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domingo, 2 de diciembre de 2018
Les presento a Mademoselle Nadia Boulanger
Reconozco que hace 24 horas no sabía siquiera quién era Nadia Boulanger. Hoy sin embargo escribo sobre ella, del gran impacto de su magisterio e incluso de lo mucho que yo he aprendido de ella. Todo ello tras haber devorado en una tarde otoñal y lluviosa el libro "Mademoiselle" (El Acantilado, 2018) .
Es un libro, ya editado hace ya muchos años (1981) en francés e inglés (y supongo que en algunas otras lenguas como el alemán, aunque no cuento aquí con el dato). Su autor es el gran Bruno Monsaingeon, bien conocido por sus brillantes documentales sobre música (yo recomiendo vivamente dos que me impactaron en su momento y he visto varias veces: Glenn Gould, l'alchimiste y Richter, L'insoumis, que si bien, por lo que sé, no están traducidos al español, sí que cuentan con ediciones bien subtituladas que te permiten escuchar directamente al protagonista).
Nadia Boulanger fue una pianista, organista, directora de orquesta y, sobre todo la maestra de música más influente, según se dice, del siglo XX (1885-1979). Fue también, en su juventud, compositora pero lo dejó al considerar su música como "inútil" (atención a la distinción que ella hace en el libro entre música mala y música inútil).
El libro que comento aquí es una breve y extraordinaria selección de momentos de entre las innumerables horas de entrevistas que Bruno le hizo, durante varios años, para construir uno de sus documentales. El libro, lo digo ya, es una joya. Está lleno de enseñanzas, magisterio, anécdotas interesantísimas, recuerdos personales de una vida intensa, comentarios sobre grandes personajes del siglo XX y reflexiones musicales, filosóficas, pedagógicas y vitales. Se muestra como mujer sabia y generosa (prefiere decir cosas positivas que negativas, constructivas que destructivas, cuando debe criticar una obra lo hace con delicadeza, sin ofender a nadie, sin esa superioridad rencorosa, altiva y estéril tan propia de algunos críticos musicales; cuando le quieren sacar algún comentario negativo sobre algo o alguien, termina ella por cambiar de tema o callar).
Bien joven fue reputada intérprete de piano que tocó con los mejores, fue directora de orquesta (se dice que fue la primera mujer en dirigir alguna de las grandes orquestas mundiales) que dirigió a algunos de los gigantes del siglo (Dinu Lipatti, Alfred Cortot...), pero pronto se centró en la enseñanza, en su casa de París, entre muebles viejos de la familia, de una época "que Beethoven podría haber conocido".
Fue alumna de Gabriel Fauré, amiga íntima de gigantes de la cultura universal de todos los tiempos como Stravinski o Paul Valéry; maestra de maestros de la música de los últimos 100 años como John Eliot Gardiner, Menuhin o Barenboim; colega y mentora de autoridades como Aaron Copland o Poulenc; descubridora, maestra y casi tutora de Ídil Biret (cuyo Bach, tradicional y contemporáneo, romántico e histórico al mismo tiempo, siempre he admirado sin saber hasta ahora la fuente de la que había bebido la tradición); fue admirada hasta la devoción por directores y compositores como Leonard Bernstein, que le acompañó en su lecho de muerte y al que dijo sus últimas palabras, casi más desde la muerte que desde la vida. Por sus manos, por su piano, por sus clases, por su casa pasó, no sin enriquecerse, pero tampoco sin sufrir en ocasiones, siempre para trabajar muy duro, parte importante de la historia de la música del siglo XX.
Su docencia fue estricta, dura, "draconiana" reconoce ella. Algunos de sus alumnos la recuerdan como terrorífica e intimidante, alguno llegará a emplear la palabra "castradora", pero otros muchos la adoraban con locura: asistir a sus clases colectivas de los miércoles (porque era el día que su madre podía recibirles con un té y unas pastas, y decenios después de su muerte la hija mantenía el día en su memoria) eran un privilegio que había que merecer y por el que había que luchar duro.
Fue una maestra rigurosa ("...enseñarle a amar lo difícil...") y exigente con el dominio de la técnica, pero no como límite ("... sin someterlo a un sistema dado...") sino como instrumento para ejercitar la libertad creativa: "...lo mejor que puedo hacer por mis alumnos es hacerles palpar la libertad que infunde conocer los recursos necesarios para poder expresarse..."
Redescubridora de Monteverdi fue una defensora del diálogo entre los tiempos ("...una persona está hecho de todo lo que le ha precedido..."), desde los más antiguos gregorianos hasta las composiciones más contemporáneas y rompedoras a las que estuvo atenta hasta el ultimo de sus días.
Sus comentarios sobre la memoria (el flaco favor que hacemos a nuestros alumnos no trabajándola bien: comentarios sobre la memoria que seguramente traen ecos de Sócrates y Platón, pero que a mí me retrotraen más bien a los recuerdos de Stéphane Hessel recitándose poemas en el campo de concentración), la técnica (como fundamento de la libertad expresiva), la enseñanza, el talento, la creatividad, la curiosidad y la música en general no tienen desperdicio.
"El enorme privilegio de enseñar consiste en incitar a quien se enseña a mirar abiertamente lo que piensa , a decir abiertamente lo que quiere y a oír claramente lo que oye. Ello requiere un entrenamiento muy amplio de la vida: el conocimiento de las palabras"
"...insistir en el conocimiento de las bases fundamentales. Es decir, oír, mirar, escuchar y ver. Y fomentar el respeto por uno mismo (no la vanidad) para que el alumno a prenda a dar importancia a quien es y a lo que hace. porque yo creo que si uno no concede importancia a quién es y a lo que hace, no es posible tocar bien, ni pensar bien, ni vivir bien."
"Había una cosa que no toleraba: la falta de curiosidad (…) ignoro si es posible enseñar a alguien a mantenerse despierto . Lo único que se es que toda persona que actúe sin sentir interés por lo que hace malogra su vida"
"...llegado el momento, siempre resulta asombroso. Me parece milagroso que sea posible asombrarse una y otra vez, y doy gracias a Dios y me inclino ante el milagro…"
"Vivir la música representa tal fuente de alegría para mí que he querido compartirla en la docencia, con mis propios medios. Mi manera de testimoniar es decir lo que he recibido, pero no como una profesional de fe, es más sencillo, más infantil."
"Me presiona usted... Le pide que establezca verdades a alguien como yo, a quien sorprende incluso tener ciertas intuiciones... Me veo obligada a decirle que no sé. Y cuando digo que no sé, declaro ante usted la gran victoria del pensamiento. No sé, luego pienso con un pensamiento mejor y más esencial, porque cuando sé, sé a mi escala humana."
Y podría seguir copiando cientos de citas imprescindibles, pero no lo haré por dos motivos: primero, porque siento que sacarlas de su contexto, de su profundísima conversación, de su explicación, en banalizarlas, convertirlas en píldoras masticadas para consumo sin esfuerzo (lo que ella habría odiado, me atrevo a suponer) ; y segundo, porque son tantos los pasajes que he subrayado que me cansaría mucho transcribiéndolos y, finalmente, para eso está el libro completo, de fácil y deliciosa lectura, que recomiendo muy vivamente a todos, especialmente a quienes estén interesados por la música, por la enseñanza o por la cultural del siglo XX.
Ella valora que el intérprete musical "supremo es aquel que desaparece. El intérprete debe ser extraordinario para entregar todo su ser, toda su identidad a la obra", no debe brillar el intérprete, debe brillar la obra. En ese mismo sentido puede elogiarse la traducción que Javier Albiñana hace de esta obra: no nos acordamos de él, no le sentimos respirar ni pelear con las palabras o la gramática, de modo que estamos centrados en Nadia y Bruno.
