jueves, 24 de enero de 2019

domingo, 13 de enero de 2019

Renuncia y denuncia en Nicaragua

Vuelvo a escribir -este sábado en DEIA, Noticias de Gipuzkoa y Noticias de Álava- sobre Nicaragua 6 meses después de publicar en los mismo medios otra columna titulada Nicaragua en rojo y negro.







RENUNCIA Y DENUNCIA EN NICARAGUA


Hace seis meses escribí en estas páginas una columna sobre Nicaragua titulada Rojo y negro. Comentaba cómo aquellos colores del sandinismo que tanto capital de solidaridad y legitimidad internacional habían acumulado, se habían convertido en rojo sangre inocente y negro muerte y destrucción. Donde en junio hablábamos de 150 muertos hoy hablamos de al menos 325, todos los puentes (Iglesia, mediación regional o internacional) han sido rotos y la represión se ha extendido a todos los sectores, especialmente a los periodistas. En junio concluí que “hoy parece difícilmente aceptable cualquier salida que no pase por el cese de la represión, el abandono del gobierno del presidente Daniel Ortega y su vicepresidenta -y esposa- Rosario Murillo, que ejercen el poder, desde hace once años, con progresiva indignidad, y el aseguramiento de garantías de justicia y reparación, sin impunidad, que aclaren las responsabilidades por la injustificable represión”.


Si les propongo una nueva columna sobre Nicaragua es para dar ahora voz a otros. A veces llega un testimonio que marca un antes y un después y tal vez la carta de Rafael Solís, que es “de renuncia y de denuncia”, sea uno de esos casos.


Rafael Solís es magistrado de la Corte Suprema de Justicia de Nicaragua y militante sandinista desde hace 43 años. Ha escrito esta semana una carta, dirigida al presidente Ortega y a la vicepresidenta Murillo, intensa, sentida, llena de información impagable y de sentido humano, jurídico y político. Muchos le reprocharán su colaboración activa con el régimen hasta esta misma semana: no les faltará razón, pero yo prefiero dar la bienvenida a los que llegan tarde que reprocharles el retraso.


El magistrado reconoce haber estado “en tres diferentes ocasiones” cerca de renunciar “pero siempre tuve la duda que a través del Diálogo Nacional el gobierno pudiera corregir los graves errores cometidos. Sin embargo, el gobierno fue endureciendo sus posiciones hasta llevarnos a un aislamiento internacional, casi total, y no veo la más mínima posibilidad que ahora se retome un verdadero diálogo nacional que logre la paz, la justicia y la reconciliación”.


En la carta se denuncia que “no hubo golpe de estado, ni agresión externa, sino un uso irracional de la fuerza”. El magistrado habla de “Estado de Terror”, de “uso excesivo de fuerzas parapoliciales o aun de la Policía misma con armas de guerra”, de cómo se ha “armado de una manera irresponsable con armas de guerra a una gran cantidad de jóvenes y a algunos sandinistas ya retirados que también participaron con la Policía en esa represión”, de “miedo” entre jueces y magistrados incapaces ya de tomar decisiones justas e independientes en los casos que afectan a los opositores asesinados o los presos políticos, de una economía colapsada y abocada al caos, de un país en que “ya no existe derecho alguno que se respete” y en el que da una “consolidación de una dictadura con caracteres de monarquía absoluta de dos reyes que ha hecho desaparecer todos los Poderes del Estado”.


La carta termina advirtiendo sobre “ustedes se empeñan en continuar haciendo mal las cosas hasta llevar al país a una guerra civil” que se percibe “más cercana que nunca” y que sólo “un milagro” evitará. Ojalá esta carta sea parte de ese milagro.

viernes, 11 de enero de 2019

Curso sobre Ciencia y Derechos Humanos

ASMOZ es una organización sin ánimo de lucro especializada en cursos online en ámbitos culturales, sociales y educativos. Los participantes en estos cursos son tanto estudiantes buscando especialiación profesional, como profesionales ya consolidados de la administración pública o la empresa (generalmente industrial culturales y creativas o el sector educativo).


 https://asmoz.org/es 


Hace unos meses me ofrecieron la posibilidad de diseñar juntos un curso en que habláramos con cierta profundidad del Derecho a la Ciencia. Desde entonces el tema del Derecho a la Ciencia ha ido haciéndose más conocido y entrando en las agendas de diversos actores públicos y privados. Recordemos la Declaración de la última Cumbre Iberoamericana, la posición de la UNESCO o el reciente editorial de la revista Science.


