jueves, 16 de noviembre de 2017

Derecho Humano a la Ciencia en Madrid

La semana que viene participo en un Seminario de Investigación organizado por el Instituto DEMOSPAZ, de la Universidad Autónoma de Madrid, titulado:





http://www.demospaz.org/


En este Seminario estaremos, mano a mano, José María Carrascosa, Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular, y Decano de la Facultad de Ciencias de la Universidad Autónoma de Madrid, y éste que les escribe aquí.
El evento tendrá lugar el día 23 de noviembre en la Sala Mixta, en la primera planta del Edificio Plaza Mayor de la Universidad Autónoma de Madrid, de 16.00 a 18.00 horas. 

Se trata de un seminario abierto tanto para investigadores, estudiantes, profesores y personas interesadas en el tema, así que os animo a todos los que estéis ese día en Madrid a apuntaros aquí: info@demospaz.org o aquí.

La gente de DEMOSPAZ es muy interesante, creativa, preparada, generosa y abierta, así que espero un debate muy enriquecedor para todos (y para mí el primero). Os adelanto que compartiré (e intentaré replicar) algunos de los debates que estamos teniendo en el Comité DESC sobre el alcance y contenidos de este Derecho Humano, viejo y joven al tiempo.

Un Comentario General como el que estamos preparando ahora en el Comité es algo construido con la sociedad, a través de encuentros, seminarios, diálogos... y no pienso perderme esta gran oportunidad de enriquecer el borrador de este Comentario General con las ideas de este fantástico grupo que forma la gente de DEMOSPAZ. Apúntate: ¡nos vemos allí!

http://www.demospaz.org/

sábado, 11 de noviembre de 2017

Luces y sombras de los Paradise Papers

Mi visión sobre los Paradise Papers: el trabajo periodístico por la transparencia y la justicia es imprescindible, pero las formas también son importantes.





LUCES Y SOMBRAS DE LOS PAPELES DEL PARAÍSO







Seguramente usted ha oído ya hablar de los Papeles del Paraíso. Son millones de documentos filtrados sobre cuentas y mecanismos financieros empleados por particulares y empresas en territorios de bajas o nulas fiscalidad y transparencia, con el objetivo de eludir obligaciones fiscales, ocultar patrimonio u otros fines normalmente, pero no necesariamente siempre, ilegales.


La documentación fue entregada a un diario alemán y compartida por éste con un Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación. La primera lista de implicados incluye a la Reina Isabel, Bono, Madonna o a empresas como Nike o Apple. Confío en que la justicia de sus respectivos países investigue cada caso y depure las responsabilidades legales cuando las hubiera. Sería bueno también que los ciudadanos fuéramos capaces de premiar a las empresas que tienen buenas prácticas fiscales y sociales, y castigar, desincentivándolos así, abusos.


Llevo años trabajando en organizaciones que denuncian y actúan contra los paraísos fiscales, la corrupción y la opacidad. He escrito al respecto en ocasiones. Me ha tocado cuestionar directamente a varios países ante las Naciones Unidas sobre sus políticas fiscales injustas o ineficientes, y sobre las trampas y las lagunas globales que impiden que los países puedan obtener recursos y dedicarlos a la promoción del desarrollo humano y de los derechos económicos, sociales y culturales de los más desfavorecidos. Conozco el efecto letal de estos paraísos fiscales sobre la democracia en el mundo. Y aún así, qué quieren que les diga, no termino de caer rendido a los pies de esta filtración y, sobre todo, la forma que está siendo gestionada por este consorcio de periodistas, al menos en España.


Y es que la transparencia es un bien demasiado importante como para que sea confundido con un inquisitorial escrache mediático. Y el periodismo crítico y de investigación es un bien demasiado importante como para confundirlo con el chisme morboso y truculento. Lo bueno del sistema judicial y de los procedimientos institucionales internacionales, todo lo torpes y lentos que ustedes quieran, es que hay una cosa llamada presunción de inocencia. Ni usted ni yo podemos ser penados hasta que no quede demostrada nuestra culpabilidad tras un proceso en el que tendremos otra cosa maravillosa llamada derecho de defensa: conoceremos los cargos de los que se nos acusa y podremos defendernos. Ya sé que en tiempos de asaltos a los cielos estas menudencias parecen despreciables, pero siguen siendo la base de una sociedad democrática y de derecho.