Hay un epílogo con un recuerdo de Nadie escrito por Leonard Bernstein, de dos páginas, que podría funcionar aislado como un prodigioso cuento fantástico, pero resulta que es real e igualmente prodigioso y fantástico.
Este es un libro que debería estar, releído y subrayado y discutido, en la biblioteca de quien ame la música o se pregunte por ella, quien ame la enseñanza o se pregunte por ella. No se trata de estar de acuerdo con todo lo que se dice, ni de bendecir o maldecir su estilo o sus métodos, sino de beneficiarse del impagable lujo de dialogar con una gigante del siglo XX y de aprender directamente de ella.
Puede ser un gran regalo de Navidad. O mejor: un regalito que, sin esperar a Navidad, te haces para una tarde lluviosa (en 4 horas lo puedes leer bien, con atención, relecturas aquí y allá, y subrayados) de este mismo diciembre.
sábado, 18 de agosto de 2018
El niño roto y el presidente
Hoy me publica El Correo un artículo que trata de pederastia, piano, libros y política. Se titula El niño roto y el presidente.
Reconozco que sospecho a menudo del gusto del presidente por el titular impactante y por una pose presidencial, progre y resultona. Concedo que en política los golpes de efecto a veces son necesarios, pero me parece que Pedro Sánchez deja muchas veces el rigor y la consistencia para otro día que nunca sé cuándo es o si llegará o no. Pero aún siendo criticable, yo prefiero un gesto (con la esperanza de que algo más llegue detrás) que la nada. Veremos si el gesto, en este caso concreto que ahora les cuento, trae vacío, confusión, desorden, si la tercera ley de Newton se le aparece de nuevo en forma de retroceso, o si por el contrario, seamos optimistas, nos depara esta vez algo más ordenado, sólido y fructífero.
Me refiero a la carta abierta que James Rhodes ha enviado a La Moncloa pidiendo que el Gobierno tome nuevas medidas contra el maltrato o abuso infantil y en la lucha contra la pederastia. Sánchez, atento siempre al pase en el área, recibió a Rhodes, en 24 horas, junto a la ministra de Justicia, Dolores Delgado.
Pero, ¿quién es James Rhodes y por qué se muestra tan interesado por el maltrato infantil? Rhodes es un pianista británico, maravillosamente tardío y atípico, que se presenta en vaqueros, adopta poses de artista de la calle e intenta, con formatos, actitudes y declaraciones chocantes, romper el abismo que separa a muchos -jóvenes en particular- de la música clásica. Abismo del que él culpa a las formas tradicionales, pesadas y a veces pedantes con que demasiado a menudo, a su juicio, se presenta asociada la música clásica. Rhodes invita a una forma de acercarse a esta música que no pase por algo que a veces se parece a la arrogancia clasista, el pavoneo intelectual y el elitismo. Bienvenido sea, aunque siendo el gallinero casi siempre (y a veces hasta el patio de butacas) más barato que la entrada de cine, desconfiamos de algunas partes de esa ya conocida argumentación.
Hay quien se apresurará a informarnos de que su técnica pianística no es la mejor, que su repertorio es escaso o que su talento musical no está a la altura de los grandes. Me da igual. Cuando era joven me regodeaba fácilmente en la crítica, quizá sea una forma de reivindicación buscando, identificando o imaginando defectos en quien hace lo que uno nunca podría; pero ahora, con los años, me interesa más maravillarme con quien hace cosas extraordinarias, disfrutar con quien crea con generosidad y talento, con quien aporta originalidad, atrevimiento y belleza al mundo: y si una cosa está clara es que James Rhodes lo hace a raudales. Su 'Chacona' de Bach, por ejemplo, es un grito a la vida, desgarrador y desesperado, que me acompaña ahora mientras escribo estas líneas.
Rhodes lleva un año instalado en España, donde afirma sentirse en casa. Y, venido de Reino Unido, no escatima halagos a los servicios públicos que el español medio se empecina en denostar y dar siempre por insuficientes. Pero yo le conocí como escritor antes que como pianista. Le conocí hace un par de años gracias a su libro 'Instrumental': un libro duro, escabroso, incorrecto y al tiempo esperanzado, lúcido, generoso e incluso divertido. Pero sobre todo es duro, insoportablemente duro, porque relata los abusos y violaciones infantiles a las que fue sometido durante largo tiempo. Luego narra sin prisa una degradación psicológica y sexual abominable, a veces ya fatalmente autoinfligida. Cuenta Rhodes los años de encierros, psiquiátricos, dependencias, drogas, autolesiones, intentos de suicidios, autodestrucción, desolación familiar, que vienen después de los abusos sexuales contra menores. Pero es también un libro lúcido porque de todo ello sacas lecturas útiles y sabias, de una finura psicológica pasmosa. Y es también divertido hasta, literalmente, la carcajada. La carcajada y el espanto juntos. El libro es sabio y de la forma más improbable e imposible acaba siendo esperanzado. Pero lo importante aquí es que era un libro donde se aprende (a mí me ayudó a hacerlo) a entender la profunda, infinita maldad del abuso sexual a menores y las consecuencias insondables e imborrables de la pederastia.
Este hombre, James Rhodes, ha ido saliendo poco a poco del infierno a un coste humano más alto que el que el rey Midas podría pagar en toda una vida de ir toqueteando cosas. Tal vez sea verdad eso de que cierto tipo de aprendizajes sólo se logran habiendo tocado fondo y habiendo pagado a toca teja facturas muy caras. Así que Rhodes, con su tremenda experiencia de espalda y alma rotas, es una persona que puede con conocimiento profundo hablar de violencia contra los niños y sabe hacerlo. Tiene todo mi apoyo cuando le pide a Sánchez mayor implicación en la persecución de los delitos contra los menores, la lucha contra la impunidad en los casos de pederastia, el apoyo al menor y su intimidad como víctima durante todo el proceso, etc.
Y Sánchez tendrá mi reconocimiento si avanza por ese camino. Ha prometido, más allá de la apresurada reunión de agosto, pasos concretos en septiembre. Estaremos atentos. Hasta entonces les recomiendo dedicar un ratito a la chacona de Bach: en manos de Rhodes o de quien quieran.
El niño roto y el presidente
Reconozco que sospecho a menudo del gusto del presidente por el titular impactante y por una pose presidencial, progre y resultona. Concedo que en política los golpes de efecto a veces son necesarios, pero me parece que Pedro Sánchez deja muchas veces el rigor y la consistencia para otro día que nunca sé cuándo es o si llegará o no. Pero aún siendo criticable, yo prefiero un gesto (con la esperanza de que algo más llegue detrás) que la nada. Veremos si el gesto, en este caso concreto que ahora les cuento, trae vacío, confusión, desorden, si la tercera ley de Newton se le aparece de nuevo en forma de retroceso, o si por el contrario, seamos optimistas, nos depara esta vez algo más ordenado, sólido y fructífero.
Me refiero a la carta abierta que James Rhodes ha enviado a La Moncloa pidiendo que el Gobierno tome nuevas medidas contra el maltrato o abuso infantil y en la lucha contra la pederastia. Sánchez, atento siempre al pase en el área, recibió a Rhodes, en 24 horas, junto a la ministra de Justicia, Dolores Delgado.
