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domingo, 14 de octubre de 2018

De expertos y cambio climático

Hoy escribo en DEIA, Noticias de Gipuzkoa y el resto de medios del Grupo de Noticias, sobre el reciente informe presentado por el IPCC.


Quizá el final me ha quedado muy duro. En mi descargo diré que en ese último párrafo me dirijo también a mí mismo y que al releerlo hoy soy el primero en darme dolorosamente por aludido.
















Ustedes han oído ya hablar del IPCC (ganó el Premio Nobel en el 2007), es el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático: un organismo de la ONU que tiene como tarea la evaluación, con base en el mejor conocimiento científico disponible, de la información más reciente sobre el cambio climático y suministrarla, digerible para los profanos, a los gobiernos y a toda la comunidad internacional. Nadie podrá decir que no se sabía, que no había información, que nadie nos advirtió.


En tiempos de fake news, de postverdades y verdades alternativas, en tiempos donde los prejuicios e ideas preconcebidas de cada cual parecen valer lo mismo que el conocimiento científico, esta organización, que facilita el estado del mejor conocimiento actual sobre un problema tan complejo e importante, se hace imprescindible.


Esta semana ha presentado un informe en que 91 expertos de 40 nacionalidades analizan la producción científica para acercarnos, organizada y simplificada, esta información. Ya pasaron los tiempos en que alguno podría alegremente negar el cambio climático o el papel de la humanidad en él basándose en lo que le decía su primo o su comentarista de radio preferido.


Ya no estamos siquiera en los tiempos en que se anunciaban males futuros: las consecuencias del cambio climático están aquí. Tal vez usted y yo nos podamos dar el lujo de ignorarlo, pero para cientos de millones de personas estos efectos son ya una realidad. El informe nos dice “que ya estamos viviendo las consecuencias de un calentamiento global de 1°C, con condiciones meteorológicas más extremas, crecientes niveles del mar y un menguante hielo marino en el Ártico, entre otros cambios”.


Para limitar el calentamiento global a 1,5°C -lo cual es ya una barbaridad- se necesitarían cambios de gran alcance y sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad. En el informe se destaca una serie de impactos catastróficos y permanentes que podrían evitarse limitando el calentamiento global a 1,5°C en lugar de 2°C, o más.


Este aumento de temperaturas está ya provocando gravísimos daños humanos. Tras unos años de reducción de importante reducción del hambre, este 2018 es el tercer año en que damos media vuelta hacía atrás y volvemos a perder batallas: ha aumentado el hambre. Y una de las razones principales es el impacto del cambio climático en cosechas, especialmente por sequías e inundaciones.


Los mayores efectos del Cambio Climático sobre la vida de la gente (hambre, desastres y desplazamientos) se da en la zonas pobres (que son además las que menos han contribuido a este cambio). El cambio climático está matando gente, decenas de miles de personas al año, ya, hoy. En algunos países del Norte (USA, Canadá, países nórdicos o Rusia) la producción alimentaria incluso podría aumentar mientras su precio internacional sube: el destino es cruel y ataca a los más vulnerables.


Está muy bien que insultemos a Trump (yo me apunto) por sacar a su país del Acuerdo de París pero mientras tanto: ¿vas a hacer algo tú para paliar ese desastre y esa enorme injusticia en la medida -limitada pero real- de tus posibilidades?, ¿vas a cambiar algo en tu carro de la compra semanal, en el lugar y la forma en que haces las compras, en tus consumos, en tu solidaridad, en tu casa, en tus vacaciones, en tu responsabilidad, en la forma de moverte, en tu basura? Piénsalo bien porque, en caso contrario, insultar a Trump, lo siento, es pura hipocresía, farisaica pose.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Menudo lío en Australia


Hoy me voy a las antípodas para escribir en los medios del Grupo Noticias, DEIA y Noticias de Gipuzkoa, un artículo sobre la actual crisis constitucional en Australia.