En España ha aparecido el nombre del exalcalde de Barcelona. Ver a este señor en televisión ante preguntas sobre un asunto financiero de su padre del que a lo mejor no tuvo responsabilidad ni conocimiento (ni usted ni yo lo sabemos), no me parece el cénit del mordaz periodismo de investigación, sino algo más cercano al macartismo populista. Si hay elementos contra ese señor, apórtense y déjesele defenderse con garantías: me da lo mismo si es del PP, de PDeCat o de Podemos. Si es culpable habrá tiempo de maltratar su nombre todo lo se quiera.


Pero su nombre ya está ensuciado y su sentencia dictada por el tribual de la opinión pública que se parece bastante al Tribunal de Salud Pública de Robespierre. Lo único que le queda ahora al exalcalde es un interminable, indigno e insufrible camino de desmentidos y explicaciones que ninguno de nosotros vamos a tener ni tiempo ni ganas de escuchar de buena fe, ante la tentación purificadora de condenarlo. ¡Y qué decir del morboso placer de hacer pagar a Bono su trayectoria solidaria!


Una persona, por el hecho de ser famosa o político, no pierde sus derechos ni el debido respeto a su nombre y su dignidad. Yo no pongo la mano en el fuego por nadie, ni me interesa la culpabilidad o inocencia de estos individuos en concreto, pero de momento todos nos debemos prudencia. Cuando se confirmara que hay irregularidad o delito yo me sumaré a la crítica, pero hasta entonces ni usted, ni yo, ni ningún periodista tenemos derecho a enfangar ningún nombre.


Se me dirá que una cosa es la legalidad y otra la ética. Sí, así es: todos nos deberíamos exigir comportamientos más elevados que los mínimos establecidos por la ley. Pero un estado de derecho es aquél en el que si cumplimos la ley se nos deja vivir en paz. Hay que ser prudentes a la hora de reclamar a los demás estándares morales por encima de la ley. A los políticos les debemos exigir transparencia absoluta y comportamiento personal correcto y coherente, sin duda, pero no que renuncien a su intimidad y derechos.

martes, 7 de noviembre de 2017

Reflexiones sobre Cataluña

Hoy me permito, en El Correo, unas reflexiones personales sobre lo que ha sucedido en Cataluña. Es una lectura desde y para el País Vasco.
Son reflexiones sinceras sobre asuntos que me interesan y ocupan. No me interesa tanto tener razón (si eso fuera posible en estos casos) sobre un asunto concreto de actualidad (ni mucho menos convencer a nadie de nada: no es mi tarea) como contribuir con alguna idea útil a un debate más de fondo y de largo plazo.








Reflexiones sobre Cataluña








No me parece que lo sucedido en las últimas semanas vaya a hacer de Cataluña un país más fuerte, más libre o más relevante en el mundo. Tampoco creo que ayude en la construcción de una comunidad más integrada o con mejor convivencia interna. La realidad institucional y política vasca es muy diferente, pero escribo estas ideas por si la experiencia catalana nos ayudara repensar nuestros propios debates.





En Cataluña se ha terminado por llevar el debate a la elección de un sujeto de soberanía aparentemente único, abandonando propuestas más complejas que se consideraron por el camino. Se ha presentado una alternativa binaria donde sólo cabe un sujeto, sea en Barcelona o en Madrid, en que residiría una supuesta soberanía absoluta. Ese concepto clásico de soberanía es una categoría política del siglo XVI, que llegó hasta su cénit en el XX pero que en el XXI ha perdido gran parte de su contenido real: es por sus despojos simbólicos que nos estamos enfrentando. Sin embargo la soberanía real de hoy es múltiple y compleja. En el caso vasco tenemos hasta media docena de niveles políticos, desde lo foral a lo universal, que se reparten competencias que tradicionalmente correspondían de forma exclusiva a la soberanía nacional y la definían.





