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viernes, 16 de noviembre de 2018
El Día de las Librerías
Hoy es el Día de las Librerías y he querido aprovechar para hablar de librerías, de ciudad, de futuro, de modelo de sociedad, de consumo y, sobre todo, de mis libreros de cabecera.
sábado, 22 de septiembre de 2018
Marceline Loridan-Ivens: una mujer que es memoria
Hoy escribo en DEIA sobre esta mujer
se llamaba Marceline Loridan-Ivens. Murió el martes. Y es una mujer que hay que conocer y recordar.
Marceline no fue un
personaje fácil ni complaciente. Es inclasificable. Su legado no
sirve a la izquierda, que no le perdona su defensa de la existencia
de Israel y su derecho a defenderse. No sirve a la derecha, que la ve
como una comunista no suficientemente reformada. No sirve a Israel,
por su ateísmo y su judaísmo cosmopolita, laico y contaminado. No
sirve a cierto feminismo que dice buscar mujeres fuertes, pero que
reniega de las que por serlo tienen criterio disidente y osan
expresarlo. No sirve a la memoria oficial de Francia, que quiere
recordarse resistente y no colaboracionista. La memoria de Marceline
no sirve para confirmar ninguna ortodoxia, para dar la razón a
ningún grupo: sólo sirve para buscar trágica, agónicamente.
Se hizo comunista y
vivió las rigideces de la ortodoxia y pagó los costes del
desviacionismo, pero varias cosas le salvaron de la prisión interior
del fanatismo ideológico: el amor a la cultura, la curiosidad
intelectual, la compasión por el sufrimiento del inocente y un duro,
cínico sentido del honor. La inteligencia no nos libra del
fanatismo. La historia y el presente nos dan ejemplos de
inteligencias prodigiosas entregadas a la fantasía de cualquier
ideología suficientemente redonda y cruel. Solo la lúcida mezcla de
cultura, curiosidad, piedad y humor nos da alguna esperanza.
Marceline fue
deportada junto a su amado padre. Él se lo advirtió: yo soy mayor,
no volveré, pero tú eres joven, sí regresarás. Lo contó en un
libro que es homenaje: Y tú no regresaste.
se llamaba Marceline Loridan-Ivens. Murió el martes. Y es una mujer que hay que conocer y recordar.
MARCELINE:
UNA MUJER QUE ES MEMORIA
Esta semana ha
muerto a los 90 años Marceline Loridan-Ivens, escritora, cineasta y
superviviente del Holocausto. Este verano murió Claude Lazmann, con
quien tiene tantos paralelismos. El verano pasado murió Simone Veil,
hermana en la deportación y el martirio de Auschwitz. Van quedando
pocos de aquellos que vivieron los campos de concentración. Nuestro
deber es escuchar y honrar su memoria.
Marceline no fue un
personaje fácil ni complaciente. Es inclasificable. Su legado no
sirve a la izquierda, que no le perdona su defensa de la existencia
de Israel y su derecho a defenderse. No sirve a la derecha, que la ve
como una comunista no suficientemente reformada. No sirve a Israel,
por su ateísmo y su judaísmo cosmopolita, laico y contaminado. No
sirve a cierto feminismo que dice buscar mujeres fuertes, pero que
reniega de las que por serlo tienen criterio disidente y osan
expresarlo. No sirve a la memoria oficial de Francia, que quiere
recordarse resistente y no colaboracionista. La memoria de Marceline
no sirve para confirmar ninguna ortodoxia, para dar la razón a
ningún grupo: sólo sirve para buscar trágica, agónicamente.
Se hizo comunista y
vivió las rigideces de la ortodoxia y pagó los costes del
desviacionismo, pero varias cosas le salvaron de la prisión interior
del fanatismo ideológico: el amor a la cultura, la curiosidad
intelectual, la compasión por el sufrimiento del inocente y un duro,
cínico sentido del honor. La inteligencia no nos libra del
fanatismo. La historia y el presente nos dan ejemplos de
inteligencias prodigiosas entregadas a la fantasía de cualquier
ideología suficientemente redonda y cruel. Solo la lúcida mezcla de
cultura, curiosidad, piedad y humor nos da alguna esperanza.
Marceline fue
deportada junto a su amado padre. Él se lo advirtió: yo soy mayor,
no volveré, pero tú eres joven, sí regresarás. Lo contó en un
libro que es homenaje: Y tú no regresaste.
Luego escribió otra
obra que imperdonablemente aún no está editada en español: L'amouraprès. Una niña pudorosa que no había visto a nadie
desnudo, ni de su familia, ni se había desnudado ante nadie, y de
pronto debe hacerlo junto a muchas, como cuerpos que son ganado o
cosas o marionetas, frente a un doctor de apellido Mengele. La
adolescente que había visto todas las caras de la muerte, todas sus
formas, sus olores y sus gritos, pero nada sabía del amor y de una
piel suave o un beso: J’ai tout vu de la mort sans rien conaître
de l’amour. No quiso hijos e hizo de ello una pregunta sobre su
nihilismo paradójicamente lleno de vida y creación.
Una mujer que resume
la historia de su siglo. Fue anticolonialista contra su país siendo
por ello detenida, pero denunció después las miserias de los nuevos
estados sin el paternalismo tonto de la queja eterna y victimista de
ese colonialismo que ella sí combatió. Tuvo que cavar tumbas y ser
parte del sistema de eliminación de los suyos. Y olvidó y negó y
recordó y aceptó.
Marceline veía cómo
la vejez la dulcificaba y eso le gustaba. Fue bella y dura, sonriente
y sufriente, fuego rojizo en el pelo y en el corazón. No la habrán
visto en los periódicos. Por eso quería traerla aquí: para que su
memoria no desaparezca y viva en la nuestra.
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Segunda Guerra Mundial
sábado, 8 de septiembre de 2018
Las llamas del Museo (Nacional de Brasil) y usted y yo
Hoy en #MirarHaciaOtroLado en DEIA hablo, con motivo del incendio del Museo Nacional en Río de Janeiro, sobre cultura, patrimonio, sobre la responsabilidad de las instituciones públicas en su mantenimiento y promoción, pero sobre todo de algo que me interesa más: sobre la responsabilidad de cada uno de nosotros en ello. A ver si os gusta:
Las llamas del
Museo y usted y yo
El Museo Nacional de
Brasil, en Río de Janeiro, ha sufrido este domingo un devastador
incendio. Probablemente ha visto usted las espectaculares imágenes
del incendio y ha leído algún reportaje en que se describen los
tesoros perdidos.
El Museo albergaba
unos 20 millones de piezas de las que podría haberse perdido un 90%.
Entre ellas nos encontramos con colecciones únicas de culturas
indígenas, patrimonio material e inmaterial de culturas ya extintas,
registros únicos y no copiados de lenguas y músicas desparecidas.
Se han calcinado colecciones botánicas y zoológicas de especies
perdidas y por lo tanto información de interés científico
irrecuperable. Se han perdido los restos humanos más antiguos de
América. Hemos perdido historia colonial y arte egipcio, griego y
romano. Se trata de una enorme pérdida cultural para Brasil y para
el mundo, puesto que los bienes quemados son por definición
patrimonio de la humanidad: su riqueza artística, su valor cultural
y los secretos que albergaban a la espera de los investigadores que
los desentrañaran, nos pertenecían a todos.
Es paradójico,
resulta casi ridículo, pero es real: usted y yo hemos perdido en
Brasil esta semana parte de nuestra memoria, de nuestro patrimonio,
de nuestra riqueza, aún cuando no supiéramos de su existencia.
Durante esta semana
hemos sabido de los recortes en cultura, de las lamentables
condiciones de mantenimiento y seguridad del Museo. Ha habido tiempo
para culpar con justicia a los políticos, a los responsables del
gobierno, por su desidia, por su criminal desinterés por la cultura
en un país de enormes riquezas, que dilapida sus recursos en gastos
superfluos y suntuarios y en una corrupción infinita que carcome la
estructura del país. Bien, yo me sumo a la denuncia, pero sobre eso
ya está todo dicho: quisiera ir un poco más lejos.
Culpar a los
políticos es justo, pero es insuficiente. Los políticos ponen su
atención donde la ponen sus electores. Un estudio revelaba que los
brasileños que habían visitado este Museo eran la mitad que los que
habían visitado el Louvre. Todos lamentarán profunda, sincera y
justificadamente la pérdida, pero pocos disfrutaron del tesoro
mientras se podía.