(Por cierto, puedes localizar tus antípodas exactas en este precioso mapa de aquí que invita a jugar: las antípodas de mi casa están en algún lugar del océano, como a 300 kilómetros al oeste de las costas de Nueva Zelanda)





Menudo lío en Australia


Australia se ha metido en un buen lío político. El viceprimer ministro ha tenido que dimitir y nueve parlamentarios han perdido su escaño, dejando muy tocado al gobierno conservador de Malcolm Turnbull.

Y todo ello por un problema constitucional que puede hacer las delicias de los juristas y los comentaristas más ociosos y dados a la extravagancia, pero que parece políticamente bastante poco constructivo. Y es que la Constitución de 1901 exigía que los representantes públicos fueran australianos y únicamente australianos, es decir, que no tuvieran doble nacionalidad ni -y aquí el problema- derecho a otra nacionalidad.

Tanto el viceprimer ministro como la mayoría de los parlamentarios afectados creían de buena fe no estar afectados por esta circunstancia, pero hete aquí que la Corte Suprema Australiana ha encontrado sus explicaciones insuficientes. Muchos de ellos son hijos de personas que tenían en su día la nacionalidad británica u otras.

Hay un caso, por ejemplo, de un parlamentario cuyo padre, originalmente de nacionalidad británica, renunció a la ciudadanía después de haber nacido el hijo que hoy es político. El tribunal le exige ahora a éste, tras haber décadas como australiano de padres australianos, que debería haber renunciado formalmente a sus eventuales derechos a la ciudadanía británica y que no haberlo hecho le inhabilita. Otra diputada se encuentra ante una difícil situación como hija de una superviviente húngara del holocausto, sin haber tenido ninguna relación nunca con Hungría. Otra diputada saltó furiosa tras descubrirse que unos de sus padres había sido británico de origen escocés y que por lo tanto ella podría tener derecho a solicitar dicho pasaporte: “ya he tirado las gaitas a la basura y la maldita kilt (falda escocesa)”. La rabia de los diputados es comprensible, así como el hastío de los ciudadanos ante un problema tan tonto y artificial.

Suena raro y hasta un tanto estúpido, si me permiten una opinión tan rotunda. Piense usted que Australia es un país joven, formalmente independizado en 1901, pero que aún tiene una relación muy especial con la metrópoli. De hecho, como miembro de la Commonwealth, de una curiosa forma, la reina Isabel II es también reina de Australia.

Este país ha sido formado en su mayoría por diversas oleadas de inmigrantes en los últimos dos siglos, de modo que el número de personas con padres extranjeros es muy alta. Más de un tercio de la población australiana podría encontrarse ante situación similares a las vividas por estos políticos.

No parece que ponerse tan estrictos a la hora de interpretar a estas alturas ese artículo constitucional sea muy práctico. Desde luego poco ayuda a los fines constitucionales que el tribunal debería promover como la lealtad, la identificación y la participación.

Con más espíritu práctico que los jueces, el primer ministro y el líder laborista acaban de acordar darse un plazo para aclarar todas las situaciones dudosas de sus diputados y garantizar así que los afectados pueden renunciar adecuadamente a sus eventuales derechos a otras nacionalidades. Y renunciar también, si toca, de paso a sus gaitas y kilts. Que se sepa no hay de momento ninguno que deba renunciar formalmente al txistu y la txapela, aunque conociendo nuestra historia de migraciones, no descarten que algún caso pudiera aparecer. Preguntaremos en alguna de las tres Euskal Etxeak del país, seguro que saben informarnos.

sábado, 16 de septiembre de 2017

Sobre crisis rohingya


Hoy en mi columna #MirarHaciaOtroLado, que publican DEIA y NOTICIAS DE GIPUZKOA, escribo sobre el grave problema rohingya en Myanmar y añado algún comentario personal sobre la figura de mi otrora admirada Aung San Suu Kyi.


Foto de Miguel Candela publicada en 5W junto a un reportaje de Zigor Aldama


Foto de Danish Siddiqui que publica La Vanguardia





Miedo y guerra de una Nobel de la Paz




Con una dureza que en Naciones Unidas se emplea sólo para los grandes horrores, el Alto Comisionado para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein, inauguró esta semana el Consejo de Derechos Humanos denunciando los crímenes contra el pueblo rohingya en Myanmar.


