces a DEIA y a Noticias de Gipuzkoa.

Y aquí el texto completo del artículo.

ÁFRICA: MEMORIA Y PRESENTE


Namibia ha pasado esta semana ante los órganos de Naciones Unidas para dar cuenta de la situación de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales en su territorio.

Namibia, que hasta los años 60 era conocida como África del Sudoeste, sufrió el primer genocidio del siglo XX, cuando aquellas tierras eran una colonia alemana dedicada a la ganadería: Deutsch-Südwestafrika.

A comienzos de 1904 el pueblo herero se rebeló. Alemania respondió enviando al infame General von Trotha, que expulsó a los herero al desierto del Kalahari, envenenó todos los pozos localizados y condenó a miles a morir de sed, de hambre o envenedados. Si los herero osaban dar media vuelta hacia lo que habían sido sus tierras y ahora era territorio alemán, eran pasados por las armas de fuego.

El general Lothar von Trotha era todo menos fingidor: “es mi política el uso de la fuerza, el terrorismo e incluso la brutalidad”.

Las instrucciones del general fueron claras, el ultimátum inapelable: "La nación herero tiene que abandonar el país, y si no lo hace, la obligaré por la fuerza. Todo herero que se encuentre dentro de territorio alemán, armado o desarmado, con o sin ganado, será fusilado. No se permitirá que permanezcan en el territorio mujeres o niños, y se les expulsará para que se unan a su pueblo o serán pasados por las armas. Estas son las últimas palabras que dirigiré a la nación herero."

Se calcula que entre 24.000 y 65.000 hereros murieron. Quizá hasta un 80% de este pueblo fue eliminado. La mayor parte de los hereros supervivientes fueron enviados a campos de concentración y sometidos trabajos forzados.

Los manaqua, otro pueblo que habitaba territorios colindantes, siguieron el ejemplo herero y también se rebelaron. Fueron tratados de forma similar. Murieron 10.000 personas, es decir, el 50% de ese pueblo desapareció, el otro 50% fue enviado a campos de concentración.

De la misma forma que Gernika anticipó cosas que luego veríamos en la Segunda Guerra Mundial, en el caso de Namibia hay algunos antecedentes de lo que vendría: los campos de concentración, los experimentos médicos con prisioneros… Quizá sea algo más que una anécdota que el padre de Goering fuera gobernador de estas tierras por aquellos años y jugara un importante papel en los antecedentes del genocidio, desplazando con engaños primero y humillando después a los herero y los manaqua hasta no dejarles otra salida que la rebelión.

Solo en este siglo XXI Alemania ha empezado a reconocer su responsabilidad en estos hechos. Y han tenido que esperar hasta este año pasado, el 10 de Julio de 2015, para reconocerlo como genocidio.

Pero estos días en Ginebra no se ha hablado del pasado de Namibia, sino de presente y de futuro. Se ha hablado, por ejemplo, de los homosexuales en la Namibia de hoy, perseguidos, humillados, encarcelados por serlo y en muchas ocasiones agredidos impunemente, sin protección ni apoyo alguno.


Los herero y los namaqua merecen memoria y honor. Pero también las personas homosexuales de la Namibia actual merecen memoria, honor… y sobre todo apoyo de la comunidad internacional, porque su sufrimiento, a diferencia del de sus antecesores en el dolor, es presente y debería ser, por tanto, evitable. Hay todavía muchos generales von Trotha por el mundo, con o sin uniforme pomposo, haciendo sufrir a sus vecinos.

miércoles, 13 de enero de 2016

Genética, antropología y memoria histórica

En la clase de ayer del Curso Ciencia, Tecnología y Derechos Humanos, en la Universidad de Deusto, hablamos de genética, memoria, antropología forense, las razas, el colonialismo, la eugenesia nazi, el Dr. Mengele, las Declaraciones de la UNESCO, las Abuelas de la Plaza de Mayo, del caso Lasa y Zabala y del caso Bretón.
 
Copio aquí, con su correspondiente enlace, algunas de las referencia empleadas, en esta ocasión hemos empleado bastantes videos.
 