Nuestro interés
real se mide en tiempo y en dinero. ¿Cuánto tiempo hemos dedicado
usted y yo a los museos o exposiciones de nuestro país?, ¿cuánto
tiempo he pasado en sus bibliotecas o salas de concierto o de teatro
estos últimos meses?, ¿cuántas entradas de museo o de teatro o de
conciertos he comprado?, ¿cuántos libros he comprado?, ¿cuántas
visitas culturales he hecho este verano?, ¿a cuántas conferencias
asistí el curso pasado?, ¿cuánto tiempo dedico a participar
voluntariamente en las actividades culturales o patrimoniales de mi
entorno?, ¿cuánto tiempo dedico a la programación cultural en
relación al que dedico al fútbol o a los cotilleos? (pienso, por
ejemplo, en la radio y televisión públicas, en tres programas
ejemplares en ciencia, literatura e historia, respectivamente: La
Mecánica del Caracol, Pompas de Papel y Una Historia de Vasconia)
En esta relación de
nuestro tiempo y de nuestro dinero está la medida de nuestro interés
en la cultura, la ciencia o el patrimonio, nuestro interés por su
protección y difusión. Nada podemos hacer por el tesoro que hemos
perdido en Río, pero podemos hacer mucho por el patrimonio que nos
toca conservar y promocionar: no sólo ni principalmente mirando al
gobierno, sino organizando nuestro tiempo y nuestro bolsillo.
lunes, 2 de julio de 2018
PROGRAMA CURSO RENÉ CASSIN ESTRASBURGO
INTRODUCCIÓN
AL DERECHO INTERNACIONAL DE LOS DERECHOS HUMANOS
INSTITUTO
INTERNACIONAL DE DERECHOS HUMANOS RENÉ CASSIN
ESTRASBURGO,
2 Y 3 DE JULIO 2018
DÍA 1
I. ¿QUÉ SON LOS
DERECHOS HUMANOS?
- Teorías y definiciones. Búsqueda debatida de algunas claves
útiles.
II. EL LUGAR DE LOS
DERECHOS EN EL MUNDO CONTEMPORÁNEO
III. UN POCO DE
HISTORIA: LA INTERNACIONALIZACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS
DÍA 2
IV. EJERCICIO
PRÁCTICO:
EN BUSCA DEL
CONTENIDO NORMATIVO DERECHO A LA EDUCACIÓN
V. DEL TRATADO (Y EL
COMENTARIO GENERAL) AL CASO CONCRETO:
DOS CASOS (2015 Y
2017) CONTRA ESPAÑA POR VIOLACIÓN DERECHO A LA VIVIENDA
VI. MUJER Y DESC:
MÁS ALLÁ DEL
PRINCIPIO DE NO DISCRIMINACIÓN.
DÍA 3
VII. ALGUNOS RETOS
DE FUTURO: EMPRESAS Y DERECHOS HUMANOS
VIII. ALGUNOS
DILEMAS PARA DEBATIR:
- Palmira: ¿es un problema de patrimonio cultural o de Derechos
Humanos?
- Movimiento antivacunas, libertades, derechos/obligaciones de los
padres y derechos del niño.
- La obesidad y el Derecho a la Alimentación.
IX. EL DESARROLLO DE
LOS DERECHOS HUMANOS. DOS EJEMPLOS:
- DERECHO AL AGUA
- DERECHO A LA
CIENCIA
X. ALGUNAS LECTURAS
INSPIRADORAS.
-
Annan, Kofi: Intervenciones. Una vida en la guerra y en la paz.
-
Buergenthal, Thomas: Un niño afortunado.
-
Ebadi, Shirin. El despertar de Irán.
-
Frank, Ana. Diario.
-
Frankl, Viktor: El hombre en busca de sentido.
-
Gbowee, Lymah. Un sueño de Paz.
-
Ginz, Petr. Diario de Praga
-
Glendon, Mary Ann: Un mundo nuevo. Eleanor Roosevelt y la Declaración
de los Derechos Humanos.
-
Gómez Isa, Felipe. La Declaración Universal de los Derechos
Humanos.
-
Hessel, Stéphane. Mi baile con el siglo.
-
Innerarity, Daniel. La transformación de la política.
-
Kennedy, Paul. El Parlamento de la Humanidad.
-
Morsink, Johannes. The Universal Declaration of Human Rights.
-
Pinker, Steven y otros: Do Humankind’s Best Days Lie Ahead?
-
Rodríguez Palop, María Eugenia: Claves para entender los Derechos
Humanos.
-
Schutter,
Olivier de.
International Human
Rights Law
-
Snyder, Timothy. Sobre la Tiranía. Veinte lecciones que aprender del
siglo XX.
-
Villán Durán, Carlos y Faleh Pérez, Carmelo. El Sistema Universal
de Protección de los Derechos Humanos y su aplicación en España.
-
Zweig, Stefan. Conciencia contra violencia. Castiello contra Calvino.
-
Zweig, Stefan. La desintoxicación moral de Europa.
lunes, 23 de abril de 2018
A vueltas con el Diario de Ana Frank
Escribo esta nota con dolor y rabia. Sí, es que me repugna cuando la ignorancia es, además de osada, cruel.
Hoy El País publica un bonito reportaje firmado por Jan Martínez Ahrens sobre una exposición celebrada en un pueblito de Iowa en torno Ana Frank y su Diario. El reportaje no incluye, ni lo pretende, revelaciones novedosas sobre la vida o la obra de Ana, pero sí trata con respeto una interesante historia paralela o derivada (la de su "amiga" epistolar de América) y da a conocer una loable iniciativa en el citado pueblo por recordar esa historia. Sin más. No es poco. Yo lo he leído esta mañana en la edición en papel con interés y gusto.
Pero si traigo esa historia aquí es porque esta noche he querido entrar en la edición digital del reportaje. Sabía lo que buscaba y lo que me arriesgaba a encontrar. No era lo que escribe Jan, ni las fotografías que se acompañan. Quería leer los comentarios. Sabía que asumía un riesgo, pero no esperaba que fuera tan alto. El riesgo de darte de bruces con esa combinación de obstinada ignorancia, intencionada crueldad e irresponsable insolvencia propia de la peor cara de las redes.
La ignorancia es excusable cuando es insalvable, pero no cuando uno tiene a su disposición toda la información y se empeña sin embargo libremente en optar por las versiones más tontas, más increíbles, mas morbosas, más supuestamente alternativas... y más falsas de cada historia. En ese caso la decisión de equivocarse se torna en decisión responsable por mentir, por liar, por confundir, por embarullar, por convertir las redes en fango, inmundicia y porquería. No, no hay inocencia: hay maldad.
En el momento en que escribo esta nota hay 25 comentarios. Sin ánimo de ser exhaustivo:
- 6 de ellos (más de un 20%!!!!!) afirman directamente que el Diario es una falsificación, incluso que Ana no existió; que es todo una industria; sale a relucir la historia sobre que estaban escritos a boli o que los Diarios fueron escritos por su padre una vez terminada la guerra (tres personas afirman con rotundidad y aparentando tener elementos concluyentes, como si de constatar un hecho se tratara, semejante mentirosa burrada tan del gusto de revisionista y negacionistas, incluso afirmando que el propio padre lo reconoció). Son versiones torpemente zurcidas con elementos de aquí y de allí unidos alevosamente para que los datos terminen diciendo lo contrario de lo que verdaderamente dicen si se ordenan con rigor conociendo la historia del Diario.
- otros 2 hacen simplemente consideraciones despectivas gratuitas.
- otros 3 se centran en el originalísimo hallazgo de que hay otras víctimas en el mundo además de Ana Frank.
- otros 4 se enzarzan en debates paralelos (si Ana era más holandesa que alemana o viceversa).
- de otros soy incapaz de entender la intención o sentido de su comentario.
- finalmente hay unos pocos (¿quizá dos o tres?) comentarios respetuosos o positivos.
Hace 10 días tuve el honor de compartir mesa en el Parlamento Europeo con la historiadora Deborah Lipstadt, famosa por su lucha académica, social y luego, muy a su pesar, judicial contra el negacionismo. En su intervención tocó también el ejemplo de la polémica del Diario de Ana Frank.
Su historia ha sido recientemente (2016) llevada a la pantalla bajo el título DENIAL y su personaje interpretado por Rachel Weisz.