La máxima autoridad mundial en Derechos Humanos empleó expresiones que su oficina, llena de expertos juristas y diplomáticos, cuida mucho en usar, por sus graves consecuencias, si no quiere, como parece el caso,  enviar advertencias de muy serio alcance. El Alto Comisionado habló de “ataque sistemático contra la comunidad rohingya que podrían posiblemente considerarse como crímenes de guerra, si así lo estableciera un tribunal”. Es una denuncia y es un aviso.


Dado que las pruebas son numerosas y llegan de fuentes solventes, la negativa de Myanmar a aceptar la entrada a la zona de observadores internacionales sólo puede hacer aumentar la convicción de que estamos “ante un ejemplo de libro de limpieza étnica”.


La situación del pueblo rohingya en Myanmar nunca ha sido fácil. Son un pueblo de religión musulmana en un país mayoritariamente budista. Tienen lengua y tradiciones culturales propias. Algunos estudiosos indican que podrían habitar esa zona de la actual Myanmar ya desde el siglo XV, pero el gobierno de Myanmar los considera gente llegada de Bangladesh mucho más recientemente, durante el mandato británico. Desde los años 60 el gobierno busca su salida del país a cualquier precio y les niega la ciudadanía y el acceso a documentación.


El 25 de agosto un grupo armado rohingya atacó diversos puestos policiales. La respuesta del ejército no se hizo esperar. A día de hoy son ya 270.000 personas las que han llegado a Bangladesh huyendo de masacres, quema de poblados y asesinatos. Decenas de miles permanecen atrapados en Myanmar sin poder salir. La reacción es desproporcionada y contraria a derecho.


El gobierno ha afirmado que solo dejará volver a sus tierras a los rohingyas que puedan acreditar su nacionalidad, lo cual resulta una prueba cínica y diabólica, puesto que se les ha negado la documentación durante décadas.


El gobierno de Myanmar está encabezado por la Premio Nobel de la Paz Anug San Suu Kyi, por cuya liberación como presa de conciencia tanto trabajamos en su día los socios y colaboradores de Amnistía Internacional. En 1991 recibió el Premio Nobel de la Paz. Ha escrito poemas y ensayos llenos de valor, belleza y valores de paz y derechos humanos.


Hace años que se venía hablando de su insensibilidad ante la discriminación del pueblo rohingya, pero yo no me esperaba que se convirtiera en una de las responsables de un drama semejante. Las excusas de su gobierno denunciando manipulación de la información por parte de la comunidad internacional no tienen suficiente credibilidad. ¿Qué ha pasado para que esta mujer que fue modelo para los defensores de derechos humanos haya degenerado hasta liderar semejante crimen?


Myanmar está de tal forma dominado por el ejército que el gobierno es incapaz de controlarlo o siquiera criticarlo. Pero le cabe la salida de dimitir y denunciar. Hay quien defiende que además entre la población de Myanmar la causa rohingya despierta tan poca simpatía que resultaría suicida mostrar alguna sensibilidad o reparo.


Hace años Aung San Suu Kyi escribió. “No es el poder lo que corrompe. Es el miedo. El miedo a perder el poder”. Me resisto a aceptarlo, me duele, pero tal vez ella me haya dado la respuesta a mi pregunta.

martes, 25 de julio de 2017

Historias siriacas

(Publicado hoy en DEIA y en Noticias de Gipuzkoa, en mi columna quincenal #MirarHaciaOtroLado)




Historias siriacas

Les propongo para este verano un par de libros sobre un país que en otro tiempo fue atractivo destino turístico y del que hoy sólo sabemos por las noticias de guerra y los relatos de quienes de allí han huido. Les hablo de Siria.




https://www.planetadelibros.com/libro-oriente-medio-oriente-roto/249659
Mikel Ayestaran, Oriente Medio, Oriente roto. Ed. Península.
  
El primer libro es Oriente Medio, Oriente roto, del periodista beasaindarra Mikel Ayestaran. Está muy bien escrito, con pasión y delicadeza, y se lee con la expectación y el ritmo de la mejor novela. Es, además de crónica internacional, un vivo y sabio relato autobiográfico de sus andanzas en la tribu del gran Leguineche, de cuya estirpe es más que muy digno sucesor.