 

http://portal.unesco.org/es/ev.php-URL_ID=13161&URL_DO=DO_TOPIC&URL_SECTION=201.html
Declaraciones de la UNESCO sobre las razas y el racismo
 
https://actualidad.rt.com/ciencias/view/146508-raza-biologia-existrir-racismo-antropologia
 
https://www.youtube.com/watch?v=Ik1s-u7f6K0
 
https://www.youtube.com/watch?v=kJ9t214bioQ
Diego Golombek
 
https://www.youtube.com/watch?v=7lPRKAu5xbA
Víctor Penchaszadeh

http://www.rtve.es/alacarta/videos/informe-semanal/informe-semanal-01-09-12/1518305/
Francisco Etxeberria Gabilondo - 1

http://www.lasexta.com/noticias/sociedad/forense-etxebarria-afirma-que-restos-hoguera-quemadillas-son-humanos_2013070300058.html
Francisco Etxeberria Gabilondo - 2

https://www.youtube.com/watch?v=9dOMqBYDQr4
Francisco Etxeberria Gabilondo -3 
http://portal.unesco.org/es/ev.php-URL_ID=31058&URL_DO=DO_TOPIC&URL_SECTION=201.html
Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos - UNESCO 2005

miércoles, 7 de octubre de 2015

Palmira, piedras que duelen


Hoy publico un artículo en DEIA y otros medios del GRUPO NOTICIAS titulado "PALMIRA, PIEDRAS QUE DUELEN". Abajo copio el texto por si no se ve bien.  
http://www.deia.com/2015/10/07/mundo/palmira-piedras-que-duelen

Palmira, piedras que duelen

El Estado Islámico ha destruido otro monumento en Palmira: un arco de triunfo romano. Así esta histórica ciudad queda, tras las bombas y el saqueo sufrido hace unas semanas, arrasada. Al ver las fotografías de lo que ha quedado nos duele la destrucción de una joya de la arqueología que fue patrimonio mundial y que hoy es inidentificable amasijo de arena y escombros.

Alguno podrá protestar: ¿es correcto que nos duelan unas piedras en un momento en que las personas de la zona están siendo asesinadas?, ¿no se trata de un lujo casi inmoral preocuparnos por el valor del patrimonio cuando lo comparamos con la muerte de miles de personas y el desplazamiento de millones?

Recordemos al profesor Khaled al-Asaad, arqueólogo de Palmira durante cuatro décadas. Fue decapitado este verano por negarse a colaborar en la destrucción del patrimonio al que había dedicado su vida.

El anciano profesor humillado, de rodillas, las manos atadas a la espalda. El desalmado que tiene detrás le agarra del pelo con una mano mientras con la otra blande un machete. Llegan las bravatas a gritos, las acusaciones gratuitas sin posibilidad de réplica, las invocaciones a un dios que pueda dar sentido a lo que no lo tiene, las altisonantes palabras que buscan cubrir la desnudez de la sinrazón. El charco final de sangre se ve fluido y brillante.

Si el patrimonio es el objeto expuesto en el museo para admiración del entendido o la arquitectura para el delicado disfrute del turista cultivado, entonces es digno de una protección muy secundaria, sólo tras habernos ocupado de lo verdaderamente importante.

Pero la ejecución de Khaled al-Asaad nos cuenta una historia diferente. No es la historia de un insensato sabio protegiendo su tesoro a costa de su propia vida. No es un simple robo: es un acto de terrorismo que busca acabar con la memoria para imponer el oscurantismo y el fanatismo.

Y es que en el vacío dejado al convertir las piedras en polvo queda el silencio, la no-identidad, el no-significado y el sometimiento. Ante el vacío de la historia, ante la memoria demolida, no queda con qué resistir al horror.

La desventura del viejo arqueólogo se tiñe del valor de la resistencia: es la historia de la memoria contra el vacío, de la identidad contra la mentira, del significado contra las tinieblas, de la palabra frente al silencio o al chillido. Es la lucha frente el horror de la esclavitud, la ignorancia, la brutalidad y la desesperanza.

En Palmira el patrimonio se nos muestra como cultura, como comunidad, como lenguaje, como resistencia, como aquello que nos hace humanos… y también como derecho humano, puesto que un derecho humano no es sino la forma de protección –reforzada y con vocación de universalidad- de lo que nos hace humanos.

Por eso el Derecho Internacional contemporáneo entiende el patrimonio no sólo como un objeto de protección en tiempos de guerra (ius in bello), sino como un derecho humano. Por eso hay piedras que nos duelen. En Palmira.