Cada vez vamos a oír hablar más del Derecho a la Ciencia, tanto en ámbitos académicos como políticos o de la sociedad civil, tanto desde el derecho, la diplomacia o la ciencia. Por eso motivo será interesante tener esta oportunidad de profundizar sobre este novedoso y potente asunto.


Curiosea aquí el programa del Curso, si crees que te puede interesar, ¡apúntate!, y si crees que a algún conocido le pueda interesar, no dudes en moverlo.


  https://asmoz.org/es/producto/derechos-humanos-y-ciencia/  


PROGRAMA
1. Ciencia y Derechos Humanos 
1.1. Ciencia, Tecnología y Relaciones Internacionales en el mundo de hoy
1.2. Ciencia y Derecho a la Salud
1.3. Ciencia y el Derecho a la Alimentación
1.4. Genética y Derechos Humanos
1.5. Pinceladas de bioética
1.6. Agua, ciencia y Derechos Humanos
1.7. Mujer, ciencia y Derechos Humanos
1.8. El futuro de la robótica y la inteligencia artificial
1.9. Big data
2. Introducción a los DESC 
2.1. ¿Qué son los DESC?
2.2. El Pacto Internacional DESC y el Comité DESC
2.3. Las obligaciones de los estados
2.4. La justiciabilidad internacional de los DESC
2.5. Los Derechos Culturales
3. Derecho a la Ciencia
3.1. Origen histórico
3.2. Contenido normativo
3.3. Elementos
3.4. Algunos casos
3.5. Algunos dilemas

miércoles, 9 de enero de 2019

Un año en busca de sentido común

Hoy El Correo y El Diario Vasco publican un artículo titulado Un año en busca de Sentido Común.


 https://www.elcorreo.com/opinion/busca-sentido-comun-20190109200523-nt.html 
 
Un año en busca de sentido común

El mundo de 2019 se nos ha hecho más caótico e impredecible. Usted me puede replicar que el sistema internacional ha sido siempre desorden y que el futuro es, por definición, impredecible y está abierto a cambios insospechados e imposibles de anticipar. Mirando hacia atrás, con la ventaja de conocer el resultado, el pasado parece engañosamente predecible y lógico, pero vivido en presente nunca lo es. El presente ha estado siempre abierto, es cierto, pero quizá el mundo de hoy es más incierto y voluble que en años pasados. O, si lo prefieren, es menos aprehensible aplicando lógicas basadas en el sentido común o en la suposición de que las decisiones se toman mediante procesos racionales.


La batalla entre China y EE UU por el control de la ciencia, la tecnología y las comunicaciones se ha hecho explícita. Esta disputa tiene un alcance que va mucho más allá de lo comercial y se eleva a la seguridad y al control global. Nos esperan sorpresas de alto impacto que nos colocarán en un escenario seguramente diferente. Los mercados internacionales están expectantes, prudentes, temerosos, sin atreverse a tomar posiciones.


Rusia avanza firme hacia su objetivo de sentirse respetada y temida como potencial global. Tras ampliar su control sobre Oriente Medio, Putin ha advertido sobre los riesgos de «una catástrofe nuclear global»: «si eso ocurre -añade en su comparecencia de fin de año- podría suponer la destrucción de toda la civilización y ser incluso el fin de nuestro planeta. Espero que la humanidad tenga suficiente sentido común como para no llevar las cosas a tales extremos». Putin ha presentado sus nuevos misiles Avangard que pueden volar a velocidad supersónica y con otros avances tecnológicos que convierten los sistemas de defensa norteamericanos en inútiles y desfasados. El mandatario ruso dice aferrarse a la confianza en el sentido común colectivo, pero si uno piensa en los dos principales jugadores, Putin y Trump, la idea de «sentido común» no es lo primero que nos viene a la cabeza.


El año pasado el riesgo nuclear vino de Corea del Norte. Su dictador, Kim Yong Un, parece otro de cuyo sentido común no quisiéramos tener que depender. Quizá sus decisiones sean racionales, quién sabe, pero aun así estarían basadas en una información tan desconocida y en intereses tan oscuros y paranoicos (mantenimiento del poder absoluto a cualquier precio), que cualquiera de sus decisiones sigue estando fuera de nuestro alcance cognitivo.