El libro recoge experiencias de 13 años de trabajo como reportero en los lugares más candentes de la zona: Irán, Líbano, Irak, Afganistán, Egipto, Yemen, Pakistán, Libia, Israel, Palestina y, de forma muy destacada, Siria. Dice el autor que “Siria es el conflicto más complicado y peligroso al que me he enfrentado. Me lo creo todo y no me creo nada, por eso trato de ceñirme a lo que veo. Si los propios sirios no saben qué está pasando en su país, ¿cómo vamos a saberlo nosotros? Siria se ha convertido en mi universidad particular para analizar un conflicto irregular en su máxima expresión”.


De su misma generación es el sirio Ibrahim Alsabagh, sacerdote franciscano. Un hombre de libros que tras sus estudios de medicina y filosofía en Damasco y Líbano, se muda a Roma para iniciar un doctorado en Teología. Allí, entre bibliotecas y latines, le llegan las primeras noticias de la guerra en su país. Sus superiores le piden que abandone su doctorado y se haga cargo de una parroquia en la ciudad asediada de Alepo. El padre Ibrahim cambia entonces su pacífica vida de Roma por los bombardeos, las casas destruidas, la falta de agua y de electricidad durante semanas, y el acoso de las milicias fundamentalistas.



https://www.edicionesencuentro.com/libro/un-instante-antes-del-alba.html
Ibrahim Alsabagh, Un instante antes del alba. Ed. Encuentros
  
Su libro, titulado Un instante antes del alba, es recomendable especialmente para quien sea creyente o tenga al menos cierta sensibilidad espiritual, puesto que es una búsqueda religiosa desde su quehacer diario parroquial. No es un libro para aprender geopolítica regional, sino para acompañar la experiencia del padre Ibrahim.


Es la larga batalla de Alepo. Bajo los misiles la vida de la ciudad sigue e Ibrahim, sin distinción de credos o ritos, abre su pozo a los vecinos y aprende a ducharse con un litro de agua, lucha contra desahucios, atiende a los heridos, los muertos y sus familias, y -los afanes cotidianos- abre los locales parroquiales para que los jóvenes preparen, con luz y sin frío, sus exámenes. Entre bombas su parroquia reza por sus enemigos: “nos mandan la muerte y nosotros les devolvemos la vida. Nos lanzan el odio y nosotros ofrecemos a cambio el amor”.


La pregunta de pronto no es porqué la gente sale de Alepo en busca de refugio, sino la contraria: cómo es posible que haya quien a pesar de todo se queda. Algunos de sus parroquianos se quedan porque son demasiado pobres, otros porque no quieren dejar a sus mayores desamparados, y los hay que se quedan por compromiso con la identidad y la historia de su pueblo. En estas tierras siriacas el cristianismo tiene raíces muy antiguas. Es aquí que un tal Pablo cayó, hubiera o no caballo de por medio, y tuvo luego que dejarse descolgar por las murallas de Damasco para salvar su vida. Los primeros grupos cristianos se formaron cuando todavía no hacía una década de la muerte de Cristo. Los distintos ritos, como el armenio, el ortodoxo, el latino o el maronita, que conviven en la misma ciudad, son fruto de esa larga historia, cuyo peso se siente aún en la vida de esas comunidades asediadas, diezmadas tras cinco años de guerra y aún pacíficamente resistentes en las que el sobrecogedor libro del padre Ibrahim nos adentra.

martes, 20 de junio de 2017

Día Mundial de los Refugiados


Hoy se celebra el Día Mundial de los Refugiados.


La ONU informa que a finales de 2016 había un total de 65,6 millones de personas desplazadas, 300.000 más que en 2015. Esa cifra incluye a las personas refugiadas, internamente desplazadas y solicitantes de asilo.

Un récord histórico.


Más información aquí.


http://www.unhcr.org/withrefugees/es/#_ga=2.238731653.422795862.1497971076-1401104237.1497971076
#ConLosRefugiados
  





martes, 23 de febrero de 2016

Las lenguas de Ginebra

Ayer domingo la portada del periódico Tribune de Geneva se veía así:

No es muy común ver en primera plana de un periódico, como argumento principal para un domingo, un reportaje sobre diversidad lingüística.