La mesa trataba de ciencia. ¿Qué pintaba una historiadora como ella en semejante mesa? Resultó una ponencia inolvidable: ella nos habló de cómo luchar contra el negacionismo y cómo alguna de las lecciones que ha aprendido pueden servir para luchar, por ejemplo, contra el negacionismo en ciencia (desde el SIDA al Cambio Climático, pasando por las vacunas) y contra las pseudociencias.
Respiro y aprendo de su perseverante y sabia calma. Y, como ella, no me rindo, pero con tranquilidad les remito, si les interesa, al documento de "10 preguntas sobre la autenticidad del Diario de Anna Frank" publicado por su Casa Museo.
Además déjenme un último homenaje a Miep Gies, la mujer que recogió del suelo de la casa de atrás el diario de Ana poco después de que se llevaran a sus ocupantes y que lo entregó después a su padre, cuando éste volvió vivo (quizá ése es la culpa que no le perdonan) de los campos de exterminio en que perdió a su mujer y sus dos hijas. Escribí hace unos años un artículo sobre ella. Aquí lo tienes.
No tenía intención de hablar del día del libro, pero he escrito hoy una entrada sobre uno de los más grandes y verdaderos libros del siglo XX.
sábado, 7 de abril de 2018
La llamada de la tribu de Mario Vargas Llosa
Los medios del Grupo Noticias, DEIA y Noticias de Gipuzkoa, publican mi columna semanal #MirarHaciaOtroLado que hoy dedico al nuevo libro de Mario Vargas Llosa: La llamada de la tribu.
Hace unos días
visité Lima para dar unas clases y me pareció el sitio adecuado
para comprarme el último libro de Mario Vargas Llosa. Tras picar un
poco en el largo vuelo de vuelta, la Semana Santa me ha regalado un
tiempo precioso para terminarlo. El libro se titula La llamada de la
tribu.
Vargas Llosa presenta en este libro a siete pensadores que han sido claves en su evolución intelectual y política, en su transformación desde el joven comunista á la Sartre que fue en Lima, hasta el liberal de Madrid que es hoy. Por eso el autor reconoce que “no lo parece, pero se trata de un libro autobiográfico”.
Lo mejor del libro quizá sea su prólogo, donde cuenta esa evolución desde “la identificación con la Revolución cubana que duró buena parte de los años sesenta y a la que defendí con manifiestos, artículos u actos públicos”. Recuerda sus años parisinos en que gusta de leer autores que le retan intelectualmente precisamente por defender posiciones ideológicas muy diferentes. Impagable es ese párrafo en que confiesa que “una vez a la semana compraba a escondidas el periódico réprobo de la izquierda, Le Figaro, para leer el artículo de Raymond Aron, cuyos penetrantes análisis de la actualidad me incomodaban a la vez que me seducían”. Reconozco en esa atracción que ejerce el pensador ideológicamente lejano, pero al que se reconoce inteligencia, honestidad y saber, la semilla de la maravillosa aparente traición a uno mismo que supone evolucionar y cambiar para ser así aún más uno mismo siendo distinto. No pocas veces leí yo a mis veintitantos algunos ensayos del propio Mario Vargas Llosa, no a escondidas pero sí con esa mezcla de incomodidad y seducción de la que él habla, como practicando un vicio un tanto impuro.
Evoluciona Vargas Llosa a un liberalismo cada vez más clásico pero también abierto y tolerante, como el de sus maestros, y en todo caso basado en la igualdad de oportunidades que sólo puede partir, eso lo defiende con claridad, de una educación universal de calidad para todos.
Vargas Llosa presenta en este libro a siete pensadores que han sido claves en su evolución intelectual y política, en su transformación desde el joven comunista á la Sartre que fue en Lima, hasta el liberal de Madrid que es hoy. Por eso el autor reconoce que “no lo parece, pero se trata de un libro autobiográfico”.
Lo mejor del libro quizá sea su prólogo, donde cuenta esa evolución desde “la identificación con la Revolución cubana que duró buena parte de los años sesenta y a la que defendí con manifiestos, artículos u actos públicos”. Recuerda sus años parisinos en que gusta de leer autores que le retan intelectualmente precisamente por defender posiciones ideológicas muy diferentes. Impagable es ese párrafo en que confiesa que “una vez a la semana compraba a escondidas el periódico réprobo de la izquierda, Le Figaro, para leer el artículo de Raymond Aron, cuyos penetrantes análisis de la actualidad me incomodaban a la vez que me seducían”. Reconozco en esa atracción que ejerce el pensador ideológicamente lejano, pero al que se reconoce inteligencia, honestidad y saber, la semilla de la maravillosa aparente traición a uno mismo que supone evolucionar y cambiar para ser así aún más uno mismo siendo distinto. No pocas veces leí yo a mis veintitantos algunos ensayos del propio Mario Vargas Llosa, no a escondidas pero sí con esa mezcla de incomodidad y seducción de la que él habla, como practicando un vicio un tanto impuro.
Evoluciona Vargas Llosa a un liberalismo cada vez más clásico pero también abierto y tolerante, como el de sus maestros, y en todo caso basado en la igualdad de oportunidades que sólo puede partir, eso lo defiende con claridad, de una educación universal de calidad para todos.
Tras el prólogo
vienen siete ensayos breves que presenta a los grandes pensadores que
han marcado, acompañado o incluso provocado ese periplo ideológico:
Adam Smith, Ortega y Gasset, von Hayek, Karl Popper, Raymond Aron,
Isaiah Berlin y Jean-François Revel.
Estos ensayos no son una obra de investigación académica, ni lo pretenden. Están escritos por un hombre apasionado que a estas alturas no vamos a descubrir que es inteligente, incisivo, culto y que escribe maravillosamente bien. De modo que se leen con mucho agrado y provecho.
Yo me reconozco en su repaso a tres autores que también han sido importantes en mi propia evolución intelectual: Popper, Aron y, sobre todo, Berlin. El ensayo sobre Berlin me ha conmovido especialmente no sólo por leer ideas que he pensado yo en ocasiones creyéndome original, sino por descubrir que las circunstancias biográficas en que Vargas Llosa descubre a Berlín, su forma de ir entrando en este autor y las razones de su estima son casi calcadas a las mías.
Muy pertinente resulta su interés por aclarar la diferencia entre el liberalismo y el conservadurismo o la derecha, conceptos tan confundidos en nuestro entorno. El ejemplo de Trump, tan de derechas y tan antiliberal, sirve de ayuda.
Dos reproches le puedo hacer al libro. El primero es que para Vargas Llosa el liberalismo político va necesariamente unido al liberalismo económico, cosa que yo no tengo por tan cierta. Creo compatibles diversas relaciones de liberalismo político y socialdemocracia económica, por ejemplo, en diferentes equilibrios posibles. El otro asunto es menos teórico y más visceral. El autor se muestra duro con los intelectuales de izquierda que fueron insensibles al sufrimiento humano, que fueron ciegos a la represión cuando se vestía de rojo esperanza, que apoyaban regímenes totalitarios si el discurso prometía con suficiente pasión el asalto a las puertas del paraíso. Me sorprende verle sin embargo más comprensivo con alguno de sus autores preferidos cuando apoyaba regímenes igualmente violentos y liberticidas pero de otro color distinto, del tono, por ejemplo, de las gafas de sol de Pinochet.
Estos ensayos no son una obra de investigación académica, ni lo pretenden. Están escritos por un hombre apasionado que a estas alturas no vamos a descubrir que es inteligente, incisivo, culto y que escribe maravillosamente bien. De modo que se leen con mucho agrado y provecho.
Yo me reconozco en su repaso a tres autores que también han sido importantes en mi propia evolución intelectual: Popper, Aron y, sobre todo, Berlin. El ensayo sobre Berlin me ha conmovido especialmente no sólo por leer ideas que he pensado yo en ocasiones creyéndome original, sino por descubrir que las circunstancias biográficas en que Vargas Llosa descubre a Berlín, su forma de ir entrando en este autor y las razones de su estima son casi calcadas a las mías.
Muy pertinente resulta su interés por aclarar la diferencia entre el liberalismo y el conservadurismo o la derecha, conceptos tan confundidos en nuestro entorno. El ejemplo de Trump, tan de derechas y tan antiliberal, sirve de ayuda.