En Estados Unidos, tras la dimisión o retirada de los últimos altos cargos con conocimiento y criterio, quienes quedan al frente de la política exterior, de seguridad y militar son arribistas, devotos acríticos, aduladores interesados y en general gente sin escrúpulos morales ni formación, en muchos casos meros payasos irresponsables. El secretario de Defensa saliente ha reconocido que los conocimientos internacionales del presidente son los propios de un niño de 11 años. El caso de la nueva embajadora ante las Naciones Unidas lo dice todo: Heather Nauert, presentadora de Fox y mujer de muy probada ignorancia sobre asuntos internacionales, tendrá el puesto por el que pasaron Stettinius, Adlai Stevenson, Vernon Walters, Madeleine Albright o Susan Rice, tras brillantes carreras. Con ella tendrá la ONU que buscar nuevas formas de colaboración tras el abandonado norteamericano de órganos de derechos humanos y alianzas por el clima.


En América Latina el impacto de la llegada de Bolsonaro (¿debo recordar que Brasil es una economía más potente que la de Canadá o España?) es también impredecible. Todo nos lleva a imaginar un Trump en versión más violenta y sin los 'checks and balances' de la democracia norteamericana. Venezuela hace tiempo que ha pasado el punto de no retorno y de insostenibilidad total del sistema (económica, social y con los índices de violencia más altos). Parece que sólo la convicción de que el siguiente paso es el abismo frena lo inevitable. En Nicaragua la degeneración total del régimen de Ortega, con sus 400 muertos y sus libertades cercenadas, también parece haber superado ese punto de no retorno posible. En estos tres casos sería deseable contar con el sistema interamericano vigoroso de otros tiempos, con medios materiales y políticos. Pero jugar con la legitimidad de los sistemas internacionales, por muy imperfectos e insuficientes que sean, tiene este riesgo: que uno se queda sin ellos cuando más falta le hacen.


Más cerca podríamos hablar del 'Brexit', cuyo desenlace debe aclararse ya, al menos en sus coordenadas más fundamentales, pero que hoy es impredecible. Todo es posible: desde la vuelta a la casilla de salida, hasta el 'Brexit' más duro o sin acuerdo. May está atrapada por el imposible mandato que recibió y por sus propios errores y palabras («no deal is better than a bad deal»).


En el último decenio habíamos avanzado mucho en la lucha contra la desnutrición o la extrema pobreza, y en la mejora de la salud global o la esperanza de vida. Pero comenzamos a observar pasos atrás: vuelve a aumentar el hambre debido, entre otros factores, al cambio climático, según la FAO. Por eso los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda 2030 siguen siendo clave. Quizá esos objetivos sean ese reducto de sentido común y racionalidad que estamos buscando. No suena tan motivador como los sueños populistas -de izquierdas o de derechas- que se venden baratos en las redes sociales, vociferados en discursos facilones y vulgares o tras los adoquines amarillos, pero me temo que es lo mejor que nos queda en el mundo real. Al menos hasta que personas con sentido común ocupen algunos despachos.




Ilustración de José Ibarrola

sábado, 15 de diciembre de 2018

Estrasburgo a vista de cigüeña



Estrasburgo a vista de cigüeña: una mirada al atentado de esta semana que publican DEIA, Noticias de Gipuzkoa y otros medios del Grupo Noticias:



ESTRASBURGO A VISTA DE CIGÜEÑA


Este verano he subido con Lea y Javier, mis hijos, la torre de la Catedral de Estrasburgo. Caracoleando, escalón a escalón, los 142 metros de altura que le dieron por más de 200 años el título de edificio más alto del mundo, resistiendo el vértigo de sus vanos góticos, uno puede terminar por ver la ciudad a sus pies. Desde esta vista de pájaro, de cigüeña diríamos por ser el símbolo de Alsacia, vemos con más perspectiva lo que ha pasado allí abajo, en el mercadillo navideño. Pieza a pieza, según nos llega información, completamos una imagen que puede resultar paradigmática de este tipo de crímenes fundamentalistas o yihadistas en Europa.

Resulta significativo el lugar. Estrasburgo es uno de los corazones de Europa, es francesa y es germana, es romana por origen y es universal por haber sido su casco histórico declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Estrasburgo es, además de una de las capitales políticas europeas, la capital europea de los Derechos Humanos, ese imperfecto, por humano, instrumento de protección de la dignidad humana que es finalmente, la dignidad humana, lo que los fundamentalistas pisotean.