En la página 3 se titula de esta forma tan positiva:


En Ginebra, según este reportaje, se hablan unas 150 lenguas.


Este dato es congruente con el estudio que hace ya casi 10 años realizó AMARAUNA entonces en  UNESCO Etxea y luego transformada en Cátedra UNESCO de Patrimonio Lingüístico Universal, junto a IKUSPEGI, bajo la dirección de la catedrática Itziar Idizabal y coordinado por la inolvidable Belén Uranga, de quien tantas cosas aprendí, que concluía que en torno a 100 lenguas estaban representadas entonces en el País Vasco.

Lo importante no son de todas formas la cifras que se facilitan, sino la actitud del Cantón de fomenter la valoración, el conocimiento y el uso de esas lenguas.

Puedes ver el reportaje aquí enlazado:

http://www.tdg.ch/geneve/actu-genevoise/langues-etrangeres-tresor-cantonal-meconnu/story/29940404

viernes, 19 de febrero de 2016

Justicia Sin Fronteras y Migraciones

El próximo lunes hay una importante conferencia en la Universidad de Deusto a la que os animo a asisitir. Yo estaré ya en Ginebra, en las sesiones del Comité DESC, así que me la perderé.

Se titula:  “Justicia sin fronteras: Migraciones masivas y lucha contra la impunidad”. Como veis, se trata de un tema de mucha actualidad.

La ponente será Fannie Lafontaine, la coordinadora de la Cátedra de investigación de Canadá sobre Justicia Penal internacional y Derechos Humanos.

Aquí puedes encontrar toda la información:

http://www.deusto.es/cs/Satellite/deusto/es/universidad-deusto/vive-deusto/conferencia-de-fannie-lafontaine-sobre-las-migraciones-masivas-en-deustoforum/noticia

domingo, 22 de noviembre de 2015

No hay una respuesta perfecta a la crisis de los refugiados

Los más asiduos a este blog ya sabéis que en algún otro momento he escrito sobre esta idea de que "No hay una respuesta perfecta a la crisis de los refugiados". Ayer, sábado 21 de Noviembre, publiqué esas ideas en forma de un artículo ya más formal en mi espacio quincenal #MirarHaciaOtroLado, ya sabéis, sábados alternos en el diario DEIA:

#MirarHaciaOtroLado4

#MirarHaciaOtroLado4 #CrisisdelosRefugiados #Europa #GobernanzaGlobal

jueves, 19 de noviembre de 2015

Entrevista en la SER: París, refugiados y retretes.

Ayer estuve en la SER. La excelente periodista que es Eva Domaika me hizo una entrevista en que se sucedieron varios temas.

http://cadenaser.com/emisora/2015/11/18/radio_bilbao/1447878797_957583.html

En principio la entrevista estaba concertada hace más de una semana para hablar del 70 aniversario de las Naciones Unidas.

http://www.un.org/un70/es

Pero la actualidad, obviamente se impuso y trastocó los planes. Comenzamos hablando del Día Mundial del Retrete #WorldToiletDay, que se celebra hoy mismo.

Por cierto, no os olvidéis que los amigos de UNESCO Etxea organizan hoy un acto en Bilbao con este motivo (a las 18,30 en la Sala Rekalde) y el lunes 23 otro en Madrid, también a las 18,30, pero esta vez en el Colegio de Ingenieros Técnicos Industriales de Madrid (COITIM).


http://www.mikelmancisidor.blogspot.com.es/2015/11/worldtoiletday-en-madrid.html

De inmediato nos fuimos a París, por supuesto, y compartimos más preguntas e incertidumbres que respuestas o certezas. De ahí pasamos a hablar sobre refugiados y terminamos en la crisis y los recortes... Bueno, realmente terminé hablando de algunos amigos e incluso de mi hija. Lujos que le permiten a uno.