La aceptación de que nuestro mundo es un entramado de soberanías entrelazadas y simultáneas puede ayudarnos a enfocar estos debates en el mejor equilibrio e interacción de esas fuerzas para hacer el país más fuerte, más digno y más libre. Pero sería deseable no sobrecargar estos debates de símbolos y no ornamentarlos en exceso con la apropiación exclusivista de palabras tan grandes como democracia, libertad y derechos humanos. Se trata de cómo mejorar nuestra vida colectiva, no de la lucha del bien contra el mal o de la verdad contra la mentira.





No nos sirven las soluciones monolíticas basadas en mayorías más o menos amplias, sino arreglos negociados que no satisfagan plenamente a nadie, pero en el que todos veamos nuestros derechos y libertades respetados, tengamos igual acceso a las oportunidades y podamos desarrollar lo más plenamente posible nuestras capacidades individuales y colectivas.





Para aglutinar mayorías o ganar adeptos a una causa u otra, no vale emplear la caricatura del otro. Ni el catalán egoísta, insolidario y pesetero, ni la España franquista, predemocrática y opresora de pueblos. Ni los boicosts económicos, ni los boicots políticos o culturales. Los estereotipos son tentadores, pero tan falsos como letales.





Hay que mimar el ejercicio de la libertad de opinión. El que piensa diferente no es ni fascista, ni un traidor, ni es un vendido. La tolerancia, el respeto al discrepante y el diálogo sereno y constructivo forman parte de la esencia de la democracia, tanto o más que el recuento de votos. Las posiciones complejas, ricas de matices, en grises y colores, son en momentos de tensión rechazadas porque lo que queremos saber es en qué lado de la trinchera se coloca cada cual para alabarle o insultarle. Aquel escritor, músico o cineasta que hasta ayer nos gustaba, hoy nos parece despreciable porque se ha posicionado de forma diferente a la nuestra. Es una forma de empobrecimiento ético y cultural al que las redes sociales nos empujan. Si en las redes alguien llama fascista a otro, seguramente 9 de cada 10 veces el epíteto calificará antes que nada al emisor.





Decidir quién decide –que es lo que nos ocupa- es un problema difícil en que no caben respuestas sencillas. Ni la simpleza de un artículo constitucional ni la simpleza de una contabilidad de votos. Los referéndums de blanco o negro no pueden recoger toda la complejidad de los dilemas que afrontamos, al contrario, la respuesta debería estar llena de miles de sumas y de matices que deben cambiar en cada circunstancia y momento. Elegimos a nuestros representantes para que se pasen 8 horas 5 días a la semana durante 4 años negociando la letra pequeña. No podemos resolver la complejidad del país en un sí o un no planos. La negociación, la transacción, el acuerdo, la mutua cesión y los compromisos provisionales e imperfectos representan lo más noble de la política, aunque hoy el pacto tenga mala fama ante a la deslumbrante atracción de una supuesta verdad absoluta, irrenunciable e innegociable. La democracia es mejor cuando es aburrida y no nos emociona, cuando no necesita salvadores, héroes ni mártires, cuando se escribe en minúsculas.





Si a la mesa de tus oponentes se sientan las mejores democracias del mundo y los organismos internacionales a los que aspiras a entrar, seguramente debes recolocarte antes de seguir avanzando: lanzarte tumba abierta al precipicio no les va hacer cambiar de criterio.





Tener la sede de un banco global o de una multinacional energética es un producto de 200 años de tradición industrial y empresarial. Tiene un valor tangible (empleos, impuestos, servicios, contratos) e intangible (talento, contactos, redes, prestigio, atracción) de valor incalculable. Una vez perdido no se recupera. Hoy ningún país europeo, ni siquiera Alemania, puede crear de cero una empresa de este tipo. Cuidar estas empresas no tiene nada de antidemocrático o indigno, es simplemente inteligente.