Dos reproches le puedo hacer al libro. El primero es que para Vargas Llosa el liberalismo político va necesariamente unido al liberalismo económico, cosa que yo no tengo por tan cierta. Creo compatibles diversas relaciones de liberalismo político y socialdemocracia económica, por ejemplo, en diferentes equilibrios posibles. El otro asunto es menos teórico y más visceral. El autor se muestra duro con los intelectuales de izquierda que fueron insensibles al sufrimiento humano, que fueron ciegos a la represión cuando se vestía de rojo esperanza, que apoyaban regímenes totalitarios si el discurso prometía con suficiente pasión el asalto a las puertas del paraíso. Me sorprende verle sin embargo más comprensivo con alguno de sus autores preferidos cuando apoyaba regímenes igualmente violentos y liberticidas pero de otro color distinto, del tono, por ejemplo, de las gafas de sol de Pinochet.
domingo, 3 de diciembre de 2017
El europeísmo de Stefan Zweig
Hoy en mi columna #MirarHaciaOtroLado, de los medios del GRUPO NOTICIAS, como DEIA y Noticias de Gipuzkoa, hablo del Europeísmo de Stefan Zweig, con motivo de la publicación de un nuevo libro que recoge textos suyos inéditos hasta la fecha en español. Aprovecho además para hacer un guiño cariñoso a mi querido abuelo.
El artículo lo copio abajo y el libro lo tienes aquí, en la Editorial Plataforma (responsables de otras maravillas como, por ejemplo, “Un niño afortunado” de Thomas Buergenthal, libro del que hablé en su momento también en este blog):
El artículo lo copio abajo y el libro lo tienes aquí, en la Editorial Plataforma (responsables de otras maravillas como, por ejemplo, “Un niño afortunado” de Thomas Buergenthal, libro del que hablé en su momento también en este blog):
EL EUROPEÍSMO DE ZWEIG
Mis primeros recuerdos de Stefan Zweig me llevan a la biblioteca de mi abuelo, en un comedor al fondo tras la cocina. Stefan Zweig era un nombre en el lomo de varios libros editados en cartoné de tela normalmente azul o verde o roja que ya griseaba por el paso de las décadas. Eran biografías, una de las grandes aficiones de mi abuelo, y me vienen a la cabeza los nombres, hazañas y dilemas de Erasmo, Fouché, María Antonieta y María Estuardo.
Por aquel tiempo, para mí Zweig era un biógrafo un tanto decadente en ediciones de los años 40 y traducciones engoladas y llenas de vocabulario viejuno que le hacían, visto ahora en retrospectiva, muy flaco favor al autor.
Fue 30 años después, cuando la Editorial Acantilado publicó sus memorias, que pude reencontrarme con un gigante de la historia, de la literatura y del pensamiento. El Mundo de Ayer me tuvo fascinado durante semanas: era tierno, humano, inteligente, elegante, sabio… era un libro que se hacía humano hasta sentirlo físicamente. Era esperanza en medio del desastre y era humanismo del siglo XX.
¿Pero no es acaso un poco ingenua su fe en el humanismo, especialmente en libros como Erasmo o como Calvino contra Castellio? Sí, seguramente, el propio autor lo reconoce en ocasiones, pero esta candidez lo hace más encantador si cabe.
Las nuevas traducciones han actualizado a Zweig porque las ideas, sueños y preocupaciones eran ya modernas, sobradamente actuales. Algo de esto se puede ver en un nuevo libro que publica la Editorial Plataforma estos días de Feria del Libro en Guadalajara (México), desde donde les escribo. Se titula La desintoxicación moral de Europa y recoge escritos breves de Zweig, hasta ahora no publicados en español. Son ensayitos breves o artículos largos publicados muchos de ellos en su momento (desde 1909 hasta los años 30) en el prestigioso periódico vienés Neue Freie Presse (que a pesar de su nombre ya no era nuevo cuando publicó en él Zweig y desde luego dejó de ser libre desde la Anschluss del 38 que marcó ya su cierre).
Estos artículos, ensayitos y conferencias nos traen al Zweig más político y en ocasiones combativo, pero siempre reflexivo y, especialmente, tras el impacto del horror de la Primera Guerra Mundial, cada vez más europeísta y pacifista.
Algunos de los ensayos son narraciones históricas dignas del mejor reportero de actualidad, como las que años después pudo firmar un Leguineche o, ya más en nuestros días, un Mikel Ayestaran. Pienso especialmente en su recuento de los viajes del presidente Wilson a Europa para la creación de la Sociedad de Naciones y los acuerdos de paz. Su reportaje es tan vivo y marca tan bien los dilemas y dificultades del momento que a partir de ahora pienso recomendarlo a mis alumnos para entender, como historia viva y humana, la creación de aquella vieja y malhadada antecesora de las Naciones Unidas, con sus muchas grandezas y su insalvable maldición.
Pero los textos más interesantes para el lector amante de Zweig pueden ser sus escritos europeístas. Su devoción europeísta, en tiempos verdaderamente dramáticos, permite una lectura de lo más actual. Su sueño de una Europa unida, que compartiera educación y destino, sus planes por una tolerancia entre europeos y sus ideas concretas que anticipan algunas políticas actuales permiten una lectura desde nuestro momento, una lectura exigente que nos debe reconciliar con la Europa imperfecta pero real y posible que hemos heredado y que seguimos construyendo, al tiempo que nos llama a ser más exigentes con su espíritu original de la paz y la convivencia.
Entre las ideas visionarias que apunta está, por ejemplo, un ambicioso programa de intercambio universitario entre europeos, un antecedente de lo que luego sería el programa Erasmus que muchos disfrutamos 60 años y 60 millones de muertos después de que él lo soñara. Aunque solo sea por esto, nos podemos considerar muchos de nosotros herederos de Zweig y deudores de los grandes padres de Europa. Entre ellos, mucho más allá de lo que sus limitados medios permitía, estuvieron gigantes de casa como Aguirre, Landaburu o Irujo. Hay que conocer nuestra historia, que es vasca y es europea, y este libro nos permite acercarnos a ese espíritu, a ese sueño al que tanto debemos y del que tanto -desagradecida, adolescente, egoísta, displicente y perezosamente- ignoramos.
Por aquel tiempo, para mí Zweig era un biógrafo un tanto decadente en ediciones de los años 40 y traducciones engoladas y llenas de vocabulario viejuno que le hacían, visto ahora en retrospectiva, muy flaco favor al autor.
Fue 30 años después, cuando la Editorial Acantilado publicó sus memorias, que pude reencontrarme con un gigante de la historia, de la literatura y del pensamiento. El Mundo de Ayer me tuvo fascinado durante semanas: era tierno, humano, inteligente, elegante, sabio… era un libro que se hacía humano hasta sentirlo físicamente. Era esperanza en medio del desastre y era humanismo del siglo XX.
¿Pero no es acaso un poco ingenua su fe en el humanismo, especialmente en libros como Erasmo o como Calvino contra Castellio? Sí, seguramente, el propio autor lo reconoce en ocasiones, pero esta candidez lo hace más encantador si cabe.
Las nuevas traducciones han actualizado a Zweig porque las ideas, sueños y preocupaciones eran ya modernas, sobradamente actuales. Algo de esto se puede ver en un nuevo libro que publica la Editorial Plataforma estos días de Feria del Libro en Guadalajara (México), desde donde les escribo. Se titula La desintoxicación moral de Europa y recoge escritos breves de Zweig, hasta ahora no publicados en español. Son ensayitos breves o artículos largos publicados muchos de ellos en su momento (desde 1909 hasta los años 30) en el prestigioso periódico vienés Neue Freie Presse (que a pesar de su nombre ya no era nuevo cuando publicó en él Zweig y desde luego dejó de ser libre desde la Anschluss del 38 que marcó ya su cierre).
Estos artículos, ensayitos y conferencias nos traen al Zweig más político y en ocasiones combativo, pero siempre reflexivo y, especialmente, tras el impacto del horror de la Primera Guerra Mundial, cada vez más europeísta y pacifista.
Algunos de los ensayos son narraciones históricas dignas del mejor reportero de actualidad, como las que años después pudo firmar un Leguineche o, ya más en nuestros días, un Mikel Ayestaran. Pienso especialmente en su recuento de los viajes del presidente Wilson a Europa para la creación de la Sociedad de Naciones y los acuerdos de paz. Su reportaje es tan vivo y marca tan bien los dilemas y dificultades del momento que a partir de ahora pienso recomendarlo a mis alumnos para entender, como historia viva y humana, la creación de aquella vieja y malhadada antecesora de las Naciones Unidas, con sus muchas grandezas y su insalvable maldición.