Pero, ¿quién es James Rhodes y por qué se muestra tan interesado por el maltrato infantil? Rhodes es un pianista británico, maravillosamente tardío y atípico, que se presenta en vaqueros, adopta poses de artista de la calle e intenta, con formatos, actitudes y declaraciones chocantes, romper el abismo que separa a muchos -jóvenes en particular- de la música clásica. Abismo del que él culpa a las formas tradicionales, pesadas y a veces pedantes con que demasiado a menudo, a su juicio, se presenta asociada la música clásica. Rhodes invita a una forma de acercarse a esta música que no pase por algo que a veces se parece a la arrogancia clasista, el pavoneo intelectual y el elitismo. Bienvenido sea, aunque siendo el gallinero casi siempre (y a veces hasta el patio de butacas) más barato que la entrada de cine, desconfiamos de algunas partes de esa ya conocida argumentación.
Hay quien se apresurará a informarnos de que su técnica pianística no es la mejor, que su repertorio es escaso o que su talento musical no está a la altura de los grandes. Me da igual. Cuando era joven me regodeaba fácilmente en la crítica, quizá sea una forma de reivindicación buscando, identificando o imaginando defectos en quien hace lo que uno nunca podría; pero ahora, con los años, me interesa más maravillarme con quien hace cosas extraordinarias, disfrutar con quien crea con generosidad y talento, con quien aporta originalidad, atrevimiento y belleza al mundo: y si una cosa está clara es que James Rhodes lo hace a raudales. Su 'Chacona' de Bach, por ejemplo, es un grito a la vida, desgarrador y desesperado, que me acompaña ahora mientras escribo estas líneas.
Rhodes lleva un año instalado en España, donde afirma sentirse en casa. Y, venido de Reino Unido, no escatima halagos a los servicios públicos que el español medio se empecina en denostar y dar siempre por insuficientes. Pero yo le conocí como escritor antes que como pianista. Le conocí hace un par de años gracias a su libro 'Instrumental': un libro duro, escabroso, incorrecto y al tiempo esperanzado, lúcido, generoso e incluso divertido. Pero sobre todo es duro, insoportablemente duro, porque relata los abusos y violaciones infantiles a las que fue sometido durante largo tiempo. Luego narra sin prisa una degradación psicológica y sexual abominable, a veces ya fatalmente autoinfligida. Cuenta Rhodes los años de encierros, psiquiátricos, dependencias, drogas, autolesiones, intentos de suicidios, autodestrucción, desolación familiar, que vienen después de los abusos sexuales contra menores. Pero es también un libro lúcido porque de todo ello sacas lecturas útiles y sabias, de una finura psicológica pasmosa. Y es también divertido hasta, literalmente, la carcajada. La carcajada y el espanto juntos. El libro es sabio y de la forma más improbable e imposible acaba siendo esperanzado. Pero lo importante aquí es que era un libro donde se aprende (a mí me ayudó a hacerlo) a entender la profunda, infinita maldad del abuso sexual a menores y las consecuencias insondables e imborrables de la pederastia.
Este hombre, James Rhodes, ha ido saliendo poco a poco del infierno a un coste humano más alto que el que el rey Midas podría pagar en toda una vida de ir toqueteando cosas. Tal vez sea verdad eso de que cierto tipo de aprendizajes sólo se logran habiendo tocado fondo y habiendo pagado a toca teja facturas muy caras. Así que Rhodes, con su tremenda experiencia de espalda y alma rotas, es una persona que puede con conocimiento profundo hablar de violencia contra los niños y sabe hacerlo. Tiene todo mi apoyo cuando le pide a Sánchez mayor implicación en la persecución de los delitos contra los menores, la lucha contra la impunidad en los casos de pederastia, el apoyo al menor y su intimidad como víctima durante todo el proceso, etc.
Y Sánchez tendrá mi reconocimiento si avanza por ese camino. Ha prometido, más allá de la apresurada reunión de agosto, pasos concretos en septiembre. Estaremos atentos. Hasta entonces les recomiendo dedicar un ratito a la chacona de Bach: en manos de Rhodes o de quien quieran.
martes, 14 de agosto de 2018
Escuchando a Víctor Jara
La semana pasada publiqué en El Correo este artículo sobre el caso de Víctor Jara.
Por ser de justicia debo reconocer que mucha de la información empleada en el artículo la he tomado del artículo Jara con Barrientos: El caso Víctor Jara ante la justicia universal, de los profesores Francisco Jara Bustos, de la Universidad de Chile, y Francisco Ugás Tapia, de la Universidad Carlos III de Madrid, publicado en el Anuario de Derechos Humanos 2017 (Universidad de Chile).
ESCUCHAD A VÍCTOR JARA
La noticia de la
condena este verano de ocho militares en retiro chilenos por el
asesinato del cantante Víctor Jara en 1973 ha pasado un poco
desapercibida. Sin embargo creo que el caso nos permite hacer algunas
reflexiones de interés y actualidad, tal vez también aplicables a
nuestro país.
No insistiré mucho
sobre la figura de Víctor Jara: la conocen bien ustedes. Para
quienes nos educamos políticamente en los años 80 fue un referente
aún muy vivo. Imagino que en la generación anterior, que hizo sus
pinitos sentimentales y políticos entre el tardo-franquismo y la
transición, su impacto fue aún mayor.
Jara fue asesinado
en los días posteriores al golpe de estado de Pinochet contra
Salvador Allende, en el Estadio Chile que hoy con justicia se llama
estadio Víctor Jara. Las circunstancias de su muerte estuvieron
muchos años cubiertas o ensalzadas en un relato mítico creado en
ese choque entre la crueldad y la belleza, la fuerza bruta contra la
palabra, la muerte contra la vida, la tortura contra la inteligencia,
el crimen contra la poesía. Hoy sabemos que todo aquello no era sólo
leyenda sino que respondía fielmente a lo sucedido, tal como ha
quedado acreditado por investigaciones independientes y más
recientemente declarado probado por varias sentencias judiciales en
diferentes jurisdicciones.
Al enterarse del
golpe, Víctor Jara acudió a la Universidad Técnica del Estado en
la que trabajaba como profesor. Ese mismo día estaba prevista la
presencia de Allende para inaugurar un evento titulado “por la
vida”, que obviamente no llegó a celebrarse. La Universidad fue
cercada por el regimiento Arica ese mismo día y al siguiente se
produjo el asalto, asesinando a varias personas y deteniendo a
profesores, estudiantes y personal administrativo. Fueron llevados al
ya citado Estadio Chile (no confundir con el Estadio Nacional que
también sirvió como centro de detención y tortura para miles de
personas aquellos días).
Ya en el Estadio, al
ser reconocido por un oficial, fue derribado de un culatazo,
golpeado, separado del grupo y llevado a los vestuarios. Fue
torturado durante tres días. Luego fue ejecutado con saña y odio:
la autopsia encontró, además de numerosos huesos fracturados, 23
impactos de bala en su cuerpo. En la última sesión de torturas le
habían cortado la lengua y destrozado las manos, animándole entre
chanzas a cantar en esas condiciones. Su cuerpo fue abandonado en un
solar.
Durante la dictadura
pinochetista fue imposible investigar el caso y la aprobación de la
Ley de Amnistía parecía condenarlo a la impunidad. Pero con la
democracia el caso revivió. La Ley de Amnistía ya no se aplica hoy
en Chile, tras las sentencias de la Corte Interamericana de Derechos
Humanos (aunque no ha sido anulada, como en el caso paralelo de
Argentina). Los crímenes contra la humanidad ni prescriben ni se
pueden amnistiar. Y tras casi 15 años de complejo procedimiento, 45
después de los hechos, la condena ha llegado en su país para estos
ocho despreciables torturadores y asesinos.