La mayor responsabilidad de un político en una sociedad democrática moderna es primero no hacer daño a su propia sociedad, no empobrecerla, no dividirla, no enfrentarla, no debilitarla y no engañarla. Poco de esto ha recibido Cataluña estos últimos años de sus autoridades, tanto de las de Barcelona como de las de Madrid. La situación es hoy endiabladamente difícil. No sé mucho de contagios, pero no me parece un panorama envidiable.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Anécdota bonita

Hace unas semanas os comentaba (ver aquí) que tuve el honor de presentar la Lectio Magistralis en una Conferencia sobre el Derecho a la Ciencia que se celebró en Turín, organizada en la Universidad de Turín en el marco del "XIV Congresso dell’Associazione Luca Coscioni per la libertà di ricerca scientifica".


Me quedé sin contaros una anécdota que para mi fue muy emotiva y llena de significado.


Tras mi intervención vinieron otras. Entre ellas la de Marco Perduca, Secretario General de la citada asociación, que expuso la evolución del trabajo por la investigación científica de esta institución ante académicos y médicos, pero también ante decenas de enfermos y sus familiares que luchan por la investigación científica para la mejora de sus vidas.


En su intervención quiso Marco llamar la atención sobre "la gran novedad de nuestro congreso" que era el "derecho humano a la Ciencia" que se sumaba a las orientaciones que hasta la fecha había dado a su trabajo: libertad de la investigación científica, desobediencia civil, generalización acceso a los beneficios de la ciencia, etc. Y mencionó cómo todo "empezó hace dos años", cuando empezaron a hablar del Derecho a la Ciencia "porque Cesare Romano, el presidente de la Fundación, nos hizo llegar un artículo de Mikel Mancisidor que nos mandó estudiar con urgencia y a partir de ahí nos arriesgamos a seguir una pista de la que entonces no sabíamos nada. Y hoy, a dos años de distancia, aquí estamos, con Mikel Mancisidor, que tiene el mandato que tiene en la ONU, y nosotros presentando en la ONU (nuestros trabajos) (...) en el marco del derecho a esa parte del conocimiento que es verificable (...) que es la ciencia".


A veces uno escribe cosas y hace su trabajo sin saber que al otro lado, tal vez a cientos o miles de kilómetros, hay gente a la que ni siquiera conoce pero a la que le llega y a la que le ayuda tu trabajo para mejor entender o enfocar el suyo. Yo no sabía nada y fue un momento de gran emoción comprobar que mi trabajo puede ayudar a otros a los que ni siquiera conozco y que lo aprecian y que les parece útil.


No he querido contar la anécdota hasta tener acceso a la grabación de la ponencia para asegurar que mi italiano no me traicionaba.


Esta historia me anima a seguir trabajando y escribiendo cosas y lanzándolas por la red sin saber a quién llegan pero confiando en que, de vez en cuando, alguna cosa, más allá del numero de likes, retuits o entradas, pueda resultar útil a alguien. En ocasiones me enteraré, y será maravilloso saberlo, en otras ocasiones no me enteraré y será también maravilloso que ocurra.

sábado, 4 de noviembre de 2017

Nueva Directora General de la UNESCO

La semana pasada os prometí la segunda parte sobre los cambios en la UNESCO. Mi muy querido y recordado abuelo repetía a menudo aquello de "lo prometido es deuda"´, así que ahí va.
Como siempre, os lo ofrezco en tres formato, en captura de pantalla aquí abajo, directamente en texto un poquito más abajo y en enlace aquí con los medios que publican mi columna #MirarHaciaOtroLado, que son los del Grupo Noticias: DEIA, Noticias de Gipuzkoa y Noticias de Álava.



Nueva jefa en la UNESCO


Audrey Azoulay, nueva Directora General de la UNESCO.
La semana pasada les prometí que íbamos a hablar de la elección de la nueva Directora General de la UNESCO. El proceso de elección ha sido una dura batalla diplomática. Les prometí que intentaríamos responder a algunas preguntas como, por ejemplo: ¿cómo se dio esa batalla?, ¿quién ha vencido?, ¿cómo y a qué precio se ha resuelto? Lo prometido, repetía mi querido abuelo, es deuda.


La todavía Directora General de la UNESCO, Irina Bokova, fue elegida en noviembre de 2009 y cuatro años después reelegida para un segundo mandato. Es ahora, el próximo viernes para ser exactos, que la Conferencia General de la UNESCO deberá ratificar el nombramiento de Audrey Azoulay como nueva Directora General.