Pero los textos más interesantes para el lector amante de Zweig pueden ser sus escritos europeístas. Su devoción europeísta, en tiempos verdaderamente dramáticos, permite una lectura de lo más actual. Su sueño de una Europa unida, que compartiera educación y destino, sus planes por una tolerancia entre europeos y sus ideas concretas que anticipan algunas políticas actuales permiten una lectura desde nuestro momento, una lectura exigente que nos debe reconciliar con la Europa imperfecta pero real y posible que hemos heredado y que seguimos construyendo, al tiempo que nos llama a ser más exigentes con su espíritu original de la paz y la convivencia.
Entre las ideas visionarias que apunta está, por ejemplo, un ambicioso programa de intercambio universitario entre europeos, un antecedente de lo que luego sería el programa Erasmus que muchos disfrutamos 60 años y 60 millones de muertos después de que él lo soñara. Aunque solo sea por esto, nos podemos considerar muchos de nosotros herederos de Zweig y deudores de los grandes padres de Europa. Entre ellos, mucho más allá de lo que sus limitados medios permitía, estuvieron gigantes de casa como Aguirre, Landaburu o Irujo. Hay que conocer nuestra historia, que es vasca y es europea, y este libro nos permite acercarnos a ese espíritu, a ese sueño al que tanto debemos y del que tanto -desagradecida, adolescente, egoísta, displicente y perezosamente- ignoramos.
miércoles, 29 de noviembre de 2017
De ciencia, medicina, conocimiento tradicional y pueblos indígenas
Ayer me tocó intervenir en el plenario del Foro Académico Mundial de Derechos Humanos (Academic World Human Rights Forum) que se celebra en el marco de la Feria del Libro de Guadalaja.
Fue un diálogo de un par de horas entre personas de muy distinta formación y trayectoria. Por un lado estaba Enrique Sosa, primer visitador de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco y encargado de los temas de derechos indígenas de esta institución, gran experto en derechos de los pueblos indígenas y conocedor de primera mano de la situación de estos pueblos en todo México y en el Estado de Jalisco en particular. Por otro lado estaba José María Poveda, médico, psiquiatra, profesor titular de Psiquiatría de la Facultad Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid, jefe de Servicios de Salud Mental de la Comunidad Autónoma de Madrid y autor de un libro sobre chamanismo. Como tercer ángulo estaba yo, enfocando los temas de ciencia y conocimiento tradicional desde la perspectiva del Derecho Internacional de los Derechos Humanos y muy concretamente de los derechos culturales.
Fue un diálogo rico, provocador en ocasiones, amistoso en las diferencias, que abrió nuevas vías de colaboración con interesantes agentes y, además, por momentos incluso resultó divertido.
Fue un diálogo de un par de horas entre personas de muy distinta formación y trayectoria. Por un lado estaba Enrique Sosa, primer visitador de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco y encargado de los temas de derechos indígenas de esta institución, gran experto en derechos de los pueblos indígenas y conocedor de primera mano de la situación de estos pueblos en todo México y en el Estado de Jalisco en particular. Por otro lado estaba José María Poveda, médico, psiquiatra, profesor titular de Psiquiatría de la Facultad Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid, jefe de Servicios de Salud Mental de la Comunidad Autónoma de Madrid y autor de un libro sobre chamanismo. Como tercer ángulo estaba yo, enfocando los temas de ciencia y conocimiento tradicional desde la perspectiva del Derecho Internacional de los Derechos Humanos y muy concretamente de los derechos culturales.
Fue un diálogo rico, provocador en ocasiones, amistoso en las diferencias, que abrió nuevas vías de colaboración con interesantes agentes y, además, por momentos incluso resultó divertido.
lunes, 28 de agosto de 2017
Me acabo de hacer socio de 5W
Me acabo de hacer socio de 5W.
5W es un proyecto/revista/web/comunidad de periodismo internacional. Me gustaría explicar porqué me he hecho socio. No quiero dar lecciones a nadie, sólo contar mis razones.
Desde su nacimiento, hace ya un par de años, sigo el proyecto de 5W. Es una empresa compuesta por un grupo de nueve profesionales especializados en periodismo internacional: enviados especiales, fotógrafos y escritores. Algunos tan conocidos como Mikel Ayestaran o Xavier Aldekoa. El nombre hace referencia a las míticas 5 preguntas a las que el periodismo debe responder: who, what, where, when & why.
Estos periodistas, que andan entre los treintaytantos y los cuarentaypoquitos, han apostado por hacer un proyecto de periodismo independiente y de calidad, con imagen y textos cuidadísimos, de autores que están sobre el terreno, hablan con la gente, saben mirar, saben leer y saben transmitir con conocimiento, sin dogmatismos ni maniqueísmos, realidades que son muy complejas y no reductibles a una simplista peli de buenos y malos. Hay fotos que son auténticas obras de arte, otras son impactantes, otras cuentan una historia o retratan una persona o una étnica o un país. Estos periodistas recorren los caminos y ven el dolor o la grandeza o la curiosidad, son capaces de toparse con gente interesante, actores, testigos o víctimas, y nos traen con respeto sus historias para que cada uno vayamos completando nuestro propio puzle, nuestra propia visión, sin necesidad de tutores que nos den las conclusiones preconcebidas en papilla.
El periodismo de calidad es un elemento imprescindible en una sociedad democrática. Sin periodismo de calidad es mucho mas difícil que los ciudadanos podamos ir creando nuestro criterio con un mínimo de fundamento. Si nos alimentamos sólo de noticias de agencia mil veces copiadas y reproducidas y vueltas a copiar y reproducir, adquirimos un conocimiento de titulares, limitado y muchas veces conducido por intereses políticos o económicos. Pero, peor aún, si nos alimentamos de lo que las redes sociales, sin conocimiento, sin rigor, sin responsabilidad, sin calidad, nos suministran, terminamos dando por buena cualquier cosa que confirme nuestros prejuicios, nos limitaremos al escándalo de turno, a la denuncia sin futuro, a la crítica sin proyecto.
En tiempos de la postverdad el periodismo de calidad es necesario y es responsabilidad de todos hacerlo posible. Y sin embargo nos hemos acostumbrado a no querer pagarlo. Leemos el periódico en el bar y pagamos el café y al camarero, pero no al fotógrafo que ha sacado la imagen o al periodista que ha escrito la crónica o al pensador que ha escrito el artículo de opinión con que untamos el café. Lo lógico será que el café sea cada vez mejor y el periodismo cada vez de menor calidad. Es fácil indignarse al saber las miserias que los medios pagan por las crónicas de periodistas que andan por el mundo con la mochila, la libreta de notas y el portátil, o las fotos, o los artículos de opinión. Es fácil culpar a los grandes medios. Pero nosotros, como consumidores, también mandamos con nuestro dinero, nuestra compra, nuestra muestra de interés, nuestro tiempo.
Pero lo peor de todo es que nos costará darnos cuenta esa pérdida de calidad si perdemos el gusto por el tono mesurado, por la idea fina, por el argumento original y bien construido, por la historia bien contada, con tiempo y saber hacer. Nos dará todo igual porque buscaremos el trazo grueso, el lugar común, el escándalo fácil, la polémica más tonta que será sustituida mañana por otro escándalo más tonto, pero mayor, porque necesitamos aumentar cada día la dosis de falsa polémica para mantener el efecto de impostada indignación. Nos creemos que así desafiamos al sistema y a los poderosos, pero es todo lo contrario: lo que verdaderamente puede desafiar el sistema sólo puede ser el rigor, el conocimiento compartido entre diferentes con tiempo y esfuerzo, el respeto a la opinión distinta, la profesionalidad y la calidad de conocimiento, la fiabilidad y la responsabilidad. Lo demás es circo y espectáculo. Me da lo mismo que se refiera al conflicto árabe-israelí, a la corrupción o al tráfico de armas internacional: si sólo nos interesa el escándalo descontextualizado, la denuncia sin comprobación o el argumento más ruidoso, contribuimos a la confusión y al mantenimiento de lo que creemos denunciar.
Para ir más allá necesitamos periodistas profesionales y pagados dignamente, no becarios que copien noticias pescadas de otros medios, por un extremo, y locutores estrella, por el otro. Necesitamos rigor y cocina a fuego lento. Necesitamos gusto por el lenguaje y por la imagen. Necesitamos educar el argumento y la idea. Necesitamos medios de calidad. Necesitamos profesionales, artistas y artesanos.
Y sólo hay una forma de conseguir medios de calidad que paguen dignamente el trabajo que lo merece y que lo hagan así posible: pagar por lo que decimos valorar, no esperar que nos venga del cielo, no esperar que el estado lo pague todo, no esperar que la publicidad obre el milagro de separar el grano de la paja. Hay que participar.