Adjunto el audio de la entrevista aquí.

http://cadenaser.com/emisora/2015/11/18/radio_bilbao/1447878797_957583.html

sábado, 7 de noviembre de 2015

No hay una respuesta perfecta a la crisis de los migrantes.

Se ha escrito mucho estos últimos meses sobre la crisis de los migrantes en el Mediterráneo. Yo mismo he publicado alguna cosita en medios (1 y 2), como bien saben los que siguen este blog.

Es difícil por lo tanto, tras tantas ríos de tinta, sentir que de pronto alguien dice algo nuevo, algo diferente, con voz propia, desusado y valiente.

He tenido es sensación al leer este artículo de Jeffrey Sachs en el Guardian: There’s no perfect answer to the migrant crisis – and we must face that, algo así como No hay una respuesta perfecta a la crisis de los migrantes y debemos afrontar ese hecho.

http://www.theguardian.com/commentisfree/2015/nov/02/answer-migration-crisis-refugees-europe

Me parece inteligente reconocer los valores de las distintas posiciones pero al mismo tiempo sus carencias y limitaciones. Me parece valiente decir que el actual dilema en el que se encuentra Europa no es comparable, como tantos intentan hacer, con las corrientes migratorias de otras épocas (y de otras regiones) precisamente por las prestaciones que Europa se obliga a garantizar a los refugiados y a los migrantes.

Es lo que yo en su día intenté explicar en mi entrada No, Europa no es la mala de esta película. Es como si, de alguna forma, Europa tuviera su castigo en su virtud... o dicho de una forma menos efectista, como si Europa no fuera capaz de resolver sus dilemas con las categorías jurídicas y morales que se ha impuesto. En esa patente incapacidad muestra sus contradicciones y sus limitaciones. Es fácil denunciar esas contradicciones y limitaciones, pero no sé si es justo cargar las tintas sobre un problema que surge de un imposible para el que nadie, ni dentro ni fuera de Europa, tiene respuesta.

Por eso me congratula tanto que una autoridad intelectual y moral de la talla de Jeffrey Sachs se atreva a subrayar esta imposibilidad de la que hablo (y hablaba en la entrada que comento) que no hay solución satisfactoria a este dilema, que no hay respuesta perfecta y que tenemos que entenderlo aceptarlo, que There’s no perfect answer to the migrant crisis and we must face that.

"There are no easy answers to Europe's migration crisis. Perhaps that fact alone – the reality that all options are insufficient – could be the basis to build a consensus out of the bitter divisions that now grip the continent."
en mi traducción diria algo así como: "no hay respuestas fáciles a la crisis migratoria en Europa. Quizá este solo hecho (la realidad de que todas las opciones son insuficientes) podría ser la base para construir un consenso mas allá de las agrias divisiones que atenazan ahora al continente."  
Ya, ya sé que es más reconfortante pensar que hay soluciones redondas y que únicamente la estupidez y la mezquindad de nuestros gobernantes nos separa de ese paraíso. Es reconfortante por que es simple: nos hace creer que los problemas tienen soluciones nítidas (les idées claires et distintas que diría el viejo Descartes) y que hay buenos y malos. Al parecer este esquema relaja nuestras necesidades cognitiva y moral. Pero lo siento, creo que la realidad no es así y creo que, precisamente por haberme dedicado a los derechos humanos desde hace más de 20 años (y tal vez a estas alturas saber algo sobre derechos humanos), me toca decirlo.
"There is, in short, no good answer. Such an honest reflection could, by itself, help our societies think more clearly about the least bad options."
o sea: "en pocas palabras, no hay buenas respuestas. Semejante honesta reflexión, por sí sola, podría ayudar a nuestras sociedades a pensar con mayor claridad sobre las opciones menos malas"  
Esto de las soluciones menos malas no resulta muy atractivo, lo sé.

No tener ni respuestas completamente buenas, ni villanos a los que culpar de ello, nos hace sentir cierto vacío, como un poco huérfanos, sin referencias, sin señales, sin pistas, pero al tiempo nos acerca, creo yo, a la madurez. No sé si a la madurez intelectual, eso es mucho decir, pero al menos sí a la madurez ciudadana y a la responsabilidad ciudadana que conlleva.