Bokova fue la primera mujer al frente de la UNESCO y se hace difícil a día de hoy hacer una valoración de un mandato que ha estado marcado por 8 años de crisis económica y recortes presupuestarios. Para complicar la cosa, cuando todavía no había terminado de asentarse en su cargo, llegó la decisión de los EEUU de no pagar sus contribuciones.


En estas circunstancias es difícil pedir a nadie algo más que mantener el barco a flote. Y eso lo ha hecho. Querríamos que Irina Bokova hubiera modernizado la organización para hacerla ese referente intelectual y moral de la ONU, independiente, ágil, valiente e innovador que todos quisiéramos. Pero pedirle tanto, sin medios materiales, es seguramente injusto.


El proceso de elección de los máximos responsables de los organismos internacionales, la ONU incluida, eran hasta hace 10 años un proceso oscuro y controlado secretamente por las grandes potencias. En la última década se han dado pasos de cierta transparencia y apertura. Los procedimientos y las candidaturas se conocen con antelación y hay exámenes públicos. Lo hemos visto en el caso de la elección de António Guterres como Secretario General de la ONU.


Para la UNESCO hemos tenido 9 candidaturas: 6 hombres y 3 mujeres. Si nos atenemos al principio de rotación geográfica tan querido por la ONU, el cargo tocaría en esta ocasión a un candidato del mundo árabe. Y no es por tanto casual que varios de los candidatos fueran de ese ámbito geográfico (o, si se prefiere, cultural): un catarí, un iraquí, una libanesa y una egipcia.


Hollande, justo antes de dejar la presidencia francesa, tomó una decisión sorprendente. Casi al cierre del plazo presentó la candidatura de su Ministra de Cultura, Audrey Azoulay, para escándalo e indignación de muchos países árabes, y no pocos de sus intelectuales, que lo consideraron una provocación. Además esta candidatura violaba la norma no escrita según la cual un Organismo Internacional de la ONU no debería ser dirigido por un nacional del país donde tiene radicada su sede central.


La UNESCO, en el contexto de la salida de Israel, debía cuidar con mucha sensibilidad el equilibrio árabe-israelí y, por ejemplo, los programa de memoria del holocausto o de lucha contra el antisemitismo. En ese momento la candidata francesa aparecía como una hija compleja y mestiza del Mediterráneo. Con orígenes e infancia marroquíes, nacionalidad, educación y profesionalidad francesa, y sangre judía parecía ser una combinación perfecta.


Macron asumió esta candidatura como propia y puso a sus servicios exteriores a trabajar, intercambiando votos con diversos países, entre ellos España, que fue de los primeros en apoyar esa candidatura. Hubo en el Consejo Ejecutivo de la UNESCO 5 rondas de votaciones en que poco a poco fueron cayendo candidatos hasta llegar tres a la final: el catarí, la egipcia y la francesa. El candidato catarí había liderado todas las rondas anteriores, pero en la última votación los votos egipcios fueron a parar a la francesa.


Las críticas árabes a la decisión de Hollande se ven ahora con otros ojos, dado que los países árabes no se pusieron de acuerdo en un candidato único que recabara simpatías amplias primero dentro de su grupo regional y luego entre el resto de países. El enfrentamiento entre Catar y otros países árabes restaba posibilidades al candidato catarí. Pero la candidata egipcia tampoco supo concitar más apoyos y Egipto se quedó, por segunda vez, a las puertas de una Dirección General de la UNESCO.


Así ha sido el contexto y la batalla diplomática. Pero esto ya es historia. A partir del próximo viernes tendremos una nueva Directora General de la UNESCO de un perfil cultural y artístico prometedor y que parece contar con sólidos apoyos internacionales, tanto diplomáticos como culturales. Le deseamos desde aquí la mayor de la suertes.



sábado, 28 de octubre de 2017

EEUU, Israel y la UNESCO

Hoy escribo, en los diarios del Grupo Noticias, sobre la salida de Estados Unidos e Israel de la UNESCO.


Por razones de espacio no he podido hablar sobre los cambios en la Dirección General de la UNESCO, asunto distinto pero del que cabe una lectura en ese marco. Lo haré, prometo, la semana que viene en otro artículo que podría entenderse como la segunda parte de éste que tienes aquí.