Pero uno de los
inicialmente incriminados, Pedro Barrientos, el noveno de la partida
criminal, había salido a los Estados Unidos y donde había ya
obtenido la nacionalidad. Bien es sabido que los Estados Unidos no
son los campeones de la Justicia Universal, pero también es cierto
que hay algunas normas (Alien Tort Statute y Torture Victims
Protection Act) que permiten, por otras vías, cierto tipo de
persecución por algunos de estos delitos.
No estamos ante un
caso de Jurisdicción Universal pura o absoluta (sólo basada en el
carácter del crimen internacional) posibilidad que los Estados
Unidos no permite (y cada vez menos países europeos). Y es que en
este caso la nacionalidad del acusado supone un elemento clásico de
jurisdicción que permitió a los tribunales norteamericanos activar
el caso. Pero también es cierto que el hecho de que las torturas y
el asesinado constituyeran una violación del Derecho Internacional
fue uno de los elementos tenidos en cuenta. El tribunal
norteamericano resolvió, en sede civil, en 2016 que Pedro Barrientos
era responsable de este crimen de torturas y asesinato extrajudicial
Dado que la
sentencia en los Estados Unidos afecta únicamente a la
responsabilidad civil, la Cancillería de Chile acaba de instar el
procedimiento de extradición con el fin de que Pedro Barrientos
termine compartiendo la misma suerte que sus ocho compañeros de
armas, crimen y vergüenza universal.
La Justicia
Universal nació para hacer frente a la impunidad en los casos más
aborrecibles, que ofenden a la comunidad internacional en su conjunto
y a los que, por tanto, esta comunidad responde resquebrajando las
limitaciones clásicas de la jurisdicción nacional. Tras algunos
casos pioneros en España, Bélgica o Francia, el peso de la
realpolitik internacional (pensemos, por ejemplo, en los casos
contra China por crímenes en el Tibet) logró limitar las ambiciones
iniciales de la jurisdicción universal, pero aún resiste, a veces
limitada, a veces constreñida, aunque sea esperando decenios a
cruzarse en el camino de los miserables que han ensuciado a ojos de
la comunidad internacional la condición humana. Hoy algunos países
latinoamericanos, que traen aprendizajes hechos a muy alto precio,
toman el testigo de la Justicia Universal como en su día se hizo a
la inversa.
Memoria, justicia y
dignidad de las víctimas. Como les decía, los ecos de Víctor Jara
siguen sonando también para nosotros. Escuchemos.
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sábado, 6 de mayo de 2017
Un ‘J’accuse’ con acento venezolano
Hoy publico en los medios del Grupo Noticias, Noticias de Gipuzkoa y DEIA, en mi columna MirarHaciaOtroLado, un artículo sobre Gustavo Dudamel, Venezuela, la democracia, el arte y la responsabilidad del intelectual o del artista.
NOTA: El título lleva una errata, si bien luego en el texto el J'accuse está bien escrito.

Un ‘J’accuse’ con acento venezolano
Gustavo Dudamel es uno de los directores de orquesta del momento, popular y al tiempo admirado por los entendidos. Es titular de la Filarmónica de Los Ángeles, considerada una de las 10 mejores orquestas del mundo y al frente de la cual estuvieron precediéndole gigantes como Klemperer, Mehta, Previn o Giulini. Ha dirigido a las mejores orquestas del mundo. Hasta los menos melómanos de entre nuestros lectores le recordarán este año dirigiendo la Filarmómica de Viena en el concierto de Año Nuevo.
Gustavo Dudamel es el más exitoso exponente de un experimento social y cultural de primer orden que el Maestro Andreu creó hace ya 40 años en Venezuela: el sistema nacional de orquestas, una red formada por orquestas y coros infantiles y juveniles en el que han participado cientos de miles de chavales. Esta mágica iniciativa ha sido reconocida por la UNESCO y muy merecidamente premiada, entre otros muchos reconocimientos, con el Príncipe de Asturias.
El chavismo fomentó este proyecto y de alguna forma lo capitalizó políticamente. Hasta aquí no caben más que las felicitaciones porque un sueño tan improbable, que une calidad y cantidad, excelencia musical y participación social, haya tenido tamaño éxito. De esta cantera han salido artistas tan señalados como la pianista Gabriela Montero, pero sin duda Dudamel es el buque insignia de esta gran aventura.
Según la situación en Venezuela empeora, frente al activismo opositor de Gabriela Montero, Dudamel se había mostrado reacio a posicionarse. Su proyección internacional era utilizada, a veces con aparente entusiasmo, otras al menos con beneplácito, por el régimen chavista. Según la degeneración de la situación venezolana avanzaba parece que su posición ha ido enfriándose primero y virando discretamente después.
Finalmente Dudamel ha roto esta semana su silencio y ha publicado en las redes sociales una carta con la potencia indignada del J’accuse de Zola, con ecos tan poéticos como trágicos de las grandes alamedas santiaguinas y con alguna muy pertinente lección de democracia.
“Mi vida entera la he dedicado a la música y al arte como forma de transformar las sociedades -dice Dudamel-. Levanto mi voz en contra de la violencia y la represión. Ya basta de desatender el justo clamor de un pueblo sofocado por una intolerable crisis. La democracia no puede estar construida a la medida de un gobierno particular porque dejaría de ser democracia. El ejercicio democrático implica escuchar la voz de la mayoría, como baluarte último de la verdad social. Ninguna ideología puede ir más allá del bien común. La política se debe hacer desde el más absoluto respeto a la constitucionalidad, adaptándose a una sociedad joven que, como la venezolana, tiene el derecho a reinventarse y rehacerse en el sano e inobjetable contrapeso democrático”.
Dudamel, por si hiciera falta, apunta directamente: “hago un llamado urgente al Presidente de la República y al gobierno nacional a que se rectifique y escuche la voz del pueblo venezolano. Los tiempos no pueden estar marcados por la sangre de nuestra gente. Debemos a nuestros jóvenes un mundo esperanzador, un país en el que se pueda caminar libremente en el disentimiento, en el respeto, en la tolerancia, en el diálogo y en el que los sueños tengan cabida para construir la Venezuela que todos anhelamos”.
No creo en la obligación del artista de posicionarse sobre política, salvo quizá en determinadas situaciones muy concretas. Puede haber mil razones legítimas por las que Dudamel hasta la fecha no lo había hecho y siempre he respetado su posición. Manifestarse era más su derecho que su obligación. Su Brahms es igualmente excelso con o sin carta, pero, ¿qué quieren que les diga?, me parece muy bien que se haya mojado.
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domingo, 20 de marzo de 2016
Cruel, duro, escabroso, incorrecto... esperanzado, lúcido, divertido. ¿Te atreves a entrar?
Acabo de terminar el que seguramente es el libro más cruel, duro, escabroso, incorrecto y al tiempo esperanzado, lúcido, generoso y divertido que he leído en mucho tiempo.
Lo más curioso es que es todo eso a la vez, simultáneamente, junto. Que en un solo párrafo te puedes encontrar con el relato más lacerante, que te deja el alma en carne viva, la reflexion más lúcida y el chiste más cacajeante: una cosa detrás de la otra, sin solución de continudad, y todo fluye con naturalidad página tras página en un ritmo casi hipnótico, cargado y ligero a un tiempo.
El libro es sabio y hasta optimista al final. De la forma más improbable ¡más imposible! acaba siendo esperanzado.
Es una libro duro, insoportablemente duro, porque relata los abusos y violaciones infantiles, y la degradación sexual más absoluta... incluso autoinfligida. Es insoportablemente duro porque cuenta años de encierros, psiquiatricos, dependencias, drogas, autolesiones, intentos de suicidios, autodestrucción.... de la forma más descarnada.