Nos cuesta aportar en proyectos culturales. Pero si no hay cultura independiente, sino hay iniciativas que se arriesgan (librerías, salas de exposiciones, revistas, salas de conciertos, grupos de teatro, lo que sea), si no hay sociedad que premia o sostiene esas iniciativas, no hay democracia realmente participativa y nos limitamos a los codazos para llegar primero a la ventanilla de la administración de turno.
Desde su creación, hace un par de años, he retwiteado bastantes cosas de 5W, incluidas sus campaña de socios o micropatrocinio, e incluso me había hecho eco aquí, en mi blog, de algunas de sus cosas. Pero no había dado el paso de poner algo más. Este verano, tras la lectura de Hijos del Nilo, de Xavier Aldekoa, y de Oriente Medio, Oriente Roto, de Mikel Ayestaran, ha llegado el momento de aportar mi granito de arena y me hecho socio de este proyecto, para así apoyar el periodismo internacional de calidad hecho por gente de mi generación (bueno, vale, lo reconozco, yo soy un poco menos joven, pero no mucho) y mi entorno geográfico y cultural. ¿Tiene sentido lo que digo?
------------------------
Si te han interesado estos comentarios, tal vez quieras echar un vistazo a:
- El periodismo de la pifia 7.Julio.15
- De periodistas, información y ciudadanía. 22.Julio.15
- Fotos que cuentan una historia. Otra forma de mirar el periódico. 10.Julio.15
- Fotos que tienen historia, significado, valor y firma 5.Abril.17
- Día Mundial de la Libertad de Prensa: ¡Que prospere el periodismo! 3.Mayo.15
- Historias siriacas. 25.Julio.17
5W es un proyecto/revista/web/comunidad de periodismo internacional. Me gustaría explicar porqué me he hecho socio. No quiero dar lecciones a nadie, sólo contar mis razones.
Desde su nacimiento, hace ya un par de años, sigo el proyecto de 5W. Es una empresa compuesta por un grupo de nueve profesionales especializados en periodismo internacional: enviados especiales, fotógrafos y escritores. Algunos tan conocidos como Mikel Ayestaran o Xavier Aldekoa. El nombre hace referencia a las míticas 5 preguntas a las que el periodismo debe responder: who, what, where, when & why.
Estos periodistas, que andan entre los treintaytantos y los cuarentaypoquitos, han apostado por hacer un proyecto de periodismo independiente y de calidad, con imagen y textos cuidadísimos, de autores que están sobre el terreno, hablan con la gente, saben mirar, saben leer y saben transmitir con conocimiento, sin dogmatismos ni maniqueísmos, realidades que son muy complejas y no reductibles a una simplista peli de buenos y malos. Hay fotos que son auténticas obras de arte, otras son impactantes, otras cuentan una historia o retratan una persona o una étnica o un país. Estos periodistas recorren los caminos y ven el dolor o la grandeza o la curiosidad, son capaces de toparse con gente interesante, actores, testigos o víctimas, y nos traen con respeto sus historias para que cada uno vayamos completando nuestro propio puzle, nuestra propia visión, sin necesidad de tutores que nos den las conclusiones preconcebidas en papilla.
El periodismo de calidad es un elemento imprescindible en una sociedad democrática. Sin periodismo de calidad es mucho mas difícil que los ciudadanos podamos ir creando nuestro criterio con un mínimo de fundamento. Si nos alimentamos sólo de noticias de agencia mil veces copiadas y reproducidas y vueltas a copiar y reproducir, adquirimos un conocimiento de titulares, limitado y muchas veces conducido por intereses políticos o económicos. Pero, peor aún, si nos alimentamos de lo que las redes sociales, sin conocimiento, sin rigor, sin responsabilidad, sin calidad, nos suministran, terminamos dando por buena cualquier cosa que confirme nuestros prejuicios, nos limitaremos al escándalo de turno, a la denuncia sin futuro, a la crítica sin proyecto.
En tiempos de la postverdad el periodismo de calidad es necesario y es responsabilidad de todos hacerlo posible. Y sin embargo nos hemos acostumbrado a no querer pagarlo. Leemos el periódico en el bar y pagamos el café y al camarero, pero no al fotógrafo que ha sacado la imagen o al periodista que ha escrito la crónica o al pensador que ha escrito el artículo de opinión con que untamos el café. Lo lógico será que el café sea cada vez mejor y el periodismo cada vez de menor calidad. Es fácil indignarse al saber las miserias que los medios pagan por las crónicas de periodistas que andan por el mundo con la mochila, la libreta de notas y el portátil, o las fotos, o los artículos de opinión. Es fácil culpar a los grandes medios. Pero nosotros, como consumidores, también mandamos con nuestro dinero, nuestra compra, nuestra muestra de interés, nuestro tiempo.
Pero lo peor de todo es que nos costará darnos cuenta esa pérdida de calidad si perdemos el gusto por el tono mesurado, por la idea fina, por el argumento original y bien construido, por la historia bien contada, con tiempo y saber hacer. Nos dará todo igual porque buscaremos el trazo grueso, el lugar común, el escándalo fácil, la polémica más tonta que será sustituida mañana por otro escándalo más tonto, pero mayor, porque necesitamos aumentar cada día la dosis de falsa polémica para mantener el efecto de impostada indignación. Nos creemos que así desafiamos al sistema y a los poderosos, pero es todo lo contrario: lo que verdaderamente puede desafiar el sistema sólo puede ser el rigor, el conocimiento compartido entre diferentes con tiempo y esfuerzo, el respeto a la opinión distinta, la profesionalidad y la calidad de conocimiento, la fiabilidad y la responsabilidad. Lo demás es circo y espectáculo. Me da lo mismo que se refiera al conflicto árabe-israelí, a la corrupción o al tráfico de armas internacional: si sólo nos interesa el escándalo descontextualizado, la denuncia sin comprobación o el argumento más ruidoso, contribuimos a la confusión y al mantenimiento de lo que creemos denunciar.
Para ir más allá necesitamos periodistas profesionales y pagados dignamente, no becarios que copien noticias pescadas de otros medios, por un extremo, y locutores estrella, por el otro. Necesitamos rigor y cocina a fuego lento. Necesitamos gusto por el lenguaje y por la imagen. Necesitamos educar el argumento y la idea. Necesitamos medios de calidad. Necesitamos profesionales, artistas y artesanos.
Y sólo hay una forma de conseguir medios de calidad que paguen dignamente el trabajo que lo merece y que lo hagan así posible: pagar por lo que decimos valorar, no esperar que nos venga del cielo, no esperar que el estado lo pague todo, no esperar que la publicidad obre el milagro de separar el grano de la paja. Hay que participar.
Nos cuesta aportar en proyectos culturales. Pero si no hay cultura independiente, sino hay iniciativas que se arriesgan (librerías, salas de exposiciones, revistas, salas de conciertos, grupos de teatro, lo que sea), si no hay sociedad que premia o sostiene esas iniciativas, no hay democracia realmente participativa y nos limitamos a los codazos para llegar primero a la ventanilla de la administración de turno.
Desde su creación, hace un par de años, he retwiteado bastantes cosas de 5W, incluidas sus campaña de socios o micropatrocinio, e incluso me había hecho eco aquí, en mi blog, de algunas de sus cosas. Pero no había dado el paso de poner algo más. Este verano, tras la lectura de Hijos del Nilo, de Xavier Aldekoa, y de Oriente Medio, Oriente Roto, de Mikel Ayestaran, ha llegado el momento de aportar mi granito de arena y me hecho socio de este proyecto, para así apoyar el periodismo internacional de calidad hecho por gente de mi generación (bueno, vale, lo reconozco, yo soy un poco menos joven, pero no mucho) y mi entorno geográfico y cultural. ¿Tiene sentido lo que digo?
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Si te han interesado estos comentarios, tal vez quieras echar un vistazo a:
- El periodismo de la pifia 7.Julio.15
- De periodistas, información y ciudadanía. 22.Julio.15
- Fotos que cuentan una historia. Otra forma de mirar el periódico. 10.Julio.15
- Fotos que tienen historia, significado, valor y firma 5.Abril.17
- Día Mundial de la Libertad de Prensa: ¡Que prospere el periodismo! 3.Mayo.15
- Historias siriacas. 25.Julio.17
viernes, 25 de agosto de 2017
En el Anuario de Derechos Humanos de la Universidad de Chile
La semana que viene se presenta en Santiago de Chile el Anuario de Derechos Humanos de la Universidad de Chile. En este Anuario tengo el honor de participar con un artículo sobre "El Derecho Humano a la Ciencia: un viejo derecho con mucho futuro".