EEUU, Israel y la UNESCO




Las últimas semanas han sido frenéticas en la UNESCO. Una Organización Internacional que acostumbra a pasar un tanto desapercibida aparecía de pronto estos días en las portadas de los medios por varias razones.




Por un lado tenemos la dolorosa noticia de que Estados Unidos e Israel se retiran de la UNESCO. Por otro lado se ha seleccionado a una nueva Directora General tras un proceso de elección muy disputado en donde los equilibrios, las alianzas y las rivalidades regionales han operado al máximo.




No es la primera vez que los EEUU se retiran de la UNESCO. Ya lo hizo en los años 80, en tiempos de Reagan, acompañados por el Reino Unido de Thatcher. En aquella ocasión estos países rechazaban el desequilibrio entre las altas cargas financieras que asumían y la dilución de su influencia en un sistema de un-estado-un-voto. Estos países encontraban la situación desproporcionada y creían que las decisiones de la Conferencia General de la UNESCO eran muy hostiles a sus posiciones políticas e intereses internacionales. Llevó muchos años hasta que, ya en tiempos de Federico Mayor Zaragoza como Director General de la UNESCO, el asunto se pudo reconducir con una más que digna solución para todas las partes, con Bush hijo y Tony Blair al frente de sus respectivos países.




La nueva crisis actual tiene un largo prolegómeno que es importante conocer. Deberíamos remontarnos al 2011. Por aquel entonces Palestina iniciaba su estrategia de ir ingresando en la comunidad de la Naciones Unidas. Palestina recibió un primer varapalo con el rechazo de su candidatura como miembro de la ONU, puesto que, a pesar de contar con una amplia mayoría favorable en la Asamblea General, es el Consejo de Seguridad quien debe decidir sobre los nuevos ingresos. Allí los Estados Unidos hicieron valer su derecho de veto.




La autoridad palestina identificó un organismo internacional de la familia de la ONU que decidiera las nuevas incorporaciones en su asamblea general, por voto de todos sus miembros. La UNESCO era un objetivo ideal y la Conferencia General aprobó el ingreso de Palestina. Los Estados Unidos reaccionaron suspendiendo el pago de sus cuotas. Israel se sumó. Las esperanzas de la Directora General de resolver el desencuentro en el segundo mandato de Obama resultaron a la postre vanas. Con Trump la cosa no iba a mejorar.




En este contexto, una decisión técnica y menor, como la declaración de una parte de Hebrón como Bien Patrimonio de la Humanidad, ha hecho saltar el polvorín. Israel y los EEUU han considerado los contenidos de esta candidatura como poco sensibles con la tradición judía del lugar. Es una protesta razonable y que debería haber sido resuelta por los cauces ordinarios de la institución, pero la tentación de dinamitar todo el invento era demasiado difícil de resistir para Trump, que, contra la opinión de su secretario de Estado, ha anunciado la retirada de los EEUU.




La visión del mundo de Trump es contraria al multilateralismo y a la cooperación internacional. Su sensibilidad sobre la cultura, la ciencia y la educación es nula, por decirlo suavemente. Qué decir de valores más etéreos como la tolerancia o el diálogo interreligioso. No carece por tanto de lógica su decisión de abandonar el organismo internacional encargado de desarrollar estos mandatos.




Pero es una gran pérdida para la comunidad internacional y para los propios Estados Unidos, Adicionalmente es una gran pérdida para los proyectos de tolerancia y respeto hacia los judíos, por la memoria del Holocausto, contra el negacionismo y el antijsemitismo, por el entendimiento árabe-israelí, proyectos que se trabajan desde hace años en el marco de la UNESCO.




La salida de los EEUU y de Israel dejaban a los países árabes de alguna forma la oportunidad de ocupar ese espacio vacio con su visión del mundo, su agenda y su enfoque muy parcial de la realidad arabe-israelí… afortunadamente la UNESCO ha sabido reaccionar para no desequilibrar su delicado mandato y, a pesar de la espantada israelí, mantener un cierto equilibrio en esa materia.