Es un libro lúcido porque de todo ello sacas lecturas útiles y sabias, de una finura piscologica pasmosa.
En un libro divertido hasta la carcajada, sí, literalmente, la carcajada, no en el sentido metafórico, sino real, físico, del que envuelve la mandíbula y mueve aire.
Y es un libro donde aprendes de música. Aprendes de historia de la múesica y de interpretación, pero más importante, aprendes a amar más la música. Y es un manifiesto por una nueva forma de acercarse a la música clásica que no pase por la arrogancia, el pavoneo intelectual y la caspa.
Y en un libro donde se aprende a enteder la profunda, insondable, infinita maldad del abuso sexual a menores, las consecuencias eternas de la pederastia.
Y es además un libro de aprendizaje, con mil anécdotas proteínicas de un hombre al que la vida en ocasiones le ha regalado algunas ventanas para escapar el horror que ha sabido aprovechar.
Y es, donde menos te lo podías esperar, un canto a la amistad incondicional y al amor.
Es un libro donde te puedes maravillar de que sí se puede, se pueden muchas cosas que nos decimos imposibles.
Este hombre ha salido del infierno a un coste más alto que el que Midas podría pagar en toda una vida de ir toqueteaando cosas. Y el tío se permite terminar dándondos lecciones, sabias, atinadas, sobre las relaciones matrimoniales después de haberla cagado mil veces. Tal vez sea verdad eso de que cierto tipo de aprendizajes sólo se logran habiendo tocado fondo y habiendo pagado facturas muy caras.
No es un libro fácil,. Aviso. No sé si todo el mundo puede estar prepatado para leerlo, tal vez si te pille en un momento malo o con experiencias previas duras puede ser en momentos doloroso o muy desagradable. ¡Pero se aprende tanto!, ¡se siente tanto!, ¡te mueve tanto!, ¡te cambia tanto!, ¡se ríe uno tanto!
La edición española está muy cuidada. Y la traducción no se nota, no la percibes, estás relacionándote durante 300 páginas directamente con el autor, con James Rhodes. Lo cual supongo que es lo mejor que se puede decir de una tradución.
Si quieres un libro que no te deje indiferente, lo has encontrado... pero advierto: asume tu propio riesgo al meterte en el avispero emocional de sus páginas, luego no me pidas cuentas. ¿Te atreves?
![]() |
| Edición española: editada por blackiebooks.org e impecablemente traducida por Ismael Attrache. |
El libro es sabio y hasta optimista al final. De la forma más improbable ¡más imposible! acaba siendo esperanzado.
Es una libro duro, insoportablemente duro, porque relata los abusos y violaciones infantiles, y la degradación sexual más absoluta... incluso autoinfligida. Es insoportablemente duro porque cuenta años de encierros, psiquiatricos, dependencias, drogas, autolesiones, intentos de suicidios, autodestrucción.... de la forma más descarnada.
Es un libro lúcido porque de todo ello sacas lecturas útiles y sabias, de una finura piscologica pasmosa.
En un libro divertido hasta la carcajada, sí, literalmente, la carcajada, no en el sentido metafórico, sino real, físico, del que envuelve la mandíbula y mueve aire.
Y es un libro donde aprendes de música. Aprendes de historia de la múesica y de interpretación, pero más importante, aprendes a amar más la música. Y es un manifiesto por una nueva forma de acercarse a la música clásica que no pase por la arrogancia, el pavoneo intelectual y la caspa.
Y en un libro donde se aprende a enteder la profunda, insondable, infinita maldad del abuso sexual a menores, las consecuencias eternas de la pederastia.
Y es además un libro de aprendizaje, con mil anécdotas proteínicas de un hombre al que la vida en ocasiones le ha regalado algunas ventanas para escapar el horror que ha sabido aprovechar.
Y es, donde menos te lo podías esperar, un canto a la amistad incondicional y al amor.
Es un libro donde te puedes maravillar de que sí se puede, se pueden muchas cosas que nos decimos imposibles.
Este hombre ha salido del infierno a un coste más alto que el que Midas podría pagar en toda una vida de ir toqueteaando cosas. Y el tío se permite terminar dándondos lecciones, sabias, atinadas, sobre las relaciones matrimoniales después de haberla cagado mil veces. Tal vez sea verdad eso de que cierto tipo de aprendizajes sólo se logran habiendo tocado fondo y habiendo pagado facturas muy caras.
No es un libro fácil,. Aviso. No sé si todo el mundo puede estar prepatado para leerlo, tal vez si te pille en un momento malo o con experiencias previas duras puede ser en momentos doloroso o muy desagradable. ¡Pero se aprende tanto!, ¡se siente tanto!, ¡te mueve tanto!, ¡te cambia tanto!, ¡se ríe uno tanto!
La edición española está muy cuidada. Y la traducción no se nota, no la percibes, estás relacionándote durante 300 páginas directamente con el autor, con James Rhodes. Lo cual supongo que es lo mejor que se puede decir de una tradución.
Si quieres un libro que no te deje indiferente, lo has encontrado... pero advierto: asume tu propio riesgo al meterte en el avispero emocional de sus páginas, luego no me pidas cuentas. ¿Te atreves?
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| James Rhodes con su mujer, Hattie Chamberlin, y su amigo, el actor Benedict Cumberbatch, de los cuales se habla mucho en el libro. |
lunes, 14 de marzo de 2016
Chacona - Bach - Hélène Grimaud
¡Qué belleza!
Para alguien que, como yo, aporrea de vez en cuando un indefenso y desdichado piano cuando se le pone a tiro, esas manos mágicas son como hipnóticas: delicadas y de pronto potentes, sutiles ahora y violentas al momento. Y esa técnica que a veces parece hasta intanfil en su juguetona y engañosa sencillez (¡ese índice como apuntando o señalando es impagable!) pero de pronto despliega toda su fuerza y su complejidad inabarcable. Esas armonias de Bach, más modernas que toda la música del siglo XXI junta, resumidas en ese dedo elegantemente colocado sobre dos teclas al tiempo.
Dedícale tres minutos y medio de tu vida a este video (exactamente 3,38), pero no mientras haces otra cosa o a toda prisa, por favor, sino con atención plena. Creo que me lo vas a agradecer.
jueves, 31 de diciembre de 2015
Las notas desafinadas del Concierto de Año Nuevo en Viena
Hoy escribo en los diarios del Grupo Noticias (DEIA y Noticias de Gipuzkoa) un artículo sobre algunas historias que hay detrás del tradicional concierto de Año Nuevo desde Viena... y por cierto
Mañana muchos comenzaremos el
año al son de los valses de la familia Strauss. Los músicos de la Orquesta
Filarmónica de Viena nos desearán entre sonrisas y confeti un feliz año nuevo y
terminarán con El Danubio Azul y la Marcha Radetzky. Este ambiente floral, almibarado,
pastel y dorado oculta sin embargo algunas historias.
El Presidente de la orquesta ha dicho en su defensa que en el arte no puede haber cuotas. Pero no son cuotas lo que se les pide, sino criterios no discriminatorios de búsqueda del talento y de la excelencia, como en otras orquestas de primera fila. Ninguna audición a ciegas ha podido obviamente detectar que las mujeres o los asiáticos se acerquen a Mozart con una sensibilidad menos mozartiana, pero la orquesta se niega a hacer en sus procesos de selección audiciones anónimas y ciegas para asegurar la ausencia de prejuicios.
Mikel Mancisidor es jurista y
doctor en Relaciones Internacionales
¡FELIZ AÑO 2016!
URTE BERRI ON!