Tal como indica el resumen publicado por el propio Anuario mi artículo trata de lo siguiente:
"Cuando hablamos del derecho humano a la ciencia se puede pensar que nos referimos a un derecho nuevo, creado recientemente para hacer frente a los desafíos que la ciencia y la tecnología generan en nuestra sociedad del siglo XXI. Sin embargo, el derecho a la ciencia es un derecho ya recogido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 y en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966. Lo podemos encontrar incluso antes, en el sistema regional interamericano, en particular, en la Carta de la Organización de los Estados Americanos y en la Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre. Pocos saben que, de hecho, los países lationamericanos, en general, y Chile, muy en particular, tuvieron un papel crucial en el reconocimiento universal de este derecho. La primera parte del artículo está dedica a explicar la historia de este derecho y su reconocimiento jurídico internacional. En una segunda parte estudiaremos su situación institucional actual en el ámbito de las Naciones Unidas y, finalmente, en la tercera parte indagaremos en las características de este derecho, su contenido normativo, elementos y tipo de obligaciones que crea."
El Anuario es una muy prestigiosa publicación que, como dice su Directora Myrna Villegas en la presentación, "a contar de 2017 ha pasado a formar parte del Directory of Open Access Journals (DOAJ), una base de datos y directorio en línea de revistas de distintas partes del mundo, cuyo contenido cumple con estándares científicos de investigación, al contar sus papers con revisión y evaluación de pares. De esta forma, el Anuario ha subido un peldaño más en los estándares científicos de indexación".
El acceso al conocimiento es uno de los contenidos normativos clave del Derecho a la Ciencia, por eso tiene mucho significado esta coincidencia en el tiempo de la publicación de mi artículo y su entrada en este directorio de acceso abierto.
Agradezco a la Profesora Myrna Villegas, doctora en Derecho por la Universidad de Salamanca, su muy atenta invitación a participar en este Anuario y a su muy competente equipo la profesionalidad con la que han llevado todo el proceso, ayudándome a mejorar aspectos importantes del artículo con sus comentarios y sugerencias.
Para aquellos que se encuentren en Santiago el día 30, adjunto la invitación a asistir a la citada presentación.
viernes, 11 de agosto de 2017
Hôzuki, flor y libro
Es delicado, sutil, sensible. Bellísimo. Muy atento al detalle mínimo, a los cambios de la naturaleza y el clima, al nombre exacto de la planta y a su forma, a su fruto o flor y su color. Cuidadoso con la palabra y con el silencio, con lo que se dice y con lo que se debe callar, con la tradición y con el pasado del que no puedes escapar. En ese sentido puede decir que cubre lo que el tópico espera de la literatura japonesa clásica en dosis ligeras, mínimas, en poco más de 100 páginas que leer en una o dos sentadas.
Pero también es de alguna forma universal, a pesar de que toda la trama sucede en Japón, y moderno o incluso cosmopolita y, desde luego, multilingüe.
![]() |
| "...vuelvo a ver un fruto del hôzuki vivo y naranja, como una luz." |
|
| Aki Shimazaki, en foto de El Cultural |
El libro, impecablemente editado por Nórdica Libros, es una buena recomendación de Imanol, librero de oficio, gusto y espíritu, en la fantástica GAROA liburudenda, cuya visita no debes perder cuando pases por Zarautz (en pleno casco viejo, en Trinitate kalea 7).
martes, 25 de julio de 2017
Historias siriacas
(Publicado hoy en DEIA y en Noticias de Gipuzkoa, en mi columna quincenal #MirarHaciaOtroLado)
Les propongo para este verano un par de libros sobre un país que en otro tiempo fue atractivo destino turístico y del que hoy sólo sabemos por las noticias de guerra y los relatos de quienes de allí han huido. Les hablo de Siria.
Historias
siriacas
Les propongo para este verano un par de libros sobre un país que en otro tiempo fue atractivo destino turístico y del que hoy sólo sabemos por las noticias de guerra y los relatos de quienes de allí han huido. Les hablo de Siria.
![]() |
| Mikel Ayestaran, Oriente Medio, Oriente roto. Ed. Península. |
El primer libro es
Oriente Medio, Oriente roto, del periodista beasaindarra Mikel
Ayestaran. Está muy bien escrito, con pasión y delicadeza, y se lee
con la expectación y el ritmo de la mejor novela. Es, además de
crónica internacional, un vivo y sabio relato autobiográfico de sus
andanzas en la tribu del gran Leguineche, de cuya estirpe es más que
muy digno sucesor.
El libro recoge
experiencias de 13 años de trabajo como reportero en los lugares más
candentes de la zona: Irán, Líbano, Irak, Afganistán, Egipto,
Yemen, Pakistán, Libia, Israel, Palestina y, de forma muy destacada,
Siria. Dice el autor que “Siria es el conflicto más complicado y
peligroso al que me he enfrentado. Me lo creo todo y no me creo nada,
por eso trato de ceñirme a lo que veo. Si los propios sirios no
saben qué está pasando en su país, ¿cómo vamos a saberlo
nosotros? Siria se ha convertido en mi universidad particular para
analizar un conflicto irregular en su máxima expresión”.
De su misma
generación es el sirio Ibrahim Alsabagh, sacerdote franciscano. Un
hombre de libros que tras sus estudios de medicina y filosofía en
Damasco y Líbano, se muda a Roma para iniciar un doctorado en
Teología. Allí, entre bibliotecas y latines, le llegan las primeras
noticias de la guerra en su país. Sus superiores le piden que
abandone su doctorado y se haga cargo de una parroquia en la ciudad
asediada de Alepo. El padre Ibrahim cambia entonces su pacífica vida
de Roma por los bombardeos, las casas destruidas, la falta de agua y
de electricidad durante semanas, y el acoso de las milicias
fundamentalistas.
![]() |
| Ibrahim Alsabagh, Un instante antes del alba. Ed. Encuentros |
Su libro, titulado
Un instante antes del alba, es recomendable especialmente para
quien sea creyente o tenga al menos cierta sensibilidad espiritual,
puesto que es una búsqueda religiosa desde su quehacer diario
parroquial. No es un libro para aprender geopolítica regional, sino
para acompañar la experiencia del padre Ibrahim.
Es la larga batalla
de Alepo. Bajo los misiles la vida de la ciudad sigue e Ibrahim, sin
distinción de credos o ritos, abre su pozo a los vecinos y aprende a
ducharse con un litro de agua, lucha contra desahucios, atiende a los
heridos, los muertos y sus familias, y -los afanes cotidianos- abre
los locales parroquiales para que los jóvenes preparen, con luz y
sin frío, sus exámenes. Entre bombas su parroquia reza por sus
enemigos: “nos mandan la muerte y nosotros les devolvemos la vida.
Nos lanzan el odio y nosotros ofrecemos a cambio el amor”.
La pregunta de
pronto no es porqué la gente sale de Alepo en busca de refugio, sino
la contraria: cómo es posible que haya quien a pesar de todo se
queda. Algunos de sus parroquianos se quedan porque son demasiado
pobres, otros porque no quieren dejar a sus mayores desamparados, y
los hay que se quedan por compromiso con la identidad y la historia
de su pueblo. En estas tierras siriacas el cristianismo tiene raíces
muy antiguas. Es aquí que un tal Pablo cayó, hubiera o no caballo
de por medio, y tuvo luego que dejarse descolgar por las murallas de
Damasco para salvar su vida. Los primeros grupos cristianos se
formaron cuando todavía no hacía una década de la muerte de
Cristo. Los distintos ritos, como el armenio, el ortodoxo, el latino
o el maronita, que conviven en la misma ciudad, son fruto de esa
larga historia, cuyo peso se siente aún en la vida de esas
comunidades asediadas, diezmadas tras cinco años de guerra y aún
pacíficamente resistentes en las que el sobrecogedor libro del padre
Ibrahim nos adentra.
domingo, 18 de junio de 2017
En el país de la no libertad
Hoy escribo en los medios del Grupo Noticias (Noticias de Gipuzkoa y DEIA) mi columna quincenal #MirarHaciaOtroLado. Hoy la dedico a la censura en Tailandia o, más precisamente, al delito de Lèse Majesté (Laesa maiestas o Laesae maiestatis). ¿Sabes lo que es? Te animo a averiguarlo.