La elección de la Nueva Directora General este mes ha sido la primera batalla que se libraba en ese nuevo escenario. Era un batalla, primero, entre los países árabes y, sólo después, entre grupos de éstos y el resto del mundo. ¿Cómo se dio esa batalla?, ¿quién ha vencido?, ¿cómo y a qué precio se ha resuelto? Si les interesa, la semana que viene les hablo de todo eso.

martes, 17 de octubre de 2017

Premios Nobel, igualdad y excelencia.

 https://culturacientifica.com/ 


Los Cuadernos de Cultura Científica que publica la Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea publica un artículo mío sobre igualdad, excelencia, ejemplaridad y responsabilidad en los premios Nobel. Espero que os parezca interesante.






 https://culturacientifica.com/2017/10/16/igualdad-excelencia-ejemplaridad-responsabilidad-los-premios-nobel/ 


Sobre igualdad, excelencia, ejemplaridad y responsabilidad en los premios Nobel


Mikel Mancisidor


Ya se han anunciado todos los Premios Nobel de este año 2017.
El Premio Nobel de Física ha ido a parar a tres norteamericanos. El Premio Nobel de Medicina ha sido otorgado a otros tres norteamericanos. Por fin, lo ganadores del Premio Nobel de Química han sido un suizo, un escocés y un norteamericano de origen alemán. Son 9 hombres y cero mujeres.
Si sumamos el Nobel de Literatura para Kazuo Ishiguro (británico que escribe en inglés), el de la Paz para la red ICAN (Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares) y el de Economía para el norteamericano Richard Thaler, son 11 hombres, una institución y cero mujeres. 10 norteamericanos o británicos.
El año pasado sucedió lo mismo. Se otorgó el Nobel de Física a tres físicos; el de Química a tres químicos; el de Medicina a un biólogo; el de Economía a dos economistas; el de la Paz a un político y el de Literatura a un cantante. Todos hombres. El mismo resultado: 11 a 0.
De modo que por dos años consecutivos la imagen mundial de la máxima excelencia científica, intelectual, investigadora y creativa corresponderá a un pleno de hombres, quizá ligeramente disimulado si ICAN opta por una mujer para recoger el galardón.
Creo que se trata de un error muy grave, de lamentables consecuencias y que los administradores del Premio demuestran no sólo falta de sensibilidad, sino incluso me atrevo a decir que falta de responsabilidad.
Sí, ya sé que muchos de quienes han tenido la amabilidad de leerme hasta aquí estarán pensando que antepongo mis deseos políticamente correctos a la realidad. Tal vez piensen ustedes que olvido que los Premios Nobel son un reconocimientos a los mayores logros de la humanidad, vengan de donde vengan, sin atender a su nacionalidad, raza, lengua o género. Que no puede haber cuotas ni porcentajes. Que sólo se puede atender a los méritos más objetivos tras un estudio neutro sin prejuicios ni ideas preconcebidas. ¿Saben qué? Estoy de acuerdo con todo ello. Pero precisamente por eso creo que los Premios Nobel se equivocan y se traicionan.
Alfred Nobel buscó reconocer los mayores logros para toda humanidad, quiso premiarlos y de esa forma ponerlos en valor, hacerlos visibles, fomentar en la sociedad su aprecio y generalizar el espíritu de emulación. A todo ello deberían hoy deberse estos premios. Explícitamente dejó constancia Alfred Nobel de su deseo de universalidad, si bien en aquel momento histórico la universalidad se formulaba de un forma un tanto estrecha: “es mi expreso deseo que, al otorgar estos premios, no se tenga en consideración la nacionalidad de los candidatos, sino que sean los más merecedores los que reciban el premio, sean escandinavos o no.”
Es obvio que los méritos científicos, como los literarios o cualquiera otros del ámbito del conocimiento y la cultura, no se pueden medir en una clasificación indisputable de puntos objetivos como podría hacerse en una prueba tipo test para las oposiciones de una administración pública (afortunadamente), ni como en la clasificación de una liga deportiva donde a fin de temporada un equipo tiene 67 puntos y otro 66 y por lo tanto el primero se lleva la copa. Los méritos científicos están sometidos a una valoración que incluye muchos elementos intangibles o cualitativos de imposible cuantificación. Se incluye el mérito, la originalidad, el impacto, la espectacularidad, la belleza, la contribución a la mejora de la vida de las personas y otros mil factores en los que además hay que decidir, cada año de forma distinta, cómo equilibrar los juicios de corto con los de largo plazo. La combinación de estos factores, dependiendo de cada momento puede variar y se pueden dar distintos resultados de equivalente mérito e igual legitimidad. Es ahí donde hay que decidir por un modelo de premio entre distintas opciones igualmente excelentes.