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| Zubin Mehta dirige a la Filarmónica de Viena en el concierto de Año Nuevo (EFE) en #MirarHaciaOtroLado, Noticias de Gipuzkoa, 31/12/15 |
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| #MirarHaciaOtroLado, DEIA, 31/12/15 |
NOTAS DESAFINADAS DEL CONCIERTO DE
AÑO NUEVO
El Concierto de Año Nuevo
nació, siendo Austria parte del Reich e iniciada la Segunda Guerra Mundial, en
1939 como un evento nazi de recaudación de fondos para la guerra. Ya para esa
fecha la orquesta se había deshecho de todos sus miembros judíos. 16 miembros
judíos o izquierdistas fueron deportados. Entre 5 y 7 fueron asesinados en la
propia Viena.
Moriz Glattauer había sido
primer violín de la orquesta. Fue enviado junto a su esposa Anna al campo de
concentración de Theresienstadt, donde murió en 1943. Anna murió un año después
en la cámara de gas de Ausschwitz. Mientras tanto el concierto de Año Nuevo tocado
por sus compañeros se iba convirtiendo en un potente y bien publicitado
instrumento de propaganda nazi.
El director de este concierto
durante toda la guerra fue el mítico Clemens Krauss. Tras la guerra, en 1948,
Clemens Krauss fue rehabilitado y siguió dirigiéndolo hasta su muerte en 1954. No
digo que el Concierto de Año Nuevo deba cargar con el peso de ninguna culpa,
pero es bueno conocer su historia ahora que andamos por nuestros lares con los
asuntos de la memoria histórica.
En la actualidad el concierto
también presenta algunas aristas. La Orquesta Filarmónica de Viena se enfrenta
a acusaciones de discriminación, tanto sexual como racial. Si se fijan bien mañana
verán muy pocas mujeres sobre el escenario, cuando su presencia es ya
generalizada en las mejores orquestas del mundo. Tampoco verán, cuando la
cámara apunte primeros planos, rostros de rasgos asiáticos, tan frecuentes en
las orquestas cuyo criterio de ingreso es únicamente la excelencia técnica y
artística.
En algunas ocasiones alegan
desde el entorno de la orquesta que si se espera de ellos que toquen piezas de
hombres centroeuropeos como Mozart o Beethoven, nada mejor que hombres
centroeuropeos para hacerlo. Se ha dicho también que las mujeres, por sus
cargas familiares, no pueden participar en las giras internacionales.
El Presidente de la orquesta ha dicho en su defensa que en el arte no puede haber cuotas. Pero no son cuotas lo que se les pide, sino criterios no discriminatorios de búsqueda del talento y de la excelencia, como en otras orquestas de primera fila. Ninguna audición a ciegas ha podido obviamente detectar que las mujeres o los asiáticos se acerquen a Mozart con una sensibilidad menos mozartiana, pero la orquesta se niega a hacer en sus procesos de selección audiciones anónimas y ciegas para asegurar la ausencia de prejuicios.
En 2011 las autoridades retiraron
2 millones de euros de la financiación pública por este motivo. La orquesta sin
embargo, fiel a su tradición, no ha aumentado significativamente el número de
mujeres desde entonces. Hagan la prueba mañana: cuéntenlas.
No les quiero yo amargar el
concierto. Todo lo contrario: ¡disfrútenlo! Yo, a pesar de su exceso de azúcares
y de sus pasadas y presentes hieles, lo veré.
domingo, 6 de diciembre de 2015
Un maestro reacciona. Teherán 2015, Alemania 1947
Esta historia ha salido esta semana publicada en varios medios, pero merece ser conocida, así que la cuento yo aquí de nuevo, a mi manera y reminiéndome a diversas fuentes.
La Orquesta Sinfónica de Teherán fue fundada en los años 30 y durante aquella muchos años tocaron allí grandes artistas, muchos de ellos judíos, como Yehudi Menuhin o Isaac Stern.
Tras la revolución de Jomeini, los religiosos al frente del país consideraron la música como peligrosa, como una tentación impura que se interpone entre la limpia alma del creyente y Dios. Por eso la orquesta fue poco a poco siendo abandonada, dando conciertos muy de vez en cuando. Languideció sin morir durante los años de la guerra contra Iraq y ya muy recientemente, en tiempos de Mahmoud Ahmadinejad, perdió las fuerzas y desapareció.
Pero en el nuevo clima político que vive Irán, el ministro de Cultura ha decidido recuperar la orquesta y a ese fin ha contratado a Ali (Alexander) Rahbari para dirigirla. El maestro Rahbari es un director iraní, nacido en Teherán, con gran experiencia, fue asisitente de Karajan durante un tiempo y ha estado al frente de algunas de las mejores orquestas del mundo, como la Filarmónica de Berlín o la de Londres. Ha sido director principal de la Filarmónica de Bruselas entre 1988 y 1996 y luego ha sido director de la de Zagreb.
Comento su curriculum como prueba de que su contratación muestra una apuesta por hacer algo serio tanto por parte del gobierno iraní, como de la parte del artista.
En marzo de este año la orquesta y su coro se estrenaron, ni más ni menos, con la novena de Beethoven: si la apuesta iba en serio el programa estaba a la altura. Rahbari subrayó entonces ante los medios la gran acogida por parte del publicó iraní y las ganas que veía en sus ojos, algunos de ellos con lágrimas de emoción, por recuperar su orquesta.
Sin embargo los cambios nunca son fáciles.
Hace unos días la orquesta fue invitada a tocar el himbo nacional con motivo de un evento deportivo. Pero según la orquesta se disponía a subir al escenario fue bloqueada por un grupo de radicales. La fuerza se impone y las autoridades locales toman partido: no permitirán que las mujeres toquen en público, subirán solo los hombres.
El maestro Rahbari debe reaccionar. Son esos momentos de tensión en que una persona debe reaccionar rápidamente y su decision marcará un camino.
El maestro Rahbari les contestó: "tocaremos todos juntos o todos juntos abandonaremos la sala". Los alborotadores insistieron en que podrían tocar si las mujeres se quedabana fuera. Rahbari contestó que no tocarían: "las mujeres han venido a tocar el himno nacional, ¿porqué razón no podrían hacerlo?"
El concierto se suspendió . Posteriormente Rahbari dijo a la prensa local: "he dicho muchas veces que yo he nacido en este país y sé muy bien dónde están las líneas rojas. Mientras yo sea director de esta orquesta no admitiré este tipo de tratamiento".
Este incidente no el el primero ni el más grave de su clase en el país. Las mujeres tienen en Irán muy limitados sus derechos artísticos. Tienen prohibido en muchos casos ser solistas o a cantar o interpretar en público. Es una clarísima vulneración de los derechos culturales protegidos por el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales del que Irán sin embargo es parte.
Si traigo este historia aquí es para que no nos olvidemos de estas bravas mujeres artistas y también para recordar que la reacción de una sola persona puede marcar a veces una diferencia. Felicito al maestro Rahbari y le deseo mucho éxitos al frente de esta renacida -¡y por supuesto mixta!- orquesta.
--------------------------------
Esta historia me trae a la memoria otra de hace 70 años.
En la Alemania nazi, cuando hubo que ir deshaciéndose de los judíos en las orquestas, casi nadie se rebeló activamente poniendo en riesgo su puesto cuando aún era posible hacerlo; unos pocos se resistieron más o menos pasivamente; la mayor parte se puso de perfil, puesto que la historia no iba con ellos que bastante tenían con llevar el salario a casa en unos tiempos difíciles; y no fueron pocos los que, indiferentes ante la política, aprovecharon sin embargo entusiastas la ocasión para hacerse con los puestos vacantes.