Hay blogueros detenidos, páginas cerradas, conexiones a Internet limitadas. Hay miembros de grupos de teatro en prisión por preparar obras en las que se hablaba de la monarquía o incluso en las que se trataban historias que podían ser interpretadas como alegorías o referencias, más o menos veladas, a la cuestión. Hay novelistas y ensayistas detenidos. Hay obras de profesores internacionales prohibidas por tratar desde un punto de vista académico la cuestión. Hay libros de reportajes o periodísticos igualmente prohibidos. Hay incluso traductores de ensayos internacionales detenidos por procurar acercar esas obras al lector tailandés en su propio idioma.
|
| #MirarHaciaOtroLado |
En el país de
la no libertad
Quienes han tenido
la suerte de visitarlo dicen que Tailandia es un país bellísimo.
Playas, templos, paisajes, culturas, gastronomía y otros atractivos
hacen de este país el que más turistas atrae de todo el sudeste
asiático. El turismo sexual, parece atraer también a un número no
despreciable de turistas (el número es el que no me parece
despreciable, aclaro).
Tras estas imágenes
de playas paradisíacas se esconde un país políticamente muy
difícil. Hace tres año un nuevo golpe de estado colocó a una junta
miliar al frente del gobierno. Lo que permanece en el país desde
antes incluso de llamarse Tailandia, cuando aún era Siam, es la
monarquía de los Chakri, que reinan desde mediados del siglo XIX.
Si ustedes fueran
tailandeses se guardarían muy mucho de hacer ningún comentario
sobre el monarca o su familia o sus amigos o, por si acaso, cualquier
cosa que directa o indirectamente tenga que ver con él o lo pueda
parecer. La cárcel podría ser su destino más directo si su
comentario es entendido por el régimen militar como inadecuado.
La figura del delito
de Lèse Majesté (Laesa maiestas o Laesae
maiestatis), es decir, el delito de injurias a la monarquía, es
un clásico de los códigos penales, incluso en algunas de las
democracias más consolidadas. En principio no se puede decir que la
existencia de semejante delito en un código penal, por sí mismo sea
contrario a los derechos humanos o los principios democráticos. El
problema aparece cuando se emplea no para perseguir indebidas
injurias, sino para eliminar la oposición o la libertad de expresión
o cualquier formas de crítica legítima a la monarquía
El caso es que en
Tailandia este delito se interpreta de una forma muy extensiva y la
aplicación de esta norma se convierte en una forma muy dura de
censura y de persecución penal de actividades legítimas de opinión
o de participación en la vida cultural del país.
Hay blogueros detenidos, páginas cerradas, conexiones a Internet limitadas. Hay miembros de grupos de teatro en prisión por preparar obras en las que se hablaba de la monarquía o incluso en las que se trataban historias que podían ser interpretadas como alegorías o referencias, más o menos veladas, a la cuestión. Hay novelistas y ensayistas detenidos. Hay obras de profesores internacionales prohibidas por tratar desde un punto de vista académico la cuestión. Hay libros de reportajes o periodísticos igualmente prohibidos. Hay incluso traductores de ensayos internacionales detenidos por procurar acercar esas obras al lector tailandés en su propio idioma.
Una persona ha sido
condenada la semana pasada a 70 años de prisión por colgar en su
cuenta de Facebook 10 fotos de la familia real con comentarios que
han sido interpretados como difamatorios. El acusado ha conseguido
reducir su sentencia a 35 años previo paso por la humillación de
reconocer públicamente su culpa.
En la última década
son más de 100 casos anuales de este tipo, con condenas que van
desde los 10 a los 30 años. La ONU ha denunciado que estos casos se
juzgan ante tribunales militares sin las debidas garantías de un
proceso justo.
Thai significa en
lengua tailandesa “libre” o “libertad”. De ahí que Tailandia
pueda traducirse como 'país de la gente libre' o
“tierra de la libertad”. Si va a hacer usted alguna broma al
respecto, le aconsejo que la haga antes o después del
viaje, pero mientras
visita el país
de la libertad mejor se autocensura usted un poco. Por
si las moscas.
sábado, 29 de abril de 2017
¿Es la desigualdad económica un mal moral?
Hoy escribo en DEIA y en Noticias de Gipuzkoa sobre este libro que he leído los días festivos de Semana Santa y que, por la razones que cuento en el artículo, me ha parecido interesante, un punto provocador, que desafía algunos lugares comunes con sólidos argumentos. lo tienes en Ediciones Paidós
Te dejo el enlace al artículo en el periódico y, si lo prefieres, el texto copiado aquí abajo:
¿Es la desigualdad económica un mal moral?
Les recomiendo una lectura provocadora y
polémica. Es un libro de filosofía moral o política, pero no se asusten, es
breve y de fácil lectura. Trata sobre la desigualdad y, en una alarde de
originalidad, se titula Sobre la Desigualdad.
Lo ha escrito el profesor de Princenton, Harry G. Frankfurt.
Su planteamiento es el siguiente: ¿y si la
igualdad económica no fuera un ideal social moralmente imperativo?, ¿y si nos
equivocáramos al plantear la igualdad económica como uno de nuestros objetivos
fundamentales o como medidor o definidor de la pobreza?
Formular así esta pregunta puede parecer
inaceptable, un insultante lujo diletante en una semana en que el Instituto
Nacional de Estadística publica que un 22,3 % de la población española (un 9%
en la CAPV) está en riesgo de pobreza (un indicador que mide más la desigualdad
que la pobreza, corregiría seguramente Frankfurt) o un 5,3% en situación de
carencia material severa.
Frankfurt propone abandonar el ideal del igualitarismo como bien moral en sí
mismo y tomar en su lugar la bandera de la suficiencia.
Lo importante no sería conseguir la igualdad, sino que todos tengamos lo
suficiente para vivir una vida buena, digna, con oportunidades para desarrollar
plenamente nuestras capacidades, con recursos para satisfacer nuestras
necesidades básicas y disfrutar de nuestros derechos fundamentales. A partir de
ese punto de suficiencia -o de
bienestar- la desigualdad económica no sería moralmente mala en sí misma
(aunque, añade el autor, pueda resultar indeseable o incluso inaceptable en
ciertos contextos o por otras razones).
Mi enorme desigualdad económica con Bill Gates
no supondría en sí misma ningún problema de derechos o de moral, siempre y
cuando su fortuna se haya labrado legalmente, sin vulnerar derechos de otros y
pague sus impuestos. El problema moral de quienes tenemos suficiente no es de desigualdad hacia
arriba pero sí, contestaríamos a Frankfurt, con relación a quienes no
pueden tener esas cosas (educación, salud, vivienda, trabajo decente, ocio enriquecedor,
recursos de participación social y política) que la mayor parte de quienes
leemos esto sí tenemos, es decir, de desigualdad hacia abajo. Pero en este caso estamos hablando de insuficiencia y no estrictamente de desigualdad, nos corregiría Frankfurt.
Frankfurt no niega los males morales de la
ostentación y el abuso, pero da la vuelta al discurso habitual. Y es que con
frecuencia se asume que la igualdad económica es un bien moral evidente pero se
añade que la realidad requiere de cierto tipo de desigualdad para incentivar la
actividad y la generación de riqueza. Él voltea el discurso: la igualdad económica
no es un fin moral en sí mismo, pero imponer límites a la desigualdad económica
puede ser en ocasiones un imperativo moral y político para otro tipo de bienes,
como la suficiencia de todos, la
salud de la democracia o la igualdad de derechos y libertades, que sí son fines
morales en sí mismos.
Al referirse a la suficiencia Frankfurt no se limita a un mínimo vital de supervivencia
sino a un conjunto de bienes y servicios que hagan posible una buena vida. A esto
le podemos llamar pleno disfrute de los derechos económicos, sociales y
culturales, pero Frankfurt no lo hace. Es una pena, creo que su argumentación ganaría
hermanándola con un discurso basado en derechos humanos.
Estamos en un mundo en que aumentan las
desigualdades entre personas a ambos extremos, sí, pero en el que al mismo
tiempo aumentan los elementos de suficiencia
para grandes mayorías (educación, acceso al agua, alimentación, salud,
esperanza de vida, reducción de la pobreza extrema…). Tendríamos por tanto que
afinar más a la hora de hacerle un juicio moral por desigualdad a nuestro mundo
en comparación con cualquier otro del pasado (en comparación con un ideal que
cada uno tenga es más fácil, eso es cierto). Creo que el libro da suficiente
materia para el debate. Les animo a leer el libro antes.
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