sábado, 5 de diciembre de 2015

De Kyoto a París en tranvía

Hoy publico en DEIA, dentro de la serie Mirar Hacia otro Lado, un artículo sobre la Cumbre del Clima en París titulado "De Kyoto a París en tranvía":

http://www.deia.com/2015/12/05/sociedad/de-kyoto-a-paris-en-tranvia
MirarHaciOtroLado, DEIA, 01/12/2015
#ParísCOP21 #CambioClimático #ProtocolodeKyoto #CumbreClima #LocalGlobal #DiplomaciaClimática

http://www.cop21paris.org/

También podéis leer el artículo directamente aquí:


De Kyoto a París en tranvía

 
París lleva un mes siendo la capital de la noticia. Lo ha sido por el horror del fanatismo y lo es ahora por una cumbre con cierto sabor a esperanza de un acuerdo internacional que sea bueno para el planeta y para la gente: un acuerdo que actualice y mejore el ya viejo Protocolo de Kyoto.

Ya, ya sé que es más prudente decantarse por el escepticismo ante esta Cumbre del Clima. Sé que mostrarse desconfiado, o mejor aún, descreído y levemente indignado, le da a uno cierta apariencia como de estar de vuelta.

Son muchas cumbres del clima las que hemos visto pasar, fracaso tras fracaso, sin avances, se nos dice. Yo no estoy tan seguro. En 1979 se celebró la primera Conferencia Mundial sobre el Clima, cuando todavía estos asuntos sólo interesaban a científicos muy especializados. En la Cumbre de Río de 1992 se aprobó el primer tratado internacional sobre la materia. Hoy este tratado tiene 195 estados parte, es decir, la práctica totalidad de la comunidad internacional que dispone así de un espacio donde discutir, medirse y controlarse. 

En 1997 se aprobó el Protocolo de Kyoto, que entra en vigor en 2005. Se ha dicho mucho sobre sus carencias, yo prefiero pensar que fue un primer paso, limitado, pero en la buena dirección. Sus compromisos no han sido tan incumplidos como se cree y desde luego ha servido para avanzar.

Ahora, 10 años y numerosas cumbres después, llegamos a París para renovar esos compromisos. Nos encontramos con muchas dificultades para llegar a un acuerdo digno, ante un tema complejísimo, frente a intereses de los más variados, entre posiciones políticas de muy diversa índole y muy difícil conciliación.

Aún así hay hoy mucho más consenso que hace tan sólo tres años, más voluntad política, más compromiso y muchos más medios económicos y tecnológicos puestos sobre la mesa.

Mi apuesta es que se llegará a un acuerdo. Un acuerdo insatisfactorio, un acuerdo insuficiente, un acuerdo criticable, un acuerdo que no siempre se va a cumplir. Pero un acuerdo que nos permitirá volver a elevar los estándares internacionales para combatir, mitigar y adaptarnos al cambio climático. Un acuerdo limitado que pronto se quedará viejo y nos obligará a negociar nuevas actualizaciones, nuevos compromisos para afrontar la inmensidad de un desafío que amenaza nuestro futuro. Así avanzamos los humanos: pasito a pasito.

Acusaremos a los políticos y a los gobiernos de falta de ambición. Bien, en muchos casos será cierto, en otros no. Y veremos en las grandes empresas las bestias insensibles que cegadas por la avaricia nos llevan a la destrucción. Bien, en muchos casos será así, en otros no.

Pero, bueno o malo el acuerdo de París, su implementación y su éxito dependerá no sólo de gobiernos y grandes multinacionales, sino de lo que los ciudadanos, usted y yo, hagamos cada día en nuestros hábitos de vida, de consumo, de convivencia y de ocio. Lo que hagamos en nuestros ámbitos más locales y cercanos.

El Lehendakari y la consejera Ana Oregi están en París mostrando la experiencia vasca y buscando aliados para nuevos retos. Nos cuesta creerlo, pero es cierto que nuestro país tiene una trayectoria bastante solvente en esta materia y que pone algo más que su granito de arena en este desafío global. Lo local importa, lo pequeño es relevante.

El futuro del clima y nuestra calidad de vida se juega en París, pero también se juega, cada día, en nuestro ayuntamiento, en nuestra empresa, en nuestra bolsa de la compra, en nuestra basura y en nuestro bono de transporte.

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