Poco después, tan pronto como en 1947, uno de los músicos judíos más importantes, el citado Menuhin, dió un concierto con Wilhelm Furtwängler, el director de la Filmarmónica de Berlín durante aquellos tiempos de horror, el gigante maestro que tocaba ante Hitler hasta el final. Las críticas de la comunidad judía fueron duras, ya que Furtwängler había tenido una actuación que podríamos calificar de tibia, no fue de los peores, no fue un monstruo y tuvo sin duda muestras de humanidad, pero tampoco fue ningún héroe. Menuhin defendió aquel concierto como un paso hacia la reconciliación.
La historia de la música nos puede enseñar muchas cosas.
La Orquesta Sinfónica de Teherán fue fundada en los años 30 y durante aquella muchos años tocaron allí grandes artistas, muchos de ellos judíos, como Yehudi Menuhin o Isaac Stern.
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| Menuhin tocando con la Sinfónica de Teherán en 1967 |
Pero en el nuevo clima político que vive Irán, el ministro de Cultura ha decidido recuperar la orquesta y a ese fin ha contratado a Ali (Alexander) Rahbari para dirigirla. El maestro Rahbari es un director iraní, nacido en Teherán, con gran experiencia, fue asisitente de Karajan durante un tiempo y ha estado al frente de algunas de las mejores orquestas del mundo, como la Filarmónica de Berlín o la de Londres. Ha sido director principal de la Filarmónica de Bruselas entre 1988 y 1996 y luego ha sido director de la de Zagreb.
Comento su curriculum como prueba de que su contratación muestra una apuesta por hacer algo serio tanto por parte del gobierno iraní, como de la parte del artista.
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| Concierto inaugural de la Orquesta Sinfónica de Teherán, bajo la dirección de Ali Rahbari, marzo 2015 |
Sin embargo los cambios nunca son fáciles.
Hace unos días la orquesta fue invitada a tocar el himbo nacional con motivo de un evento deportivo. Pero según la orquesta se disponía a subir al escenario fue bloqueada por un grupo de radicales. La fuerza se impone y las autoridades locales toman partido: no permitirán que las mujeres toquen en público, subirán solo los hombres.
El maestro Rahbari debe reaccionar. Son esos momentos de tensión en que una persona debe reaccionar rápidamente y su decision marcará un camino.
El maestro Rahbari les contestó: "tocaremos todos juntos o todos juntos abandonaremos la sala". Los alborotadores insistieron en que podrían tocar si las mujeres se quedabana fuera. Rahbari contestó que no tocarían: "las mujeres han venido a tocar el himno nacional, ¿porqué razón no podrían hacerlo?"
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| Orquesta Sinfónica de Teherán |
El concierto se suspendió . Posteriormente Rahbari dijo a la prensa local: "he dicho muchas veces que yo he nacido en este país y sé muy bien dónde están las líneas rojas. Mientras yo sea director de esta orquesta no admitiré este tipo de tratamiento".
Este incidente no el el primero ni el más grave de su clase en el país. Las mujeres tienen en Irán muy limitados sus derechos artísticos. Tienen prohibido en muchos casos ser solistas o a cantar o interpretar en público. Es una clarísima vulneración de los derechos culturales protegidos por el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales del que Irán sin embargo es parte.
Si traigo este historia aquí es para que no nos olvidemos de estas bravas mujeres artistas y también para recordar que la reacción de una sola persona puede marcar a veces una diferencia. Felicito al maestro Rahbari y le deseo mucho éxitos al frente de esta renacida -¡y por supuesto mixta!- orquesta.
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Esta historia me trae a la memoria otra de hace 70 años.
En la Alemania nazi, cuando hubo que ir deshaciéndose de los judíos en las orquestas, casi nadie se rebeló activamente poniendo en riesgo su puesto cuando aún era posible hacerlo; unos pocos se resistieron más o menos pasivamente; la mayor parte se puso de perfil, puesto que la historia no iba con ellos que bastante tenían con llevar el salario a casa en unos tiempos difíciles; y no fueron pocos los que, indiferentes ante la política, aprovecharon sin embargo entusiastas la ocasión para hacerse con los puestos vacantes.
Poco después, tan pronto como en 1947, uno de los músicos judíos más importantes, el citado Menuhin, dió un concierto con Wilhelm Furtwängler, el director de la Filmarmónica de Berlín durante aquellos tiempos de horror, el gigante maestro que tocaba ante Hitler hasta el final. Las críticas de la comunidad judía fueron duras, ya que Furtwängler había tenido una actuación que podríamos calificar de tibia, no fue de los peores, no fue un monstruo y tuvo sin duda muestras de humanidad, pero tampoco fue ningún héroe. Menuhin defendió aquel concierto como un paso hacia la reconciliación.
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| Wilhelm Furtwängler y Yehudi Menuhin en Alemania en 1947 |
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| Portada del disco que recoge aquel legendario concierto |
La historia de la música nos puede enseñar muchas cosas.
lunes, 21 de septiembre de 2015
Día Internacional de la Paz: mujeres, Burundi, Wagner y Woody Allen.
Hoy, 21 de Septiembre se celebra el Día Internacional de la Paz.
Recuerdo con mucho cariño los encuentros de Socios de Honor de UNESCO Etxea que se organizaban bienalmente en torno a este día, pero en esta ocasión lo conmemoro en el Palais des Nations de Ginebra en tres pasos.
Primero, a la hora de comer, me sumo, en la sala noble de la Biblioteca del Palais des Nations, a una Mesa Redonda sobre el papel de las mujeres en la Paz del futuro.
---------------
Por la tarde iniciamos en el Comité DESC el diálogo con Burundi. Mucho tiene que ver esto con la Paz. Burundi sale de un conflicto que ha durado 15 años (1993-2005). Este mismo año se ha inciado una disputa constitucional (sobre si el Presidente puede aspirar o no a un tercer mandato) que ha generado violencia y por la que se han desplazado fuera del país más de 180.000 personas, muchas de ellas a la vecina Ruanda.
Burundi está situada en el puesto 180 en el Índice de Desarrollo Humano (sobre un total de 187). Son 10 millones de personas sobre un territorio pequeño, lo que la hace tener la segunda densidad de población más alta del continente. Un 90% de la población se dedica a la agricultura de subsistencia, pero la tierra cultivable es escasa. Las cifras de hambre y desnutrición son horrorosas, con un 60% de malnutrición. De hecho el país encabeza el Global Hunger Index. La esperanza de vida está cifrada en 54 años, es decir, que la pobreza, la ignorancia y la injusticia les roba de media 30 años de vida con respecto a quienes tenemos la suerte de vivir en un país como el mío.
La discriminación de la mujer es muy dura. El tráfico de niños y la situación de los BaTwa (pigmeos), de los albinos y de los homosexuales preocupa especialmente.
Como se ve, el trabajo que podamos hacer en este diálogo por ayudar al país a proteger mejor y promocionar más los derechos económicos, sociales y culturales de sus habitantes, tiene mucho que ver con la Paz.
---------------------
Por fin, una vez terminada la sesión de hoy, a las 6,30, bajo al Assembly Hall, allí se organiza un concierto conmemorativo del Día Internacional de la Paz.
Cuatro pianos, en estrella, uno contra el otro ocupan la tarima. Son cuatro portentosos Bösendorff. A eso añade cuatro esforzados pianistas, fuertes y animosos, y un programa enérgico. El espectáculo no es precisamente pacífico, pero está garatizado que no aburrirá.
Lo que no entiendo es que para conmemorar el Día de la Paz se incluya en el programa una versión para cuatro pianos de la Obertura de Tannhäuser: no sé qué habría pensado de esto Woody Allen.