Resulta significativo también el momento o la ocasión. La Navidad es nacimiento y es vida y es luz y por eso momento de los buenos deseos y sentimientos y símbolo de la paz. Hasta en su vertiente más consumista, la Navidad es al menos familia, días festivos y turismo.

Resulta significativo también el perfil del asesino, precisamente por no tener significado ninguno, por no tener identidad relevante. No necesitamos saber su nombre, me niego a escribirlo aquí, ya le conocemos y no tiene identidad: que su castigo sea el desprecio que nos genera su ausencia de perfil, de heroísmo, de grandeza si quiera en el crimen o en la crueldad. Y es que no es un gigante del horror, como lo querrían sus instigadores. Es algo mucho más pequeño y miserable, indistinguible del anterior infeliz y del siguiente ignorante estúpido que caiga en la garras oscuras, magnéticas y malolientes del fanatismo: no es inolvidable, no es titánico sino ridículo en su estúpida e inútil violencia. Era un ratero, un delincuente sin éxito, un trapicheador incapaz de construir nada valioso con su vida. Su lista de delitos menores era su despreciable currículo. En prisión el fanatismo le regaló, como por arte de magia, el espejismo de una causa antimoderna (por desprecio a la educación, el conocimiento, la ciencia y los valores de igualdad y la tolerancia) en que inmolar lo vano, lo inane de su existencia.

Resultan paradigmáticas hasta las víctimas: podríamos otorgar a cada uno, con todo respeto, su significado si me permiten el juego con la escasa -y tal vez inexacta- información de que al momento disponemos. Un jubilado de Estrasburgo, ex-empleado de banca, nos podría decir algo sobre una Europa acomodada y envejecida. Un turista tailandés, nos habla de un nuevo mundo emergente que toma el mando. El tercero era musulmán practicante, un afgano que huyó en su día de los talibanes y encontró refugio en Francia, hasta que la muerte teocéntrica, la crueldad y la ignorancia, en un increíble caracoleo del destino, le alcanzaron en el corazón de esa Europa que le daba laica protección. Tres perfiles que podrían resumir nuestro mundo.


domingo, 2 de diciembre de 2018

Les presento a Mademoselle Nadia Boulanger


Reconozco que hace 24 horas no sabía siquiera quién era Nadia Boulanger. Hoy sin embargo escribo sobre ella, del gran impacto de su magisterio e incluso de lo mucho que yo he aprendido de ella. Todo ello tras haber devorado en una tarde otoñal y lluviosa el libro "Mademoiselle" (El Acantilado, 2018) .



 http://www.acantilado.es/catalogo/mademoiselle/ 


Es un libro, ya editado hace ya muchos años (1981) en francés e inglés (y supongo que en algunas otras lenguas como el alemán, aunque no cuento aquí con el dato). Su autor es el gran Bruno Monsaingeon, bien conocido por sus brillantes documentales sobre música (yo recomiendo vivamente dos que me impactaron en su momento y he visto varias veces: Glenn Gould, l'alchimiste y Richter, L'insoumis, que si bien, por lo que sé, no están traducidos al español, sí que cuentan con ediciones bien subtituladas que te permiten escuchar directamente al protagonista).




Nadia Boulanger fue una pianista, organista, directora de orquesta y, sobre todo la maestra de música más influente, según se dice, del siglo XX (1885-1979). Fue también, en su juventud, compositora pero lo dejó al considerar su música como "inútil" (atención a la distinción que ella hace en el libro entre música mala y música inútil).






El libro que comento aquí es una breve y extraordinaria selección de momentos de entre las innumerables horas de entrevistas que Bruno le hizo, durante varios años, para construir uno de sus documentales. El libro, lo digo ya, es una joya. Está lleno de enseñanzas, magisterio, anécdotas interesantísimas, recuerdos personales de una vida intensa, comentarios sobre grandes personajes del siglo XX y reflexiones musicales, filosóficas, pedagógicas y vitales. Se muestra como mujer sabia y generosa (prefiere decir cosas positivas que negativas, constructivas que destructivas, cuando debe criticar una obra lo hace con delicadeza, sin ofender a nadie, sin esa superioridad rencorosa, altiva y estéril tan propia de algunos críticos musicales; cuando le quieren sacar algún comentario negativo sobre algo o alguien, termina ella por cambiar de tema o callar).