Con esto quiero decir que el premio Nobel de Química de un año no corresponde necesaria o indiscutiblemente al mejor químico de ese año, si tal calificación pudiera existir, sino una persona eminente que está entre los mejores de su especialidad, en una minoría de excelencia mundial junto a otras pocas docenas de personas, quizá, si ustedes quieren, por poner una cifra, un centenar. La selección final de entre ese grupo de potenciales merecedores del Premio está sometida a factores que incluyen la oportunidad, la comunicación y que deben incorporar la ejemplaridad y el efecto social.
No dudo de los méritos de cada premiado por separado (carezco de conocimientos para juzgarlo: simplemente me fío plenamente del tribunal), pero sí puedo afirmar que en su conjunto el resultado está desequilibrado y da una imagen distorsionada de la excelencia global. No es cierto que la excelencia científica en el mundo esté en una relación de 8 a 0 (año 2016) o 9 a 0 (2017) entre hombres y mujeres. No es cierto que la excelencia cultural esté en una relación de 11 a 0 en ambos años. De la misma forma que no es cierto que más del 80% de la excelencia global tenga el inglés como lengua materna.
Que los premios Nobel nos regalen una imagen falsa de la ciencia y la cultura en el siglo XXI no sólo es producto de esos prejuicios que pretende no tener. Eso no sería lo peor. Esta decisión tiene además graves efectos en perpetuar esos mismos prejuicios y estereotipos, que todavía limitan hoy que el acceso y participación de las mujeres en determinadas especialidades científicas en todo el mundo o dificultan su desarrollo y éxito profesional. No hace falta más que ver las cifras de la UNESCO al respecto.
Es cierto, digámoslo por ser justos, que los Premios Nobel van incrementando -poco a poco, década a década- el reconocimiento de la labor de las mujeres en la sociedad en general y en la ciencia en particular. O lo que es casi lo mismo, pero mucho más positivo: los premios dejan traslucir un mundo en que cada vez la mujer tiene más presencia en la ciencia, en la política y en la vida cultural pública. Pero lo cierto es que este progreso es lento y que por segundo año en Estocolmo han hecho un innecesario paréntesis en ese camino por la igualdad.
No, no quiero cuotas. No pido porcentajes. Me conformo con que Estocolmo reconozca la pluralidad de los aportes a la humanidad en nuestro mundo contemporáneo y así, reconociéndolos, haciéndolos visibles con equidad y sin prejuicios, promueva la igualdad de oportunidades. Estoy seguro de que es ésta la interpretación a día de hoy leal con aquel deseo de Alfred Nobel en su contexto histórico: cuando quiso incluir no solo escandinavos, podría entenderse hoy como incluyendo no sólo blancos, no sólo hombres, no sólo angloparlantes.
Tengo una hija de 12 años. El año pasado no le quise enseñar una foto de 11 hombres como ejemplo de excelencia universal, como lo más elevado del conocimiento, de la creatividad, de la cultura y de los valores a los que ella debería aspirar. Difícilmente podría verse llamada por ese camino, reconocida en esa aspiración, si comprueba que está absolutamente copada por hombres. Este año creo que le enseñaré esa foto, pero tendremos que debatir, por desgracia, otras cosas que también tiene que aprender: que no se deje nunca limitar por quienes le digan que la excelencia es sólo masculina, sea cuando lo escucha en el patio de un colegio, en un machista comentario de bar, en un tonto programa de la tele o sea, y esto es mucho más grave, en los fallos de unos sabios en Estocolmo que deberían por el contrario estimularnos a todos y a todas.