Creo que tras una obertura de Wagner sobre cuatro Bösendorff, pensaría que lo de Polonia se queda un poco corto de ambiciones. Tal vez Leningrado, Moscú y Stalingrado en un veranito... ¡Esta no es forma de fomentar la Paz!
Recuerdo con mucho cariño los encuentros de Socios de Honor de UNESCO Etxea que se organizaban bienalmente en torno a este día, pero en esta ocasión lo conmemoro en el Palais des Nations de Ginebra en tres pasos.
Primero, a la hora de comer, me sumo, en la sala noble de la Biblioteca del Palais des Nations, a una Mesa Redonda sobre el papel de las mujeres en la Paz del futuro.
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Por la tarde iniciamos en el Comité DESC el diálogo con Burundi. Mucho tiene que ver esto con la Paz. Burundi sale de un conflicto que ha durado 15 años (1993-2005). Este mismo año se ha inciado una disputa constitucional (sobre si el Presidente puede aspirar o no a un tercer mandato) que ha generado violencia y por la que se han desplazado fuera del país más de 180.000 personas, muchas de ellas a la vecina Ruanda.
Burundi está situada en el puesto 180 en el Índice de Desarrollo Humano (sobre un total de 187). Son 10 millones de personas sobre un territorio pequeño, lo que la hace tener la segunda densidad de población más alta del continente. Un 90% de la población se dedica a la agricultura de subsistencia, pero la tierra cultivable es escasa. Las cifras de hambre y desnutrición son horrorosas, con un 60% de malnutrición. De hecho el país encabeza el Global Hunger Index. La esperanza de vida está cifrada en 54 años, es decir, que la pobreza, la ignorancia y la injusticia les roba de media 30 años de vida con respecto a quienes tenemos la suerte de vivir en un país como el mío.
Como se ve, el trabajo que podamos hacer en este diálogo por ayudar al país a proteger mejor y promocionar más los derechos económicos, sociales y culturales de sus habitantes, tiene mucho que ver con la Paz.
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Por fin, una vez terminada la sesión de hoy, a las 6,30, bajo al Assembly Hall, allí se organiza un concierto conmemorativo del Día Internacional de la Paz.
Cuatro pianos, en estrella, uno contra el otro ocupan la tarima. Son cuatro portentosos Bösendorff. A eso añade cuatro esforzados pianistas, fuertes y animosos, y un programa enérgico. El espectáculo no es precisamente pacífico, pero está garatizado que no aburrirá.
Lo que no entiendo es que para conmemorar el Día de la Paz se incluya en el programa una versión para cuatro pianos de la Obertura de Tannhäuser: no sé qué habría pensado de esto Woody Allen.
Creo que tras una obertura de Wagner sobre cuatro Bösendorff, pensaría que lo de Polonia se queda un poco corto de ambiciones. Tal vez Leningrado, Moscú y Stalingrado en un veranito... ¡Esta no es forma de fomentar la Paz!
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sábado, 20 de junio de 2015
Street Pianos: Geneva 2015: Play Me, I’m Yours / Jouez, Je Suis à Vous
Un año más se ha organizado en Ginebra una inciativa cultural preciosa: el proyecto "Play me, I'm Yours" / "Jouez, Je Suis à Vous", que consiste en colocar pianos a lo largo de la ciudad a disposición de quien quiera tocarlos. El proyecto fue inciativa del artista inglés Luke Jerram.
En esta ocasión se han colocado 60 pianos por toda Ginebra y los pueblos de su entorno. Muchos de ellos están pintados o decorados con colores y formas alegres y vistosas.
La campaña dio comienzo el 8 de Junio y termina mañana 21: es decir, ¡dos semanas enteras un montón de pianos a disposición de todos!
He visto tocar a niños y a ancianos, a ejecutivos de la banca suiza y a "clochards" de la Gare Cornavin. Todas las edades y todas las razas de la internacional Ginebra. Todas las músicas: he oído sonatas de Mozart y de Beethoven, valses de Chopin, improvisación jazzística, música de películas y de series populares, contemporánea... y la más experimental de todas las músicas: el entusiasta, insistente e incansable aporreo de los más pequeños en busca de nuevos descubrimientos.
Creo que se trata de una inciativa cultural participativa muy interesante. La Fundación Jesús Serra ha traído una inciativa similar a Bilbao, lo cual es muy loable y digno de reconocer y felicitar, si bien son menos pianos y durante un solo día, eso sí, son muy buenos pianos de cola. Yo los he tocado varios años y puedo acreditarlo.
La propuesta de Ginebra, es diferente, además de ser masiva y durante dos semanas enteras, es algo más popular, quizá más alegre, como pensada para quitar el miedo a sentarse al piano y tocar mientras la gente pasa por delante y tal vez se pare un rato a escuchar. Hay pianos de todo tipo, de cola y vertical o "de pared", con flores y pintados... y algunos mejores y otros más regulares... y alguno que termina el maratón de las dos semanas muy perjudicado... pero todos están a tu disposición.
¿No es una iniciativa muy bonita?
Y si me preguntas qué hace este comentario en un blog dedicado a los Derechos Humanos, te diré que además de todo lo dicho, me parece un buen ejemplo de ejercicio ciudadano del derecho a participar en el vida cultural (art. 15 de la Convención de Derechos Económicos, Sociales y Culturales).
Yo no te voy a decir que he tocado los 60 pianos, pero unos 6 u 8 sí. Aquí está la prueba (están tomadas en la Isla Rousseau, en la Gare Cornavin y en un par de parques):
En esta ocasión se han colocado 60 pianos por toda Ginebra y los pueblos de su entorno. Muchos de ellos están pintados o decorados con colores y formas alegres y vistosas.
La campaña dio comienzo el 8 de Junio y termina mañana 21: es decir, ¡dos semanas enteras un montón de pianos a disposición de todos!
He visto tocar a niños y a ancianos, a ejecutivos de la banca suiza y a "clochards" de la Gare Cornavin. Todas las edades y todas las razas de la internacional Ginebra. Todas las músicas: he oído sonatas de Mozart y de Beethoven, valses de Chopin, improvisación jazzística, música de películas y de series populares, contemporánea... y la más experimental de todas las músicas: el entusiasta, insistente e incansable aporreo de los más pequeños en busca de nuevos descubrimientos.
Creo que se trata de una inciativa cultural participativa muy interesante. La Fundación Jesús Serra ha traído una inciativa similar a Bilbao, lo cual es muy loable y digno de reconocer y felicitar, si bien son menos pianos y durante un solo día, eso sí, son muy buenos pianos de cola. Yo los he tocado varios años y puedo acreditarlo.
La propuesta de Ginebra, es diferente, además de ser masiva y durante dos semanas enteras, es algo más popular, quizá más alegre, como pensada para quitar el miedo a sentarse al piano y tocar mientras la gente pasa por delante y tal vez se pare un rato a escuchar. Hay pianos de todo tipo, de cola y vertical o "de pared", con flores y pintados... y algunos mejores y otros más regulares... y alguno que termina el maratón de las dos semanas muy perjudicado... pero todos están a tu disposición.
¿No es una iniciativa muy bonita?
Y si me preguntas qué hace este comentario en un blog dedicado a los Derechos Humanos, te diré que además de todo lo dicho, me parece un buen ejemplo de ejercicio ciudadano del derecho a participar en el vida cultural (art. 15 de la Convención de Derechos Económicos, Sociales y Culturales).
Yo no te voy a decir que he tocado los 60 pianos, pero unos 6 u 8 sí. Aquí está la prueba (están tomadas en la Isla Rousseau, en la Gare Cornavin y en un par de parques):
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