Bien joven fue reputada intérprete de piano que tocó con los mejores, fue directora de orquesta (se dice que fue la primera mujer en dirigir alguna de las grandes orquestas mundiales) que dirigió a algunos de los gigantes del siglo (Dinu Lipatti, Alfred Cortot...), pero pronto se centró en la enseñanza, en su casa de París, entre muebles viejos de la familia, de una época "que Beethoven podría haber conocido".





Fue alumna de Gabriel Fauré, amiga íntima de gigantes de la cultura universal de todos los tiempos como Stravinski o Paul Valéry; maestra de maestros de la música de los últimos 100 años como John Eliot Gardiner, Menuhin o Barenboim; colega y mentora de autoridades como Aaron Copland o Poulenc; descubridora, maestra y casi tutora de Ídil Biret (cuyo Bach, tradicional y contemporáneo, romántico e histórico al mismo tiempo, siempre he admirado sin saber hasta ahora la fuente de la que había bebido la tradición); fue admirada hasta la devoción por directores y compositores como Leonard Bernstein, que le acompañó en su lecho de muerte y al que dijo sus últimas palabras, casi más desde la muerte que desde la vida. Por sus manos, por su piano, por sus clases, por su casa pasó, no sin enriquecerse, pero tampoco sin sufrir en ocasiones, siempre para trabajar muy duro, parte importante de la historia de la música del siglo XX.




Su docencia fue estricta, dura, "draconiana" reconoce ella. Algunos de sus alumnos la recuerdan como terrorífica e intimidante, alguno llegará a emplear la palabra "castradora", pero otros muchos la adoraban con locura: asistir a sus clases colectivas de los miércoles (porque era el día que su madre podía recibirles con un té y unas pastas, y decenios después de su muerte la hija mantenía el día en su memoria) eran un privilegio que había que merecer y por el que había que luchar duro.




Fue una maestra rigurosa ("...enseñarle a amar lo difícil...")  y exigente con el dominio de la técnica, pero no como límite ("... sin someterlo a un sistema dado...") sino como instrumento para ejercitar la libertad creativa: "...lo mejor que puedo hacer por mis alumnos es hacerles palpar la libertad que infunde conocer los recursos necesarios para poder expresarse..."


Redescubridora de Monteverdi fue una defensora del diálogo entre los tiempos ("...una persona está hecho de todo lo que le ha precedido..."), desde los más antiguos gregorianos hasta las composiciones más contemporáneas y rompedoras a las que estuvo atenta hasta el ultimo de sus días.






Sus comentarios sobre la memoria (el flaco favor que hacemos a nuestros alumnos no trabajándola bien: comentarios sobre la memoria que seguramente traen ecos de Sócrates y Platón, pero que a mí me retrotraen más bien a los recuerdos de Stéphane Hessel recitándose poemas en el campo de concentración), la técnica (como fundamento de la libertad expresiva), la enseñanza, el talento, la creatividad, la curiosidad y la música en general no tienen desperdicio.







"El enorme privilegio de enseñar consiste en incitar a quien se enseña a mirar abiertamente lo que piensa , a decir abiertamente lo que quiere y a oír claramente lo que oye. Ello requiere un entrenamiento muy amplio de la vida: el conocimiento de las palabras"


"...insistir en el conocimiento de las bases fundamentales. Es decir, oír, mirar, escuchar y ver. Y fomentar el respeto por uno mismo (no la vanidad) para que el alumno a prenda a dar importancia a quien es y a lo que hace. porque yo creo que si uno no concede importancia a quién es y a lo que hace, no es posible tocar bien, ni pensar bien, ni vivir bien."


"Había una cosa que no toleraba: la falta de curiosidad (…) ignoro si es posible enseñar a alguien a mantenerse despierto . Lo único que se es que toda persona que actúe sin sentir interés por lo que hace malogra su vida"


"...llegado el momento, siempre resulta asombroso. Me parece milagroso que sea posible asombrarse una y otra vez, y doy gracias a Dios y me inclino ante el milagro…"


"Vivir la música representa tal fuente de alegría para mí que he querido compartirla en la docencia, con mis propios medios. Mi manera de testimoniar es decir lo que he recibido, pero no como una profesional de fe, es más sencillo, más infantil."


"Me presiona usted... Le pide que establezca verdades a alguien como yo, a quien sorprende incluso tener ciertas intuiciones... Me veo obligada a decirle que no sé. Y cuando digo que no sé, declaro ante usted la gran victoria del pensamiento. No sé, luego pienso con un pensamiento mejor y más esencial, porque cuando sé, sé a mi escala humana."





Y podría seguir copiando cientos de citas imprescindibles, pero no lo haré por dos motivos: primero, porque siento que sacarlas de su contexto, de su profundísima conversación, de su explicación, en banalizarlas, convertirlas en píldoras masticadas para consumo sin esfuerzo (lo que ella habría odiado, me atrevo a suponer) ; y segundo, porque son tantos los pasajes que he subrayado que me cansaría mucho transcribiéndolos y, finalmente, para eso está el libro completo, de fácil y deliciosa lectura, que recomiendo muy vivamente a todos, especialmente a quienes estén interesados por la música, por la enseñanza o por la cultural del siglo XX.






Ella valora que el intérprete musical "supremo es aquel que desaparece. El intérprete debe ser extraordinario para entregar todo su ser, toda su identidad a la obra", no debe brillar el intérprete, debe brillar la obra. En ese mismo sentido puede elogiarse la traducción que Javier Albiñana hace de esta obra: no nos acordamos de él, no le sentimos respirar ni pelear con las palabras o la gramática, de modo que estamos centrados en Nadia y Bruno.




Hay un epílogo con un recuerdo de Nadie escrito por Leonard Bernstein, de dos páginas, que podría funcionar aislado como un prodigioso cuento fantástico, pero resulta que es real e igualmente prodigioso y fantástico.




Este es un libro que debería estar, releído y subrayado y discutido, en la biblioteca de quien ame la música o se pregunte por ella, quien ame la enseñanza o se pregunte por ella. No se trata de estar de acuerdo con todo lo que se dice, ni de bendecir o maldecir su estilo o sus métodos, sino de beneficiarse del impagable lujo de dialogar con una gigante del siglo XX y de aprender directamente de ella.




Puede ser un gran regalo de Navidad. O mejor: un regalito que, sin esperar a Navidad, te haces para una tarde lluviosa (en 4 horas lo puedes leer bien, con atención, relecturas aquí y allá, y subrayados) de este mismo diciembre.

viernes, 30 de noviembre de 2018

Revista Science, Derecho Humano a la Ciencia y AEAC

Hace un par de semana celebré un gran avance diplomático en el proceso por el reconocimiento del Derecho Humano a la Ciencia: la Declaración de la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno., en la que se respaldaba el "avance hacia el reconocimiento efectivo del derecho humano a la Ciencia". Hoy me toca seguir sumando noticias que demuestran que este proceso avanza y tiene impacto global, tanto en el ámbito diplomático como en el científico.


La revista Science, editada por la mayor asociación científica del mundo, la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, la AAAS, es, como es sabido, una de las publicaciones científicas más prestigiosas, más conocidas y con mayor impacto del mundo.



Pues bien, el último número (Science, 30 Nov 2018: Vol. 362, Issue 6418, pp. 975) salido hoy mismo, dedica su Editorial al proceso que estamos llevando a cabo en el Comité DESC con el fin de concretar su contenido normativo y sus elementos y de una forma inequívoca titula: Define the human right to science.

Puedes leerlo íntegro en el siguiente enlace:

 http://science.sciencemag.org/content/362/6418/975 

Es de destacar que la AAAS tiene una rama dedicada a los Derechos Humanos y uno de sus programas consiste precisamente en la profundización, desarrollo, promoción y difusión del Derecho Humano a la Ciencia. Ver aquí:


 https://www.aaas.org/programs/scientific-responsibility-human-rights-law/resources/article-15/about 
Todo ello me lleva a celebrar que recientemente se ha creado en España, un poco con la mirada puesta en la AAAS, la Asociación Española para el Avance de la Ciencia - AEAC, bajo los auspicios de mi muy admirado Federico Mayor Zaragoza (quien me hizo el honor, con su generosidad habitual, hace unos meses de presentarme en una Conferencia en la Fundación Ramón Areces sobre este mismo tema del Derecho Humano a la Ciencia):
 
 http://mikelmancisidor.blogspot.com/2018/02/conferencia-en-la-fundacion-ramon.html 

Pues bien, motivo de doble alegría es que esta AEAC, a la que deseo el mayor de los éxitos, ha tenido el acierto de incluir entre sus cuatro objetivos fundacionales, el siguiente: "Recuperar el concepto de la ciencia como derecho humano, recogido en el artículo 27 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (ONU, 1948)". ¡FELICIDADES!

 https://aeac.science/objetivos/ 

No dejes de visitar la fantástica web de la AEAC y considerar las distintas formas de colaboración que ofrecen: